El futuro de nuestros hijos
Ahora que ya han pasado las fiestas y vuelve la normalidad si no rutina de nuestros días, es cuando uno puede echar la vista atrás y recordar los propósitos que para el año entrante cada cual se ha prometido. Muchos, como yo, nada nuevo en el horizonte, porque no soy de los que se ponen retos anuales, soy más bien de ir día a día para no darme el empacho. Pero la cuestión es que entiendo, que en nuestra vida, siempre deben existir desafíos porque en eso se basa la evolución humana, en ir continuamente un poco más allá.
La consecución de objetivos es lo que nos ha permitido el crecimiento como especie. Y la verdad es que lo hemos conseguido, al menos en Occidente, donde cada generación ha mejorado la calidad de vida de la anterior (con algún pequeño parón provocado por las guerras, que por desgracia, también son consustanciales a la naturaleza humana).
Sin embargo, en la actualidad, existe la creencia de que las generaciones de nuestros hijos son las primeras que van a vivir peor que nosotros rompiendo así la cadena de éxito que ha llegado hasta nuestros días.
Por desgracia yo también lo creo. La pérdida de calidad en los servicios, en los productos que recibimos hoy, dista mucho de la que teníamos hace varias décadas. Al menos yo, tengo la sensación de pagar más por menos en prácticamente todo. Desde la atención en los grandes almacenes, hasta la cantidad de ensaladilla en la marinera del aperitivo, por no hablar del llenado de las copas de vino, que a este ritmo se convertirán en chupitos, eso sí, servidos en copas enormes.
Lo de los impuestos lo vamos a dejar para otro artículo porque el incremento que soportamos está destruyendo la, en otra hora, floreciente clase media, sin que exista una correspondencia entre lo que ingresamos a la hacienda y lo que recibimos.
La cuestión es que en la cena de nochevieja preguntamos a nuestros hijos por lo que cambiarían de la vida de
sus padres. La consulta no es baladí, porque estoy muy interesado en saber que quiere cambiar una generación que, al menos a mis ojos, lo tiene todo. La respuesta prácticamente unánime fue sorprendente: el tiempo. O, dicho con mayor detalle, la gestión del mismo. Nos comentaban que no querían llevar el ritmo de vida que ven en nosotros, sus padres. La aspiración no era tener más con el propósito de acumular riquezas sino ganar más dinero para poder invertirlo en tiempo de calidad y no tener que estar pendiente de tantas obligaciones cotidianas que te lo absorben y de la nómina de fin de mes. Se mostraban dispuestos a sacrificar mucho en los primeros años de vida laboral a cambio de poder disfrutar de “su” tiempo después. Para lograr ese objetivo, no escatimaban esfuerzos al corto plazo, aunque eso sí, se apartaban decididamente de las profesiones tradicionales buscando un trabajo que les permitiera vivir mejor sin el ritmo frenético de vida que ven en sus padres.
De tal forma que según lo veo yo, la generación de nuestros abuelos buscaba sobrevivir, la de nuestros padres que no faltara nunca comida en la mesa, nuestra generación, calidad de vida y la de nuestros hijos… tiempo.
Si la conversación que tuvimos en casa fuera representativa de verdad de la sociedad, es evidente que la evolución humana continúa…como debe ser.
Lo que ocurre es que el reto que las nuevas generaciones tienen ante sí, es complicado y desde luego para cumplir sus objetivos tendrán que cambiar sin más remedio el modelo de sociedad que hasta ahora hemos ido tejiendo.
¿Quién sabe si podrán tener éxito en su propósito? Difícil lo van a tener, sobre todo cuando en este mundo global se tengan que enfrentar a otras sociedades menos evolucionadas que luchan por lo que luchaban nuestros abuelos: la subsistencia. Las generaciones de estos países vienen con hambre en todos los sentidos y no hay mayor impulso que la escasez.
En cualquier caso, los jóvenes, al menos los míos, no hacen ni más ni menos que lo que tienen que hacer, lo que han hecho generaciones anteriores a lo largo de la historia, lo que debemos exigirles porque están en la edad para ello que no es otra cosa que soñar con un tiempo mejor, porque la ilusión es el primer paso para cambiar la realidad.























