¿Qué nos une?
Es triste reconocer que fundamentalmente estamos unidos por la moneda, el euro es nuestro marco de compromiso en lugar de ser las instituciones, y por otro lado, en la otra cara de la moneda, comprobamos los efectos que está produciendo esta crisis, y sentimos como un proceso de expropiación, de privatización de bienes sociales, unido a fuertes desigualdades.
Esta situación nos ha conducido a una preocupación diaria de la prima de riesgo y las repercusiones que tiene sus alteraciones. Las noticias que han llegado de la reunión del FMI en Tokio, son alarmantes, porque si el Fondo ha previsto que la prima de España se puede poner en 750, es una de las peores noticias que nos puede llegar. Si además, los estudios realizados sitúan a la economía española en un crecimiento negativo del 1,3%, tenemos que replantearnos en profundidad los criterios de justicia económica y el comportamiento de un gobierno derrotado en su propio campo, convirtiéndose de la noche a la mañana, de solución de los problemas, a ser considerado el principal problema.
Hay voces, como la del politólogo Toussaint, que entiende que la deuda pública del Estado Español (aplicable a otros países), utilizada para rescatar bancos, y cuyos gestores son parte de los problemas de la crisis económica, es una deuda “ilegitima” por mucho que se quiera ocultar la realidad. Porque hay una extensa doctrina que defienden desde el Derecho Internacional, los abusos sobre deudas contraídas por los Estados para fines no conformes a dicho derecho cuando afectan a los derechos humanos fundamentales. Así lo expresa el articulo 53 de la Convención de Viena y el articulo 5 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Si además por causa de los mismos se merman los derechos laborales, económicos, sociales y culturales y se lesiona el derecho a la soberanía, es más grave, porque “ningún pueblo podrá ser privado de sus propios medios de subsistencia” (artículos 1 y 2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos).
Estamos ante el dilema, de si lo pactado ha traspasado los límites de la equidad general y si como consecuencia en este proceso pudiera existir un enriquecimiento injusto, o un abuso de poder del gobierno en el ejercicio de sus funciones. Traspasar la línea brillante que traza el derecho público y comprobar lo que injustamente soportan los pueblos por un desgobierno, es esencial en un proceso de afirmaciones democráticas, y de resultados penosos para un largo periodo de desendeudamiento, que irá acompañado de una pobreza y regresión social alarmante. El hecho de vivir inmersos en la crisis, sin conocer su salida, ni el total de su gravedad, ni los daños indirectos, ni su temporalidad, está fomentando, en personas y territorios, lo que se conoce como el “síndrome de Axtérix”, consistente en separarse del conjunto y retornar a su antiguo poblado para resistir a los expolios “del imperio”.
La formula de la regla de oro, para establecer de inmediato el equilibrio presupuestario, y afirmar al mismo tiempo que se potenciará el crecimiento, está siendo perversa, y produciendo un efecto no deseado de más déficit, de menos ingresos públicos y más aumento de paro, con un crecimiento negativo de la actividad económica. Algunos ideólogos del neoliberalismo, llamaron “simplezas keynesianas” al efecto multiplicador que trasmitía un fuerte ajuste presupuestario y su efecto en cascada en la economía real. Ahora hemos conocido, según datos del FMI, los efectos negativos que los recortes presupuestarios han tenido con multiplicadores negativos sobre el PIB muy superiores de lo que se esperaba, y del estudio realizado por el Fondo, se desprende que por cada euro recortado, la caída del PIB ha sido del 1,7 euros, o sea, un efecto multiplicador de 1,7. Este efecto multiplicador es la causa del hundimiento de las economías del Sur, y la consecuencia ha sido rectificar las previsiones de déficit, y el FMI prevé un déficit del 7% para el 2012 y del 5,7% para el 2.013, muy superiores a las previsiones del gobierno.
Estas desviaciones no son indicadores aislados, según Eurostat, el coeficiente de Gini, que mide el nivel de las desigualdades en los países de la UE, o sea la diferencia entre las rentas más ricas y las pobres, ha subido 2,7 puntos desde 2008, que de un 31,3 ha subido a 34, más que ningún otro país europeo, superando en desigualdad a Grecia y Portugal. Es la consecuencia de la etapa de salarios en descenso para la mayoría, paro masivo y menos gasto social, perdiendo en este periodo de crisis, todo lo conseguido en las últimas décadas. Tenemos que manifestar nuestro temor, porque hemos olvidado que jamás resuelven los problemas quien los crea, por la sencilla razón que se limitan a desplazarlos, y eso es lo que han hecho los provocadores de esta crisis, desplazarnos su problema y titularizarlo a nombre de todos los ciudadanos. Y a eso le llamamos por paradojas de la vida “deuda soberana”.
