Experimentos y realidades
Los experimentos de los Bancos Centrales, necesarios pero forzosamente parciales, han vuelto a chocar esta semana con las realidades de una economía global sometida a un proceso de desapalancamiento que, de no ser precisamente por al intervención de los Bancos Centrales, hace tiempo que habría conducido a una Gran Depresión.
Las advertencias y previsiones del FMI, en su reunión de Tokio, han irrumpido bruscamente en el entorno excesivamente plácido del que venían disfrutando los mercados financieros, al prever una desaceleración global del crecimiento y al anunciar la necesidad de seguir saneando los balances bancarios.
En lo que a la banca se refiere, el FMI prevé que la banca europea deba reducir balance en 3,4 billones de euros adicionales, con la consecuencia contractiva que todos podemos imaginar. En relación con el crecimiento las palabras del FMI han sido especialmente duras, cuando advirtió el pasado martes de serios riesgos de desaceleración global ("risks for a serious global slowdown are alarmingly high"), una frase demoledora para un mundo ansioso de ver alguna luz tras años de crisis.
En concreto el FMI rebaja la previsiónde crecimiento global a 3,3% para este año y a 3,6% para el año 2013, con la economía norteamericana estancada en un crecimiento débil del 2,2% y 2,1% respectivamente y la zona euro decreciendo un 0,4% este año y creciendo un raquítico 0,2% el año próximo. Para Japón el FMI prevé un crecimiento del 2,2% en parte por el efecto del tsunami del pasado año, y del 1,2% el que viene.
La consecuencia de esta ducha fría del FMI ha sido la peor semana de las Bolsas en los últimos cuatro meses, y ello a pesar de que el pasado viernes el indicador de la Universidad de Michigan arrojaba el dato de confianza del consumidor más alto en los últimos cinco años. Las caídas han sido generalizadas, con nuestro Ibex 35 como peor índice del mundo con un retroceso semanal del 3,8%, seguido por el Nikkei (-3.7%), el Eurostoxx 50 (-2,4%), el S&P y el Dax (-2,2%). Solo se han librado de las caídas algunas Bolsas como la de Shanghai o la brasileña.
Se ha confirmado así lo que decíamos en nuestro anterior comentario, a saber, que el impulso que habían dado a las Bolsas los Bancos Centrales esta agotado, y que, como decíamos hace siete días, o hay sorpresas muy positivas en los resultados o no hay fuerza para seguir subiendo.
Ni siquiera el buen dato del jueves de peticiones de desempleo semanal, al que siguieron el viernes unos buenos resultados de JP Morgan, con una subida de beneficios del 34%, y un gran dato de confianza del consumidor, en máximos de los últimos cinco años, que publico la Universidad de Michigan, fueron capaces de enderezar el rumbo de unas Bolsas decididamente faltas de ganas de subir.
Con unos inversores que ya son muy conscientes de los límites de los Bancos Centrales, la subida de las Bolsas esta penúltima semana de octubre, que es también semana de vencimiento de derivados, solo puede tener como motor o la cumbre europea del jueves y viernes o los numerosos e importantes resultados empresariales que se publicaran a lo largo de la semana.
De la cumbre europea no esperamos nada, al menos nada bueno, en una eurozona dividida y sin una hoja de ruta clara, cuyos líderes solo confían en que el BCE inyecte cada vez más dinero para ayudarles a ocultar sus propias carencias.
Los resultados empresariales son numerosos e importantes, con nombres como Citigroup, IBM, Johnson & Johnson, Bank of America, Goldman Sachs, Microsoft, Google o General Electric, entre otros. Es posible que incluso con una economía estancada los resultados empresariales sean mejores de lo esperado, porque las empresas se han ido adaptando (familias y empresas no financieras son los dos agentes económicos que aumente han ido haciendo sus ajustes y sus deberes). Pero esos posibles buenos resultados ya están muy descontados en las cotizaciones tras las subidas de agosto y septiembre.
El futuro del S&P, tras haber chocado por segunda vez con los niveles de los 1.460 puntos, vuelven a acercarse a los 1.400 y el viernes cerró cerca de un nivel, los 1.420 puntos, considerado por muchos como de soporte, cuya ruptura a la baja implicaría, por tanto, altas posibilidades de una corrección mayor.
