Vuelve la mantilla
Las imágenes de Cospedal y Sáez de Santamaría, preciosas ellas con su mantilla, compartiendo desde Roma la experiencia mística del nombramiento como doctor de la Iglesia de un nativo español, no han sentado muy bien a algunos, bajo el argumento de que el asunto huele a vuelta a un pasado no deseado.
Similar descontento vive el mundo del arte al saberse que un señor se personó en la Tate Modern de Londres, se quedó un ratito contemplando un cuadro del genio del expresionismo abstracto, Mark Rothko, y a renglón seguido lo firmó con su nombre en una esquina, haciéndolo, con esta intervención, de su propiedad.
La explicación que hasta el momento ha dado el sujeto-artista-intelectual-gilipollas, va en la línea de lo mío es tan conceptual y profundo que en realidad tengo la picha hecha un lío y lo firmo porque fui a la escuela y sé escribir, que si no hubiera meado en la esquina como hacen los perros.
Lo más curioso es que el cuadro que este tipo ha firmado como suyo, pertenece a un encargo que en 1958, recibió Rothko, para decorar con sus pinturas los muros del lujoso restaurante Four Seasons de Nueva York, por lo que recibió un jugoso anticipo. Como al final, Rothko, canceló el encargo, devolvió el dinero y donó los cuadros ya realizados, entre otros, a la Tate.
Sí, devolvió el dinero, por lo visto en el pasado algunos devolvían el dinero. A lo mejor la vuelta a la mantilla no es tan mala.
![[Img #10067]](upload/img/periodico/img_10067.jpg)
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Similar descontento vive el mundo del arte al saberse que un señor se personó en la Tate Modern de Londres, se quedó un ratito contemplando un cuadro del genio del expresionismo abstracto, Mark Rothko, y a renglón seguido lo firmó con su nombre en una esquina, haciéndolo, con esta intervención, de su propiedad.
La explicación que hasta el momento ha dado el sujeto-artista-intelectual-gilipollas, va en la línea de lo mío es tan conceptual y profundo que en realidad tengo la picha hecha un lío y lo firmo porque fui a la escuela y sé escribir, que si no hubiera meado en la esquina como hacen los perros.
Lo más curioso es que el cuadro que este tipo ha firmado como suyo, pertenece a un encargo que en 1958, recibió Rothko, para decorar con sus pinturas los muros del lujoso restaurante Four Seasons de Nueva York, por lo que recibió un jugoso anticipo. Como al final, Rothko, canceló el encargo, devolvió el dinero y donó los cuadros ya realizados, entre otros, a la Tate.
Sí, devolvió el dinero, por lo visto en el pasado algunos devolvían el dinero. A lo mejor la vuelta a la mantilla no es tan mala.
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