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Opinión |
Viernes, 27 de Octubre de 2023

La “ceguera al cambio” en el mercado de trabajo

 

Dicen que el cerebro humano sufre una lentitud de unos quince segundos a la hora de digerir la información real, y que por ello recurrimos a imágenes mentales del pasado. Quiere esto decir, que nuestro cerebro no procesa una imagen desde la nada, sino que la va construyendo a partir de versiones anteriores. Y esto nos lleva a la consecuencia, según una prestigiosa revista científica -puesto que esto no son cavilaciones propias-, de que nuestro cerebro tiene un truco que hace que no seamos conscientes de los pequeños cambios de nuestro entorno según suceden los mismos, impregnando de una supuesta estabilidad a todo lo que vemos, lo que viene a denominarse como “ceguera al cambio”.

 

Quien suscribe este artículo, aún sin querer llamarse mayor, viene percibiendo desde hace tiempo cómo el mercado laboral está cambiando profundamente a todos los niveles. Y ello ya es algo, pues no me siento de momento afectado por esa “ceguera al cambio” (aunque también sería posible que uno de los métodos de autodefensa del cerebro fuera el negar la propia ceguera). Pero igual que yo lo percibo, anestesiado o no, también noto que muchos, o bien no detectan dichos cambios, o bien los niegan; y se da la paradoja de que, en muchos departamentos de recursos humanos, debiendo ser ellos los primeros termómetros de los cambios en el mercado, se generan absurdas sorpresivas en las entrevistas de trabajo.

 

Así, siguen muchos departamentos de recursos humanos (o de gestión del talento), y permítame lector que generalice, sin detectar que, en algún momento durante los últimos años, la escala de valores de los empleados puede haber variado sensiblemente, llegando a ser mucho más apreciado para ellos el “tiempo” que el “dinero”. Desarrollado esto en un ejemplo: hace años, las empresas solían tener como problema el hecho de que se excedía con mucho el máximo de horas extraordinarias al año, pero dicho desempeño, siempre que fuera debidamente retribuido, no era discutido, sino incluso valorado positivamente, por el empleado. Sin embargo, ahora mismo en las entrevistas se realizan por los entrevistados más preguntas sobre horarios y vacaciones que sobre retribución. Todo esto lleva a las empresas a tener que generar más empleo, porque hoy parece primar el “tiempo” (y la “voluntariedad” de las horas extraordinarias), al mencionado “dinero”.

 

También está variando el llamado sentimiento de pertenencia del trabajador hacía la empresa. Hoy resulta común en la población laboral más joven cambiar de empleo buscando mejores condiciones, lo que hace años resultada casi una frivolidad. En la actualidad puede parecer razonable cambiar de una empresa a otra que permita al empleado 1 o 2 días de teletrabajo, incluso asumiendo un salario inferior (también en consonancia con la anterior dicotomía de “tiempo” versus “dinero”). Por lo tanto, tenemos una población laboral menos “comprometida” (con todas las comillas y en su acepción de vínculo), y es por tanto una labor para las empresas generar este sentimiento, pues supone para ellas, y así lo están notando, una importante reducción de costes, no solamente en formación invertida (directo), sino también en clima laboral, optimización de tiempos o trabajo en equipo (indirecto).

 

Pero para que una empresa resulte atractiva tiene primero que percibir los cambios (no digo ya adelantarse a ellos), adaptar sus estructuras a esta nueva realidad, generar sentimiento de pertenencia y asumir que, en la mayoría ocasiones, la retribución no resulta ser el eje angular de la relación empresa-empleado. Puede pensarse que sí, que como dice alguna ministra ilustrada, todo reside en pagar más, pero cualquiera con dos clases de economía sabe que tu estructura de costes va en relación siempre con el precio del producto (bien o servicio), y que el mercado no permite que, por ejemplo, el agricultor murciano pueda repercutir e incrementar el precio de sus productos del campo, en una economía global, y donde nuestros competidores no tienen los mismos costes, ni laborales, ni administrativos.

 

Cambios, que más rápido o más temprano,  llegan y seguirán llegando a nuestras empresas. Que nos pillen sin “ceguera”.

 

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