Si los líderes europeos siguen, como es altamente probable, con su política de dilación y confusión (el llamado "muddling through") lo normal es que octubre termine por debajo de los niveles actuales.
Otros artículos de Juan Carlos Ureta
Las advertencias y previsiones del FMI, en su reunión de Tokio, han irrumpido bruscamente en el entorno excesivamente plácido del que venían disfrutando los mercados financieros, al prever una desaceleración global del crecimiento y al anunciar la necesidad de seguir saneando los balances bancarios.
En lo que a la banca se refiere, el FMI prevé que la banca europea deba reducir balance en 3,4 billones de euros adicionales, con la consecuencia contractiva que todos podemos imaginar. En relación con el crecimiento las palabras del FMI han sido especialmente duras, cuando advirtió el pasado martes de serios riesgos de desaceleración global ("risks for a serious global slowdown are alarmingly high"), una frase demoledora para un mundo ansioso de ver alguna luz tras años de crisis.
En concreto el FMI rebaja la previsiónde crecimiento global a 3,3% para este año y a 3,6% para el año 2013, con la economía norteamericana estancada en un crecimiento débil del 2,2% y 2,1% respectivamente y la zona euro decreciendo un 0,4% este año y creciendo un raquítico 0,2% el año próximo. Para Japón el FMI prevé un crecimiento del 2,2% en parte por el efecto del tsunami del pasado año, y del 1,2% el que viene.
La consecuencia de esta ducha fría del FMI ha sido la peor semana de las Bolsas en los últimos cuatro meses, y ello a pesar de que el pasado viernes el indicador de la Universidad de Michigan arrojaba el dato de confianza del consumidor más alto en los últimos cinco años. Las caídas han sido generalizadas, con nuestro Ibex 35 como peor índice del mundo con un retroceso semanal del 3,8%, seguido por el Nikkei (-3.7%), el Eurostoxx 50 (-2,4%), el S&P y el Dax (-2,2%). Solo se han librado de las caídas algunas Bolsas como la de Shanghai o la brasileña.
Se ha confirmado así lo que decíamos en nuestro anterior comentario, a saber, que el impulso que habían dado a las Bolsas los Bancos Centrales esta agotado, y que, como decíamos hace siete días, o hay sorpresas muy positivas en los resultados o no hay fuerza para seguir subiendo.
Ni siquiera el buen dato del jueves de peticiones de desempleo semanal, al que siguieron el viernes unos buenos resultados de JP Morgan, con una subida de beneficios del 34%, y un gran dato de confianza del consumidor, en máximos de los últimos cinco años, que publico la Universidad de Michigan, fueron capaces de enderezar el rumbo de unas Bolsas decididamente faltas de ganas de subir.
Con unos inversores que ya son muy conscientes de los límites de los Bancos Centrales, la subida de las Bolsas esta penúltima semana de octubre, que es también semana de vencimiento de derivados, solo puede tener como motor o la cumbre europea del jueves y viernes o los numerosos e importantes resultados empresariales que se publicaran a lo largo de la semana.
De la cumbre europea no esperamos nada, al menos nada bueno, en una eurozona dividida y sin una hoja de ruta clara, cuyos líderes solo confían en que el BCE inyecte cada vez más dinero para ayudarles a ocultar sus propias carencias.
Los resultados empresariales son numerosos e importantes, con nombres como Citigroup, IBM, Johnson & Johnson, Bank of America, Goldman Sachs, Microsoft, Google o General Electric, entre otros. Es posible que incluso con una economía estancada los resultados empresariales sean mejores de lo esperado, porque las empresas se han ido adaptando (familias y empresas no financieras son los dos agentes económicos que aumente han ido haciendo sus ajustes y sus deberes). Pero esos posibles buenos resultados ya están muy descontados en las cotizaciones tras las subidas de agosto y septiembre.
El futuro del S&P, tras haber chocado por segunda vez con los niveles de los 1.460 puntos, vuelven a acercarse a los 1.400 y el viernes cerró cerca de un nivel, los 1.420 puntos, considerado por muchos como de soporte, cuya ruptura a la baja implicaría, por tanto, altas posibilidades de una corrección mayor.
Si los líderes europeos siguen, como es altamente probable, con su política de dilación y confusión (el llamado "muddling through") lo normal es que octubre termine por debajo de los niveles actuales.
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