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Opinión |
Lunes, 08 de Octubre de 2012

Estamos en el punto de inflexión

Como observador de la economía siempre busco algún dato adelantado para determinar cuándo se producirá el punto de inflexión de esta crisis que padecemos ya demasiado tiempo. Y uno de estos indicadores se puede atisbar con la reciente publicación por el Banco de España de la Balanza de Cuenta Corriente, que se aproxima a cero.

Esta Balanza mide las necesidades de financiación de la economía española en su conjunto, es decir, el resultado de los ingresos y gastos, por todos los conceptos, de las familias, las empresas (incluido el sector financiero) y las Administraciones Públicas. El dinero que un país gasta en otros y lo que otros países gastan en el nuestro.

Si tenemos en cuenta la fase recesiva de este ciclo, que comenzó estadísticamente a finales de 2008, nos encontramos en el primer mes en que las exportaciones crecieron un 4,9% y las importaciones bajaron un 0,4%, y ello unido a la falta de financiación exterior, y a decisiones conscientes de ahorro de las familias y empresas residentes en España, supone que vamos dejando de endeudarnos.

Para comprender este punto de inflexión, hay que trasladar este comportamiento a nivel práctico, es muy diferente negociar la renovación de la deuda, si estas ajustando, que si lo haces con la intención de vivir despreocupadamente incrementando tus débitos.

Hemos vivido una década maravillosa, donde la economía española creció de forma muy intensa, pero gran parte de dicho avance se sustentó sobre una enorme expansión crediticia sin respaldo de ahorro real.

Este desequilibrio se refleja en un indicador concreto, el déficit por cuenta corriente, que en 2007 alcanzó un récord histórico, de casi el 10% del PIB. El conjunto del país precisó ese año una financiación exterior próxima a los 100.000 millones de euros para sufragar su nivel de consumo e inversión.

Sin embargo, tras cinco largos años de crisis, esa brecha, prácticamente, se ha cerrado. Y ello, debido al drástico ajuste que ha llevado a cabo el sector privado español (empresas y particulares), con el consiguiente sufrimiento de muchas familias y destrucción de parte de nuestro tejido empresarial.

De hecho todos los informes indican que la 'famosa' prima de riesgo se tiene que estabilizar entorno a los 150-200 puntos básicos, pues por encima de esto, todo es pura y dura especulación, que no responde a la situación real de nuestra economía.

Con ello el “proceso de aterrizaje”, en términos de actividad estará a punto de completarse, la economía española necesita continuar con el saneamiento económico y aplicar de forma decidida un plan de medidas de estímulo.

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