El lobo y la grulla en la España de hoy
Lo cierto es que en estos tiempos tan convulsos para la historia de España donde existe una auténtica crisis del actual sistema político, me es muy difícil escribir sobre algo ajeno a este momento, pero aun así, lo voy a intentar. Lo voy a intentar por mi salud mental y la de los que me puedan leer, porque siempre es necesario distraer la mente de sus preocupaciones.
La actualidad política se ha colado en nuestra vida (y probablemente en el futuro de nuestros hijos también) y no podemos abstraernos por más que lo intentemos debido al constante bombardeo de los medios de comunicación, las redes sociales e incluso las conversaciones con personas más o menos allegadas.
Yo reconozco que estoy profundamente afectado por la situación actual y que por eso aún no estoy preparado para escribir sobre el asunto, necesito tomar distancia para tratar de ganar objetividad y sobre todo calma para escribir sin ofender a nadie.
Por eso os voy a contar con mis propias palabras, la magnífica fábula de Esopo “El lobo y la grulla” y después que cada cual saque sus conclusiones.
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“Érase una vez un lobo que comiendo los restos de una presa que él mismo había cazado se le atragantó un hueso en la garganta. El lobo tosió, carraspeo e incluso comió hierbas tratando de arrancar el maldito hueso pero no tuvo éxito. El dolor iba en aumento, la inflamación también, el lobo ya no podía ni tragar su propia saliva sin sufrir un tremendo suplicio. Corría por el bosque desesperado, sin rumbo, hasta que llegó al lago. Allí se atiborró de agua tratando de arrastrar su mal. Al principio el agua le refrescó la garganta y sintió un momentáneo alivio, pero enseguida la mejoría se disipó y regresó el dolor.
Cuando más desesperado estaba vio en medio del lago a una joven grulla y se le iluminó su cara. La llamó como pudo y le propuso un trato: - Por favor introduce tu largo pico en mi boca y extrae el hueso que me aflige, yo a cambio te daré todo aquello que me pidas - Ni que decir tiene que la grulla desconfió al principio; las fauces del lobo eran lo suficientemente grandes como para engullir toda su cabeza, pero como la grulla era un ser bondadoso miró con compasión al lobo y ante su sufrimiento decidió actuar. Se puso sus gafas e introdujo su largo pico en la boca del lobo. No le fue fácil arrancar la espina porque estaba muy incrustada en la garganta del lobo pero finalmente lo logró. El lobo sintió un gran alivio por fin, mientras la grulla le exhibía el origen de sus males. Transcurridos los primeros instantes, la grulla reclamó su recompensa. El lobo la miró con desdén y le espetó:
- bastante premio tienes con que te haya tenido entre mis dientes y no te haya devorado- Dicho lo cual el lobo desapareció”.
Como todos los cuentos, éste tiene su propia moraleja: Nunca hagas favores a delincuentes, malvados o corruptos pues ya será bastante si te dejan en paz, sano y salvo.
Yo me pregunto, ¿quién es quién en la España actual? ¿Es Sánchez el lobo, la grulla o el narrador del relato? y ¿Puigdemont?
La verdad es que pienso que en España hay demasiados lobos y demasiadas grullas. Sólo así se entiende la situación actual pero lo peor es que no sabemos identificarlos. Y no los sabemos reconocer porque hay quién se ha encargado de confundirnos desde hace muchos años eliminando el juicio crítico y la reflexión individual por el seguidismo entregado a unos colores (hoy ya inexistentes) y a unos líderes hoy ausentes.
Sea como sea, lo cierto es que al final no he logrado el objetivo proclamado al inicio de este artículo (espero sepan disculparme), así que de perdidos al río y voy a terminar con una frase de Adolfo Suarez pronunciada en septiembre de 1968 “El poder se tiene mientras se ejerce y su única legitimidad es la entrega total al servicio de los demás”... Les presento a mi primera grulla.






















