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Opinión | La juventud toma la palabra
Viernes, 04 de Octubre de 2024
Natalia Cánovas (16 años)

La palabra es el único y principal motivo de nuestra existencia

La Juventud toma la palabra / Natalia Cánovas (16 años)

 

Vivimos en una sociedad gobernada por la ignorancia. No saber, y no querer saber. Dos definiciones que fueron totalmente distintas, pero que hoy toman un total y único significado, porque quien no sabe, es porque no quiere. Internet se ha encargado de recoger información desde el día de su invención, y con ello se han quedado grabadas las típicas palabras de abuelos que una vez fallezcan nadie más va a usar, y la sociedad se pregunta qué va a pasar con esos términos que no conocían hace tres segundos, los cuales se les van a olvidar y no van a usar bajo ninguna circunstancia. Y en mi sincera opinión, creo que al diccionario le faltan palabras.

 

El lenguaje es como la energía, ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Palabras que se usaban hace sesenta años hoy toman un valor insignificante, por no decir inexistente en la sociedad que hemos construido con los años, haciendo así que palabras como liróforo, ófrico, acocharse o embeleco, se cambiaran a poeta, oscuro, agacharse y engaño. Y para fenómenos así, explicación hay poca, más que el propio uso y desuso del lenguaje, de la evolución de las palabras y de la desaparición de objetos o situaciones que tenían nombre.


Esos 2793 huecos que las extintas palabras dejaron en los diccionarios en los últimos 100 años según la RAE, se rellenaron con los términos que usa la sociedad moderna. Palabras que realmente se acoplan a las necesidades de la población, y que acotan y ponen nombre a situaciones comunes actuales que antes no se llamaban porque no existían, surgiendo así vocablos como cortometrajista, masa madre, pixelar o postureo. Pero, ¿es beneficioso la evolución del lenguaje, aunque eso conlleve la desaparición de palabras que formaron parte o nombraron algo importante para la historia de una sociedad que comparten cultura e idioma?


Si lo miras desde cierto punto de vista, el fenómeno de la extinción lingüística puede suponer borrar una cultura, y con ello sus tradiciones o elementos representativos. Y, aunque ciertamente no es justo, poco se le puede hacer teniendo en cuenta que no hay nadie que ponga normas sobre la lengua, sino que es la propia sociedad quien lo adapta a sus necesidades. Porque la población tiene la necesidad de nombrar cosas. Y no es que estas palabras desaparezcan del lenguaje español como tal, más bien mueren en la memoria de las personas que no usan ciertos términos con regularidad, quedando olvidadas y marginadas hasta desaparecer por el simple hecho de que nadie recuerde su existencia.


Leer libros antiguos con vocablos que no reconozcas porque ya no existan te hará ciertamente más culto y será un increíble hobbie que te hará parecer interesante, pero siento decirte que aprender palabras del 1700 y usarlas en una conversación no te hará ser querido por la gente que te rodea, sino visto como un insufrible personaje que se cree más inteligente por introducir la palabra melindre en una conversación trivial.

 

La evolución del lenguaje es un proceso natural, y no precisamente algo nuevo, y aunque las redes sociales hayan hecho a los usuarios más expuestos al fenómeno de la extinción lingüística, poco se puede hacer por luchar a favor de palabras que parecen trabalenguas, porque la lengua es como la energía, ni se crea, ni se destruye, solo se transforma.

 

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