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ENTREVISTA

Ramón García: “Siempre he pensado abrir una galería en Cartagena, pero la desconexión por ferrocarril no augura buenos momentos económicos”

El galerista cartagenero, que venció a ARCO en los tribunales, es un referente internacional en el mundo del arte y ha trabajado con artistas como Banksy

Ángela de la Llana Lunes, 01 de Abril de 2024 Tiempo de lectura:

 

Lejos de tirar la toalla, el galerista cartagenero que venció en los tribunales a la feria de Arte Contemporáneo (ARCO), se ha convertido en un referente internacional en el panorama artístico. Ramón García Alcaraz, propietario desde hace 35 años de la galería My Name´s Lolita Art, ha escalado alto y, entre otras cuestiones, ha sido requerido por el equipo de Banksy para participar en “Dismaland”, un histórico evento artístico en un balneario en ruinas de la costa de Inglaterra. Doctor en Historia del Arte y autor del libro que versa sobre el pintor Wssel de Guimbarda, el galerista no se considera “profeta en su tierra”. “Siempre he pensado en abrir galería aquí, pero en la actualidad se me hace cuesta arriba porque la desconexión de Cartagena por ferrocarril no augura buenos momentos económicos”, señala.

 

Usted es uno de los mejores galeristas de España ¿cómo comenzó esta andadura? ¿siempre sintió pasión por el arte? 

 

La verdad es que no creo que sea de los mejores galeristas de España, pero sí me siento de los más sinceros. fue durante mi formación en la Universidad de Murcia donde nació mi vocación artística, gracias a los excelentes profesores que tuve, los cuales me inspiraron a comprender y amar el arte.

 

Usted nació en Cartagena y es el propietario de My Name’s Lolita Art, una de las galerías más interesantes y emblemáticas de la capital de España, ¿se tuvo que marchar primero a Valencia y, después a Madrid, para convertirse en el galerista triunfador que es hoy 

 

Me marché de Cartagena a Valencia por amor, y fue allí donde abrí mi primer espacio, en 1988. Más tarde, cuando la galería comenzó a ser un referente, abrí otro en Madrid, eso fue el año 1996, y aquí continuo. 

 

¿Qué le caracteriza a usted y qué ofrece al panorama del arte que no lo hagan otras galerías de España? 

 

Quizá fue la perseverancia en marcar una línea definida de promoción de la pintura figurativa. Algunos libros de texto la califican como la “nueva figuración española de los 90”. Pero este trabajo no se hace solo, primero hay que descubrir a los jóvenes talentos, y después contar con la asistencia intelectual de importantes personalidades, como Juan Manuel Bonet o la profesora norteamericana Gail Levin, entre otros. 

 

Usted se ha convertido en todo un referente en el auge de la nueva figuración o figuración postconceptual ¿cómo ha trabajado para ello? 

 

Mi proyecto artístico siempre se ha basado en la sinceridad profesional más absoluta, al margen de la moda de turno que marca el mercado internacional. Ser galerista es una carrera de fondo, y a día de hoy continúo trabajando con la mayoría de los artistas que iniciaron su carrera conmigo. 

 

Desde su incursión en el mundo del arte, hace 35 años, usted ha apostado por jóvenes artistas vinculados al arte contemporáneo ¿cuál es su criterio para captar talentos? 

 

No hay una receta para captar nuevos talentos. Es como un flechazo, algo intuitivo, el olfato de descubrir lo que ese artista puede dar y hasta dónde puede llegar.  

 

¿Han triunfado los artistas a los que representa? dicen que todo lo que toca lo convierte en arte. 

 

Es verdad que casi el 90% de los artistas con los que he trabajo son, actualmente, verdaderos referentes en el panorama artístico nacional e, incluso, internacional. Algunos de ellos continuaron sus brillantes carreras en otros lugares y otros siguen trabajando conmigo. 

 

Desde el año 1988, en el que abrió su primera galería en Valencia, ¿cómo ha evolucionado el mundo del arte? 

