Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión | El canto de la moneda
Martes, 03 de Septiembre de 2024
Fernando Mateo Martín

CADENAS A LA PRIVACIDAD

 

El pasado 24 de agosto detuvieron en el aeropuerto de Bourget al CEO de Telegram, Pavel Durov, acusado de negarse a cooperar con las autoridades francesas para frenar los posibles delitos que se estarían cometiendo dentro de la red social, como el blanqueo de capitales o el tráfico de drogas, entre otros.

 

¿Qué hay realmente detrás de la detención de Pavel Durov?

 

Cada vez son más las personas que se animan a abandonar la aplicación por excelencia de mensajería, WhatsApp, debido a las limitadas características que nos ofrece; una aplicación que desde hace años ejecuta su propio recorrido, pero yendo siempre al rebufo de Telegram a la hora de implementar mejoras y actualizaciones que motiven un uso más atractivo, divertido e intuitivo.

 

Para que nos hagamos una idea clara del poder que entraña Telegram, lo primero que debemos saber es que, al igual que WhatsApp, los mensajes quedan cifrados de extremo a extremo, pero con un añadido: si el usuario abriera un chat secreto y programara la autodestrucción de los mensajes y archivos, en el caso de que las autoridades requirieran la recuperación de esa información, esto sería una hazaña colérica e imposible.

 

Dado el potencial de este instrumento de privacidad, los malos no tardaron en refugiarse en este encriptado para llevar a cabo sus fechorías y entramados con el fin de eludir cualquier forma de seguimiento por parte de los gobiernos e instituciones de todo el mundo.

 

Visto de este modo, habrá algún lector que ni se cuestione si la detención de Pavel Durov es imparcial u honesta, dada su negativa para modificar una parte del código de Telegram y así facilitar las labores policiales de cualquier país cuando proceda.

 

Pero lo cierto y verdad es que corren tiempos en los que la censura y el afán de control de nuestra privacidad campan a sus anchas para que ninguna persona con intenciones de discrepancia o disidencia salga de unas normas establecidas y “justas” para todos.

 

Más allá de las películas que nos quieran meter por los ojos aquellos que prometen cuidar de nosotros (papá Estado), las redes que nos brindan la libertad plena para expresar cualquier tipo de sentimiento, difiera o no de lo que asegure el politicucho de turno, son y serán un pilar fundamental para cubrir en su totalidad la libertad de expresión y nuestra privacidad, esta última recogida como derecho fundamental en nuestra constitución en el artículo 18, especialmente en el punto 3, donde se recoge el derecho al secreto de las comunicaciones, algo que efectivamente quieren cargarse.

 

¿Qué es eso de que podamos mantener una conversación sin que puedan recopilar nuestra información con facilidad? De eso nada, monada.

 

De modo que la censura en Telegram es prácticamente una imposibilidad, y esto crispa en demasía al conjunto de los bloques políticos de la Unión Europea. Ahora, con la escasa justificación de “se están cometiendo delitos”, las instituciones europeas pretenden controlar todo aquello que todavía no han conseguido meterse en el bolsillo: la libertad de expresión en su estado más puro.

 

Además de la privacidad que nos brinda Telegram, ahora también nos permite utilizar la blockchain de TON fácilmente, una criptomoneda que ya supera los 13 billones de dólares y que se sitúa en el puesto número 10 del Coinmarketcap, un ejercicio nada despreciable para una criptomoneda que nació en 2018 y que ya ha tenido que lidiar con algunos pequeños problemas con la Securities and Exchange Commission. Esto tampoco les gusta a nuestros amos.

 

Después de un ruido ensordecedor, Pavel Durov ya ha sido puesto en libertad bajo una suculenta fianza de cinco milloncejos y medio de dólares (pasa por caja y nos olvidamos de tu maléfico delito, por ahora), pero con la prohibición de salir de Francia y bajo una extrema supervisión judicial.

 

La verdad es que no sé en qué acabará todo esto, pero lo que sí sé es que el creador de Telegram cometió el error de no desaparecer de los medios en su día. Quizá le hubiese venido bien aprender del pasado. Profesionales y anarcocapitalistas que acabaron huyendo de los grandes medios y de las garras del Estado, incluso desapareciendo de sus propios proyectos descentralizados, como en el caso de Bitcoin o Monero, o refugiándose en la Deep Web donde nadie puede controlar los corazones de los que piensan y se hacen preguntas, creando herramientas de choque bajo seudónimos que no identifican a nadie, pero que permitían, permiten y permitirán poner en jaque a los que alardean de justos y democráticos.

 

Solo me queda opinar que la verdad y el poder real reside en aquellos que se atreven a desafiar la norma impuesta, a cuestionar al controlador que no es supervisado por nadie, haciendo preguntas que incomoden y que generen vergüenza (si es públicamente mejor) a aquellos que frivolizan con una mediocridad exuberante bajo un gran sesgo de autoridad y que arrebatan de forma continuada la libertad individual del ser humano a través de una legislación que no vota ningún ciudadano, a pesar de que te hagan creer lo contrario.

 

Libertas optima rerum.

 


Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.