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Para el futuro, sentido común y realismo

[Img #8180]“Cuando las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son ciertas; cuando son ciertas, no se refieren a la realidad”. Esta frase, acuñada por Albert Einstein, es en mi opinión una gran máxima a tener en cuenta cada vez que se nos plantea esa pregunta de ¿y ahora qué va a pasar? Las sociedades libres actúan como organismos vivos, se corrigen y mejoran a sí mismos... a veces incluso por vías insospechadas. Ante la incógnita de lo que va a suceder, mi respuesta más sincera es que no lo sé; eso sí, tengo algunas ideas de lo que considero que debería pasar, al menos en nuestro sector. Aclaro, antes de exponerlas, que intentaré basarme en el sentido común, ya que los indicadores han resultado no ser ni fiables ni suficientes. Este es, en realidad, el punto de partida desde el que debe avanzar nuestro sector: el empleo de indicadores rigurosos.

EMPECEMOS: NO HAY FUTURO SIN PRESENTE. Por lo tanto, abordemos el problema de calado que tenemos. Implantemos políticas fiscales y financieras activas que faciliten la transmisión de viviendas ya construidas, políticas que tendrían un beneficio no sólo para el propio sector sino para toda la economía en su conjunto -incluidas las arcas públicas tan maltrechas últimamente-. El comienzo debe centrarse en dar salida a lo que ya tenemos. Dar salida en beneficio de todos.

    A pesar de todo lo que sobre este tema se ha dicho, el recorrido de bajada del precio de la vivienda que está “en el mercado” ya se ha hecho, principalmente en el segmento de la primera residencia que hoy es ya claramente un problema menor. La vivienda que, sin embargo, está “fuera del mercado” por su ubicación o por sus características, habrá que reconducirla a unos fines posibles; habrá que “innovar” con ellas para transformar un producto de demanda en un producto de oferta. Y este es un desafío que aún no se ha abordado de manera adecuada.

CONTINUEMOS: NO HAY CAPITAL. Si España tiene un problema importante de endeudamiento privado y público, y además ha perdido una parte importante de su capacidad de compra debido a la inmoral cifra de desempleados que padecemos, tendremos que buscar el capital de compra donde esté. ¿Y dónde está? Evidentemente, fuera de nuestro país. En esa dirección, la vivienda de segunda residencia internacional se convierte -más que en una lastre como algunos la ven, basados en prejuicios ideológicos- en una oportunidad para España y para la Región de Murcia. Un ejemplo de esta ecuación de oportunidad es que nuestra Región, en este momento, cuenta con dieciséis campos de golf operativos. Según fuentes de la Consejería de Turismo, los turistas de golf que llegan a nuestra Región por avión son prácticamente el 80%, de los cuales el 40% se alojan en hotel y más del 60% realizan más de tres visitas al año para jugar al golf. Estas visitas, con estancias que oscilan entre tres y siete días, efectúan un gasto diario medio de ¡un 212,6% más que el resto de turistas! Recordemos lo bueno que tenemos y defendámoslo. Este producto nos está garantizando aumentar los rendimientos sociales y económicos de nuestros servicios turísticos consumiendo menos recursos, lo cual equivale a un turismo sostenible y de calidad.

AVANCEMOS: ¿Y HACIA DÓNDE? Cualquier iniciativa de ingeniería social que se impulse desde los estamentos públicos sin tener en cuenta los deseos y preferencias de los ciudadanos, fracasará. Nos “empujan” a un modelo de acceso de vivienda basado en alquiler y en el que se penaliza la compra. No, no afirmo que lo ideal sea la compra en detrimento del alquiler; ni eso ni lo contrario. Los dos modelos deben convivir en plena armonía como única manera de garantizar la libertad de elección del ciudadano libre.

    El “modelo alquiler” no es un modelo de negocio real por varios motivos. El esfuerzo económico mensual que tiene que hacer un propietario de vivienda es prácticamente igual que el que tiene que hacer el arrendatario de vivienda. El primero, al comprar y usar la vivienda, gasta e invierte, recuperará en términos de revalorización lo que ha pagado durante años. El segundo solo “gasta”, no hay retorno de esos pagos por ninguna vía. El alquiler solo es viable para el usuario de la vivienda si el importe de la renta de arrendamiento es mucho más bajo que el importe de la cuota de la hipoteca, de lo contrario no es una decisión económica racional. Hoy en España no lo es.

    Otro hándicap reside en que no hay un modelo de negocio empresarial viable para el régimen de alquiler. Falta apoyo financiero y de manera justificada, ya que el rendimiento de la inversión es ínfimo. Un ROI casi negativo hace que el alquiler sea una inversión desaconsejable. A ello hay que sumarle las inseguridades jurídicas no despejadas del todo en caso de incumplimiento de los inquilinos.

CONCLUYAMOS: FACILITEMOS EL ACCESO A LA VIVIENDA. ABARATEMOS EL SUELO. Debemos apoyar la consideración del uso de la vivienda de primera residencia como un bien de primera necesidad y, en consecuencia, se han de garantizar los mecanismos que permitan a todos los ciudadanos -sin exclusión- acceder a ella. ¿Dónde está la clave? En el precio. ¿Y dónde está la clave del precio? En el suelo. Abaratemos el suelo: más edificación en altura, más oferta real y efectiva de suelo, menos cargas administrativas-financieras ajenas al proceso urbanizador. Estas medidas son necesarias tanto para el régimen de compra como para el régimen de alquiler.

¿Y QUÉ VA A PASAR? Sea cual sea el resultado, será distinto a lo que hemos tenido hasta ahora. Y así deberá ser. Pero tomemos nota de lo que queda por hacer en el aquí y en el ahora, porque como el mismo Einstein dijo: ‘Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo’.
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