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ENTRE TÚ Y YO

Misterios del corazón

Luis Velasco Viernes, 30 de Junio de 2023 Tiempo de lectura:

 

Mis lectores me permitirán hoy dejar de lado los sucesos acaecidos en nuestro amado país, sin introducirles nuevas peripecias políticas, que son de poca importancia a esta hora y momento del día. Vamos a reencontrarnos con una lectura agradable de uno de los temas más encumbrados antes del indiscutible paréntesis veraniego y su importancia para buena parte de la sociedad española, en un relato sobre el amor.

 

Al decir estas palabras delante de cualquier persona conocida, para el caso una amiga cuyo nombre reservo, y mencionar el peliagudo argumento de los misterios del corazón, manifiesta una amargura tan honda, hasta el grado de que se humedezcan sus ojos, que no puedo sino compadecerme de ella. Tomo su mano, y ofrezco consuelo; pero niega con la cabeza pues la pasión que siente no es caprichosa y tiene hondas raíces en su alma.

 

Las despedidas de los pretendientes que van y vienen y el infortunio han ido quebrantando su corazón, y al fin llega el día en que se despide del amor. Ella no ha sido vencida del todo, pero al ser tratada con tanta crueldad innecesaria en numerosas ocasiones, no tanto porque no sea merecedora de un gran afecto, sino porque la desventura se ha ensañado con ella, hace que crezca una dura coraza en torno a ese músculo que nos da la vida.

 

La inteligencia, la educación y el saber estar de esta mujer la hace estar en situación de comprender y apreciar muchas cosas que no llegan a la mayoría de las personas. Cosas que guarda para sí misma. Sin embargo, al mirarla a los ojos casi puedo adivinar su verdadera posición en el pesar que le ha supuesto esta postrema relación amorosa fallida.

 

El palmario brillo malsano en sus ojos acuosos revela, en este duro instante abstraído, y llevada la responsabilidad con abnegación hasta sus ulteriores derivaciones; porque ella no entiende el amor de diferente modo y manera, no la deja sentir más que un dolor profundo que todavía no ha apurado sus malsanos efectos.

 

Todo esto me decía, sin mirarme fijamente ni pronunciar palabra alguna, entre risueña y vergonzosa, pero dejándome ver la tristeza que la embargaba al tratar de sonreír con la boca torcida, esos dientes de blancura pasmosa, antes comensales innatos de húmedos y amorosos labios hoy bien resecos: pues sus ojos melancólicos y aún peor, sus mejillas, ya no mostraban aquel sonrosado que antaño resaltaban su belleza.

 

El ir y venir de su cuerpo desnudo por mórbidos brazos que no la merecían sobre los que apoyaba entre otras, su estrecha cintura, haciendo temblar al viento su magnífica cabellera agitada sobre esos hombros esculpidos en piedra, sacudiendo la cabeza echada hacia atrás para volver la mirada enamorada al que no la percibía, acabó de secar la tierra fértil que regaba su alma.

 

No tuvo de seguro palabras duras para esos “hombres” de refinado egoísmo que tanto daño le causaron, y le pareció siempre más oportuno y decoroso guardar silencio en vez de alzar la voz ostensiblemente para quejarse con amargura por tan cruel desvarío, pues como criatura inofensiva que es y habrá, no sería capaz de causar mal alguno ni siquiera a quien con tal impunidad la ha tratado. Además, en beneplácito de su elevada inteligencia y respeto hacia sí misma, no existe “personaje” que la saque de sus casillas, de seguro que otras no habrían podido resistir la tentación de vengarse en comparación.

 

Y tiene toda la razón de actuar así.

 

Pues si ella lo amaba, a pesar de la infamia sufrida, era porque su amor empezó por un sentimiento puro, cálido y compasivo, y las almas como la suya, grandiosas como pocas, siempre tienen interés en no dañar a las más pequeñas. He aquí el peligro de estar dotada de una notoria sensibilidad. He aquí el inconveniente de tener buen corazón. Misterios...

 

Aunque, dicho sea de paso, y es una simple apreciación mía, a veces envidio y no me da vergüenza decirlo, que en estos tiempos que corren, no andan muy desacertadas aquellas personas que no poseen ese dulce tesoro antes mencionado, y hacen de su vida la ecuación del azar donde no existe remordimiento ni culpa. En cambio, venden su alma al Diablo, pierden el paraíso de la felicidad plena cuando Cupido no llega a tocarlos con sus alas; la de estar enamorado, la que no te deja imaginar constelación en el cielo infinito, ni flores en los campos más bellas que los ojos de la persona amada. Ellos se lo pierden, pues su existencia está guiada por la burda religión de los instantes y los números.

 

Mi amiga se consideró entonces víctima de toda esta falacia superficial y egoísta; y sufría, como nunca la había visto; pero siempre reflexiva y resignada, aún se veía ciertamente capaz de sorprenderse a sí misma, cuando ya había cumplido cuarenta abriles, con un último cariño. Habrá quien piense que está aquejada de una nociva enfermedad. Que pensar de ese modo es ir en contra del mundo, que su pose no es más que uno de tantos adornos que tratan de engalanar las victorias de su inteligencia contra un corazón que no deja de llorar sus desastres y desgracia. Pero esa es la vida que vivimos.

 

Así es como se prueba que todavía existe pasión en algunos corazones malheridos. Así es como tengo la seguridad de que algún día, ella será querida y amada como merece, puesto que cuesta pensar que tantos esfuerzos, no den su merecido fruto. ¡Qué injusticia! ¡Pobre amiga! Y qué notable y valiente, pues pocas son las personas capaces de vencer la adversidad de infinidad de naufragios por satisfacer y perseverar en su inocencia.

 

Me despido por ahora. Pero os deseo de corazón que paséis, queridos amigos, un feliz verano y por favor, libraros de estas adversidades que he narrado, siendo honestos con vosotros mismos y con esas personas que se cruzan en vuestro camino.

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