 

El mundo del arte está cambiando a pasos agigantados desde los últimos 10 años. Las relaciones con los artistas, los nuevos coleccionistas y la aparición de galerías con poca presencia física, me refiero a las galerías on line, han cambiado las reglas del juego. 

 

Usted es un galerista de reconocido prestigio a nivel internacional ¿cómo se encuentra el sector actualmente?  

 

En la actualidad el poder de las ferias de arte y la aparición de una nueva tribu, la de los comisarios, han invadido, en cierta manera, el sector. La figura del comisario siempre ha existido en la organización de exposiciones históricas. Por ejemplo, yo he sido comisario, hace años, de la exposición de Wssel de Guimbarda o del pintor del siglo XIX valenciano, Muñoz Degrain. En la actualidad, la figura del comisario se ha instalado también en el mundo del arte contemporáneo. Hay varias razones, la primera es que cada vez se necesita incidir con más profundidad en temas muy especializados, y, en segundo lugar, porque la mayoría de los nuevos galeristas, carecen de formación de historia del arte y necesitan de la ayuda de un relato exterior. Lo más importante es saber distinguir, como en todo, la calidad intelectual del comisario. También son conocidos como “curadores”, que viene del inglés “curator”. Cuando oigo esa lamentable traducción al español, me parece tan incorrecta… que el que la utiliza pasa a ser transparente para mí. Sería como comer una tortilla francesa con cuchillo y tenedor.

 

Usted ha apadrinado a pintores de Cartagena como a Ángel Mateo Charris y Gonzalo Sicre ¿hay talento en esta ciudad? 

 

Siempre presto atención a lo que sucede en Cartagena y, por supuesto, en el campo artístico también. En el caso de Charris y Sicre, más que un apadrinamiento fue una colaboración en equipo que duró casi 20 años. En la actualidad sigo muy de cerca las nuevas creaciones de grafiteros y otras faunas que pululan por la ciudad y su comarca. Me gustaría resaltar a un artista cartagenero, cuya pintura abstracta tiene una gran calidad y fortaleza, me refiero a Enrique Navarro. De los jóvenes con talento no puedo pasar por alto al grafitero Karim Hamgeo, un diamante en bruto de excelente pureza, o la unionense Antonia Esther Martínez, con una gran fuerza en su dibujo y en el color. Creo que la ciudad ha dado grandes artistas, como los fotógrafos Juan Manuel Díaz Burgos, el cual ha expuesto en mi galería madrileña en dos ediciones de PhotoEspaña; José Carlos Ñiguez, con una sensibilidad exquisita en sus encuadres, y Julián Contreras cuya exposición, en blanco y negro, en el Palacio de Molina, sobre la Semana Santa cartagenera será difícil de superar. Esta tierra ha dado también muy buenos escultores, como Fernando Sáenz de Elorrieta y su “cola de ballena”, que, junto al submarino de Issac Peral, es el símbolo más reconocido de Cartagena.

 

Usted ha llegado a vender casi 200 obras en la semana de la Feria de Arte Contemporáneo, Arco, pero el comité de selección le expulsó en el año 2008.  Más tarde ganó un pleito a la feria por usar criterios “arbitrarios y discriminatorios” en la selección de galerías ¿qué supuso para usted esta sentencia habida cuenta que es el primer galerista que ha conseguido que se condene a esta institución

 

Comencé a participar en la feria ARCO en 1991, en esos años promocioné a la nueva figuración española de los 90. Estuve concurriendo a la citada feria durante 18 años consecutivos con gran éxito, no solo de ventas sino en el reconocimiento social de mi trabajo. No hay que olvidar que en el año 2000 Charris expuso en el Museo IVAM de Valencia y en el 2003 Sicre lo hizo, con otra individual, en el Museo Reina Sofia de Madrid. Estos éxitos no sentaron bien al comité de selección de la feria de ARCO, el cual está formado por galeristas en activo, es decir colegas, que participan en la feria. Un cartagenero de bien nunca tira la toalla, así que interpuse una demanda contra IFEMA y la gané. Salvando así la honra de los artistas y la mía propia. Esta sentencia, todavía es recordada por las nuevas generaciones de artistas y galeristas.  

