UN BORGIA EN CARTAGENA
Los Borgia, familia controvertida donde las haya, ha suscitado a lo largo de los años tantos detractores que me pregunto si realmente fueron tan maquiavélicos como nos han contado. A mí me despiertan interés y lo que más me ha gustado descubrir es que Rodrigo Borja (futuro Papa Alejandro VI) fue obispo de la Diócesis de Cartagena.
Realmente, el titular de este artículo la única misión que tiene es de atraparle en su lectura porque, querido lector, el pontífice español que levantó ampollas por toda Italia poco caso hizo a nuestra trimilenaria ciudad. Durante los diez años que fue obispo de esta diócesis no pisó ni una sola vez Cartagena.
Una pena porque el que podría ser considerado un prototipo de príncipe del Renacimiento por su protección a las artes y su mecenazgo no puso su atención en embellecer nuestra ciudad como más tarde lo hiciera con la ciudad eterna, Roma.
Podría haber ensayado perfectamente un prototipo de basílica con nuestra Catedral Vieja y haberla convertido en algo parecido a lo que luego encargaría a Bramante, cuyo proyecto culminó en la Basílica de San Pedro del Vaticano. ¿Se imaginan algo así en Cartagena? Yo sí.
Importante es conocer que la Diócesis de Cartagena dependía directamente de la Santa Sede y que Inocencio VIII elevó la diócesis de Valencia a arzobispado en julio de 1492, asignándole como sufragáneas las diócesis de Mallorca y Cartagena, de las que también era obispo.
Como era de esperar, el obispo recurría a todo tipo de argucias para despertar el interés político que requería y llamar la atención de los Reyes Católicos, que andaban enfrascados en combatir por estos lares.
Por lo demás, como obispo poco se le puede agradecer, alguna que otra fundación de convento y algún arreglo en la Catedral de Cartagena en Murcia.
El patriarca de los Borgia moriría en 1503, víctima o no de un envenenamiento, eso mejor les dejo que lo descubran leyendo “Los Borgia” de Mario Puzo, el cual invirtió más de diez años de investigación para ofrecer una novela con un retrato cruel y cautivador al mismo tiempo de una familia cuya ambición y sed de poder los llevaría a la cima del mundo, aunque tuvieran que pagar un alto peaje por ello.
Y por último, creo que le perdono todos los pecados. La bellísima obra escultórica de “LA PIEDAD” de Miguel Ángel no existiría sin su beneplácito y mecenazgo. Dicen que los rostros de la Virgen y Cristo se parecían a familiares del pontífice ¿será otra leyenda?





