Más artículos de José Molina, en su blog del Círculo de Economía
Esta situación nos ha conducido a una preocupación diaria de la prima de riesgo y las repercusiones que tiene sus alteraciones. Las noticias que han llegado de la reunión del FMI en Tokio, son alarmantes, porque si el Fondo ha previsto que la prima de España se puede poner en 750, es una de las peores noticias que nos puede llegar. Si además, los estudios realizados sitúan a la economía española en un crecimiento negativo del 1,3%, tenemos que replantearnos en profundidad los criterios de justicia económica y el comportamiento de un gobierno derrotado en su propio campo, convirtiéndose de la noche a la mañana, de solución de los problemas, a ser considerado el principal problema.
Hay voces, como la del politólogo Toussaint, que entiende que la deuda pública del Estado Español (aplicable a otros países), utilizada para rescatar bancos, y cuyos gestores son parte de los problemas de la crisis económica, es una deuda “ilegitima” por mucho que se quiera ocultar la realidad. Porque hay una extensa doctrina que defienden desde el Derecho Internacional, los abusos sobre deudas contraídas por los Estados para fines no conformes a dicho derecho cuando afectan a los derechos humanos fundamentales. Así lo expresa el articulo 53 de la Convención de Viena y el articulo 5 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Si además por causa de los mismos se merman los derechos laborales, económicos, sociales y culturales y se lesiona el derecho a la soberanía, es más grave, porque “ningún pueblo podrá ser privado de sus propios medios de subsistencia” (artículos 1 y 2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos).
Estamos ante el dilema, de si lo pactado ha traspasado los límites de la equidad general y si como consecuencia en este proceso pudiera existir un enriquecimiento injusto, o un abuso de poder del gobierno en el ejercicio de sus funciones. Traspasar la línea brillante que traza el derecho público y comprobar lo que injustamente soportan los pueblos por un desgobierno, es esencial en un proceso de afirmaciones democráticas, y de resultados penosos para un largo periodo de desendeudamiento, que irá acompañado de una pobreza y regresión social alarmante. El hecho de vivir inmersos en la crisis, sin conocer su salida, ni el total de su gravedad, ni los daños indirectos, ni su temporalidad, está fomentando, en personas y territorios, lo que se conoce como el “síndrome de Axtérix”, consistente en separarse del conjunto y retornar a su antiguo poblado para resistir a los expolios “del imperio”.
La formula de la regla de oro, para establecer de inmediato el equilibrio presupuestario, y afirmar al mismo tiempo que se potenciará el crecimiento, está siendo perversa, y produciendo un efecto no deseado de más déficit, de menos ingresos públicos y más aumento de paro, con un crecimiento negativo de la actividad económica. Algunos ideólogos del neoliberalismo, llamaron “simplezas keynesianas” al efecto multiplicador que trasmitía un fuerte ajuste presupuestario y su efecto en cascada en la economía real. Ahora hemos conocido, según datos del FMI, los efectos negativos que los recortes presupuestarios han tenido con multiplicadores negativos sobre el PIB muy superiores de lo que se esperaba, y del estudio realizado por el Fondo, se desprende que por cada euro recortado, la caída del PIB ha sido del 1,7 euros, o sea, un efecto multiplicador de 1,7. Este efecto multiplicador es la causa del hundimiento de las economías del Sur, y la consecuencia ha sido rectificar las previsiones de déficit, y el FMI prevé un déficit del 7% para el 2012 y del 5,7% para el 2.013, muy superiores a las previsiones del gobierno.
Estas desviaciones no son indicadores aislados, según Eurostat, el coeficiente de Gini, que mide el nivel de las desigualdades en los países de la UE, o sea la diferencia entre las rentas más ricas y las pobres, ha subido 2,7 puntos desde 2008, que de un 31,3 ha subido a 34, más que ningún otro país europeo, superando en desigualdad a Grecia y Portugal. Es la consecuencia de la etapa de salarios en descenso para la mayoría, paro masivo y menos gasto social, perdiendo en este periodo de crisis, todo lo conseguido en las últimas décadas. Tenemos que manifestar nuestro temor, porque hemos olvidado que jamás resuelven los problemas quien los crea, por la sencilla razón que se limitan a desplazarlos, y eso es lo que han hecho los provocadores de esta crisis, desplazarnos su problema y titularizarlo a nombre de todos los ciudadanos. Y a eso le llamamos por paradojas de la vida “deuda soberana”.
Más artículos de José Molina, en su blog del Círculo de Economía





