 

Lejos de decaer usted se ha mantenido en pie en periodos de crisis y ha sorteado impedimentos como el enfrentamiento con ARCO ¿cómo ha trabajado para ello?  

 

Cuando fui consciente de que parte de mi sector empresarial no me admiraba, sino todo lo contrario, opté por cruzar el charco en busca de la aventura americana. Esta actitud fue mi salvación, porque la crisis económica del 2008 acabó con muchas galerías en ARCO, incluidas las dos del comité que me pusieron muy mala calificación. 

 

Este año su galería ha participado en Urvanity, una de las ferias más interesantes del panorama nacional dedicada al arte contemporáneo, con un éxito fuera de toda previsión ¿un merecido reconocimiento a su tesón, trabajo y constancia? 

 

Lo más divertido de la última edición de Urvanity es que he vendido obra a coleccionistas importantes a los que le doblo la edad. Esto significa que me adelanté al futuro. Es lo mejor que le puede pasar a un galerista. 

 

En el año 2015 el propio Banksy lo reclamó para participar en Dismaland, un histórico evento artístico en un balneario en ruinas de la costa de Inglaterra ¿cómo vivió usted esta experiencia? 

 

Me enteré de que Bansky estaba interesado en el artista de la galería Paco Pomet, cuando estaba participando en la feria Pulse Art Fair de N.Y en marzo de 2015. Las condiciones fueron de extrema confidencialidad, ya sabemos cómo funciona Banksy, así que tuve que reunir la obra solicitada por el grafitero inglés, que estaba dispersa en colecciones particulares. Imagínese pedir prestada obra a coleccionistas privados sin poder decirles donde se iba a exponer. Fue, sin lugar a dudas, todo un reto. Trabajar con el equipo de Bansky en el evento que se llamó “Dismaland”, en el verano del 2015, fue una experiencia increíble. Paco Pomet fue el único pintor, no grafitero, europeo que participó. Y sus obras estuvieron en la misma sala que las de Damian Hirst. Este acontecimiento fue sin duda el pistoletazo de salida para la carrera internacional de Pomet, y la visibilidad de mi galería a nivel mundial. 

 

Usted ha reconocido que si te vas de ARCO muchos artistas no quieren que los representes. Sin embargo, grandes de la pintura como Paco Pomet, nunca le dieron de lado. 

 

La expulsión de ARCO tuvo sus daños colaterales, y algunos de los artistas que comenzaron su carrera conmigo abandonaron el barco, pensando que iría a la deriva. En mi profesión las relaciones profesionales son muy importantes, por lo que esta actitud fue uno de los golpes más duros que puede recibir un galerista. Uno de ellos, cuando rompió la relación profesional en exclusiva, llegó a decirme: “bastante dinero te he dado a ganar”, obviando todo mi trabajo promocional anterior, cuando no era un artista conocido, y reduciéndome a un simple comisionista. Tiene razón, Paco Pomet fue uno de los que respetaron su exclusividad con la galería. 

 

Desde sus inicios ha apostado por los mejores artistas figurativos del panorama nacional ¿no se ha planteado darle un giro a la galería? 

 

No lo he pensado, ni lo pensaré. Una galería de arte se distingue de una sala de exposiciones, por su línea expositiva clara y definida. 

 

Usted es de Cartagena ¿no se ha planteado abrir aquí una sucursal de My name’s Lolita Art? 

 

Amo y lucho por Cartagena. Nunca he desconectado de mi ciudad y de mis orígenes. Siempre he pensado en abrir galería aquí, pero en la actualidad se me hace cuesta arriba. La desconexión de Cartagena por ferrocarril no augura buenos momentos económicos para la ciudad y, por lo tanto, no anima a emprender negocios aquí. Además, no me siento profeta en mi tierra.  

