Nuestra colaboradora, María Elena Olea (izquierda), junto a la psicóloga Claudia Ticó (derecha)
Por todos es sabido la influencia de las redes sociales en nuestra forma de vivir, porque influyen en todos los ámbitos de nuestra vida y no solo en la de los adultos, sino que también se está apreciando cada vez más su influencia en nuestros jóvenes a través de rituales de belleza conocidos como 'skin care'.
La psicóloga Claudia Ticó, especializada en trastornos emocionales como la depresión, ansiedad y baja autoestima, nos recibe en su gabinete de Cartagena para tratar este tema que afecta a miles de personas adultas y menores en España. "La 'cosmeticorexia' es la tendencia que encierra a la autoestima en una búsqueda constante de una perfección que nunca llega".
¿Se sabe cuál es el origen de este boom?
El cuidado de la piel ha existido desde siempre, pero lo que hoy llamamos 'skin care' ha tomado una nueva dimensión gracias a la industria de la belleza y el boom de las redes sociales. Antes, el enfoque estaba más en proteger y cuidar la piel por necesidad, y ahora se ha convertido en un ritual de bienestar y autoestima.
Esto puede dar lugar a un trastorno con nombre propio, cosmeticorexia, ¿qué significa este término?
La 'cosmeticorexia' es un problema psicológico donde la persona se obsesiona con su apariencia, usando productos de belleza o sometiéndose a tratamientos estéticos de manera compulsiva. Quienes lo padecen nunca se sienten satisfechos con su imagen, siempre buscan algo más para mejorar, lo que puede llevar a una visión muy distorsionada de sí mismos.
El 'skin care' consiste en desmaquillar, hidratar y proteger del sol o de la polución nuestra piel, hasta aquí, podemos decir que es una técnica correcta y necesaria para evitar el envejecimiento prematuro y evitar problemas de la misma.
¿Dónde está el inconveniente?
El problema aparece cuando estas rutinas se convierten en una obsesión, llevando a un consumo excesivo de productos. Este afán por alcanzar una piel ‘impecable’ puede generar una presión innecesaria, especialmente en los adolescentes, haciéndoles sentir que nunca es suficiente. Y el origen de ello, por supuesto, son las redes sociales, influenciando una vez más a adolescentes y jóvenes, que por desconocimiento, acaban dañándose la piel y sintiéndose inseguros.
Estas técnicas son realizadas por niñas, aplicando productos para adultos, como ácido hialurónico, vitamina C, ácido retinoico, glicólico, o incluso realizando 'peelings', siguiendo a sus influencer de referencia.
¿Qué pasa por la cabeza de una niña cuando accede a este tipo de contenido?
A edades tempranas, las niñas no tienen la madurez necesaria para discernir las posibles consecuencias de lo que ven en plataformas como TikTok o Instagram. Son especialmente vulnerables a los mensajes que dictan cómo deben verse para ser aceptadas. Durante la adolescencia, una etapa crucial para desarrollar su identidad, es fácil que caigan en la trampa de compararse con imágenes irreales y sientan la presión de ajustarse a estos estándares, lo que puede perjudicar gravemente su autoestima y su bienestar emocional.
Tenemos que dejar claro que este tipo de tratamientos no sólo no es necesario, sino que está provocando problemas dermatológicos como eccemas, dermatitis, acné o quemaduras.
¿Qué tipo de consecuencias puede tener además de las dermatológicas?
Las repercusiones van más allá de la piel. Desde el punto de vista psicológico, estas presiones pueden llevar a problemas serios como ansiedad, baja autoestima y, en algunos casos, trastornos alimentarios. El bombardeo constante de imágenes que promueven una perfección inalcanzable puede generar un sentimiento de insuficiencia, convirtiendo la búsqueda de esa 'perfección' en una fuente constante de estrés emocional.
Como padres o tutores de estos menores, ¿qué podemos hacer para prevenirlo?
La prevención comienza desde pequeños, enseñándoles a valorarse por lo que son y no sólo por su apariencia. Es fundamental que comprendan que el cuidado personal debe ser algo que les haga sentir bien consigo mismos, no una obligación para cumplir con las expectativas de los demás. Fomentar el amor propio y una imagen corporal positiva es esencial para que el autocuidado sea una fuente de bienestar y no una carga.
En caso de sospecha de este tipo de conductas, ¿cómo podemos detectarlo y cuál sería el tratamiento?
Los responsables del cuidado de nuestros jóvenes tenemos que entender la importancia de estar al tanto de lo que están viendo y siguiendo en las redes sociales. Es nuestro deber abrir un canal de comunicación para hablar sobre los contenidos que consumen, preguntarles sobre las cuentas que siguen y los productos que usan. Debemos fomentar un ambiente propicio para que se sientan cómodos compartiendo sus preocupaciones, y ahí es donde podremos detectar si están desarrollando una obsesión por el cuidado de la piel.
Para una persona joven que enfrenta problemas psicológicos relacionados con el cuidado excesivo de la piel, una opción efectiva podría ser la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Este enfoque terapéutico se centra en ayudar al paciente a reconocer y transformar los pensamientos negativos o distorsionados sobre su apariencia y los hábitos de cuidado personal. La TCC se enfoca en cambiar esas creencias poco realistas y en promover una relación más equilibrada y positiva con su cuerpo. Además, esta terapia puede enseñar técnicas para disminuir comportamientos obsesivos y fomentar la autoaceptación, reduciendo la necesidad de depender de productos o rutinas de belleza para sentirse bien consigo mismo.

