Kroos
El sábado pasado Kroos jugó su último partido en el Bernabéu. Asistimos emocionados, a la despedida del estadio, al llanto de los aficionados, al desconsuelo de sus hijos…y al estoicismo del jugador. Desde hacía unos días que el alemán había anunciado su decisión, las tertulias deportivas se llenaron de argumentos a favor, y en su mayoría en contra, de que abandonase la práctica profesional del fútbol terminada la Eurocopa. El comentario mayoritario es que no se entiende que se jubile en lo mejor de su carrera y que hay que “ser muy alemán” para actuar de esa manera. Ojo, desde mi punto de vista, lo único que no quiere es arrastrarse por el campo o estar condenado a tener un papel residual en su carrera. Lo único que quiere es decir él y ni siquiera ha sido el primero en ser coherente con su manera de entender el trabajo, ya hizo esto mismo Zidane. Tampoco se entendió.
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Si trasladamos esto mismo al ámbito empresarial, igual no parece una locura y no quedan tan bien los que le reprochan su pecado “hacer lo que cree que tiene que hacer”. Lo pongo en primera persona. Hace unos años yo trabajaba en otra consultora, una buena empresa. Sólida y consolidada. Una firma segura para el empleado. Llevaba unos cuantos años ahí, como siempre sudando la camiseta, porque siempre he sido muy respetuoso con el pagador y creo que es indispensable que exista un compromiso férreo con tu contratador. Desde el primer día hasta el último fui profesional y acepté las reglas de juego de la empresa. El único problema, es que no era feliz. Me aburría, sentía que desperdiciaba el mucho o poco talento que tuviera, realizando labores para las que tengo obviamente capacidad y habilidades, pero que no me gustaban.
Para mí, y esto es muy personal, ser buen trabajador además de todas las definiciones canónicas, las habilidades requeridas para el puesto, las tan de moda soft skills, las actitudes y aptitudes que se suelen valorar…hay unas apreciaciones subjetivas, unas cualidades intrínsecas (o no) en cada uno, como “ser capaz de levantar la mano”, “de salir en la foto”, de decir lo que piensas y lo que sientes. A mí no me gustan los “robots” siempre he preferido las personas valientes, con capacidad para liderar desde la disidencia. Por tanto, entré al despacho del director general y le expliqué que me aburría y que necesitaba otro tipo de retos. Su cara fue un poema. Obviamente no le cabía en la cabeza que le expusiese con transparencia esta realidad, siendo además en aquel momento el vendedor con mejores números en la empresa, lo que viene a ser lo mismo que decir que estaba ganando dinero. El hombre no digería que no me conformase con seguir cobrando bien, que quisiera arriesgar mi posición asumiendo otros retos…en un alarde de sinceridad, me dijo que dónde me veía, en qué puesto. Yo, inocente, le pedí que mirase mi curriculum y las funciones que había desarrollado en otras empresas y que podía hacer en esta. Después de esa reunión, silencio. A los pocos meses me marché.
No sé si alguien ha calculado el tiempo que dedica a trabajar y a estar en el trabajo a lo largo de su vida…para mi necesariamente estar en un lugar adecuado, es ir a trabajar contento. No es fácil, ojo, también tienes que atreverte a renunciar a la estabilidad, por no ser una persona gris, por no ser conformista, pero vale la pena atreverse a decir hasta aquí, cuando piensas que no tiene sentido seguir permaneciendo. Eso es lo único que ha hecho Don Antonio Kross, “ser el dueño de su destino, ser el capitán de su alma” (parafraseando Invictus de William Ernest Henley).
PD: años después me encontré con aquel director general. Nos saludamos con cariño y me preguntó porqué me marché. Justo en ese momento, supe que debí haberlo hecho antes.
Daniel Matás
Director de Marketing y Ventas ITRES





