 

¿Cómo ve la Región de Murcia y, en concreto, la ciudad de Cartagena? 

 

Desde que se constituyó la Región, Cartagena ha ido perdiendo brillo, y no es una casualidad fortuita. El centralismo del gobierno de la Región ha ido erosionando a la ciudad, ante la pasividad de una población que no reacciona ante esta situación. La gota que ha colmado el vaso ha sido la desconexión ferroviaria con Madrid, de consecuencias económicas catastróficas aún por cuantificar. Además, en mi opinión, el nombre de la Región no debería de coincidir con el de la ciudad de Murcia. Porque hace que todos sus habitantes, sus tierras, sus costas y sus peculiaridades sean llamadas murcianas. Estamos sufriendo un centralismo muy duro, que aspira a eliminar la identidad del resto de los pueblos de la Región. Sobre todo, el de Cartagena y su comarca. 

 

¿Es fácil vivir del arte? 

 

Para vivir del arte primero se necesita una sociedad intelectualmente preparada. El proceso artístico se desarrolla mejor en una atmósfera culta e interesada por las manifestaciones artísticas. No es verdad que todo el arte sea caro o que su finalidad esté íntimamente ligada con lo decorativo. Hay personas acomodadas económicamente que gastan su dinero en artículos tradicionalmente unidos al lujo y a la ostentación. Sin embargo, cuando visitas sus casas observas la carencia de una buena biblioteca o de obras de arte ligadas a su generación.

 

¿El arte es una buena inversión?

 

Por supuesto que lo es. Lo más importante es saber invertir tu dinero en esa dirección y para eso están los servicios de los profesionales. Cuando escribí mi primer libro sobre el pintor Wssel de Guimbarda en 1984, el barón Thyssen se interesó por este pintor del siglo XIX español. El aristócrata se asesoró y compró en subastas o anticuarios varios cuadros del pintor de La Caridad, que actualmente decoran las salas del Museo Thyssen. Pagó por ellos mucho menos de lo que valen en la actualidad. El secreto está en elegir bien al asesor artístico y no dejarse llevar por los impulsos y el marketing engañoso. Bajo estas premisas, la inversión está asegurada.

 

¿Qué les recomienda a los jóvenes artistas usted que siempre se ha rodeado de gente que se inicia en el arte? 

 

Mi sugerencia a los jóvenes creadores es que sean honestos con su creatividad y que nunca tiren la toalla. Esta carrera es de fondo y ganan los que resisten. 

 

¿Hacia dónde camina My name’s Lolita Art? 

 

A consolidar el trabajo realizado. Mi camino me lleva de regreso a Cartagena y a su campo. Aquí tengo a mi familia, a mis amigos de siempre, a los muertos que respetar, y mi acento. 

 

¿Qué hace usted cuando no trabaja? 

 

Cocinar arroz los domingos para mis invitados, cuidar de mi perro, seguir aprendiendo de los inteligentes y visitar museos. Lo demás es inconfesable. 

 

Inteligente, conversador y fiel a su familia y amigos

 

Poseedor de una gran cultura, de fácil conversación y muy ocurrente y divertido. Así es Ramón García en la intimidad de su familia y de sus amigos, aquellos incondicionales con los que comparte mesa y esas paellas de los domingos con las que le gusta obsequiar a sus invitados.

Insiste, durante la entrevista, que le gusta “volar bajo y pasar desapercibido”, pero los amigos que lo conocen bien lo definen como “una de las personas más inteligentes que hemos conocido, poseedor de una gran cultura y el que más sabe de arte”, así opinan de él los fotógrafos Julián Contreras y Carlos José Pérez.

Ambos artistas también confirman que Ramón “nunca falla, y sabe cuidar de sus amigos, de su perro y de sus familiares”. Él mismo explica que durante su tiempo libre “me gusta seguir aprendiendo de los inteligentes y visitar museos”. Apostilla, con su tradicional toque de humor, que “lo demás es inconfesable” ... 

 

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