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Opinión |
Martes, 19 de Noviembre de 2024
María Elena Olea (farmacéutica)

Lactancia Materna, un súper alimento

María Elena Olea (farmacéutica)

 

“La lactancia materna es como una vacuna que previene miles de muertes infantiles por año, además de barata y segura.”

 

Cada día somos más conscientes de la importancia de la alimentación en la salud de nuestros hijos. Desde pequeños buscamos los mejores preparados infantiles, probióticos o suplementos que les ayuden a prevenir enfermedades, olvidándonos en ocasiones de aquello que nos ha acompañado desde el origen de nuestros días: la leche materna. A veces, debido a la influencia de las redes sociales u opiniones poco fundamentadas, no se le da el valor que realmente tiene. La leche materna también ha estado influenciada por las modas e incluso ha sido asociada al estatus social. En la década de los 50, era algo que practicaban las personas sin educación y de clases bajas. La práctica se consideraba anticuada y "un poco repugnante". En esta época, las mujeres de clase alta solían contratar nodrizas para que trabajaran en sus propias casas, como parte de una gran familia de sirvientes, y sus propios hijos eran enviados a otros lugares, normalmente criados con biberón en lugar de ser amamantados.

 

Sin embargo, hoy día, la evidencia científica no deja lugar a dudas: la leche materna es un alimento inigualable, imposible de reproducir en un laboratorio. Tanto es así que está prohibida cualquier publicidad de las leches artificiales tipo 1 (es decir, las que se usan desde el nacimiento hasta los 6 meses) y en sus envases tienen que advertir que no hay ningún producto que se equipare a la leche materna. Aunque la industria farmacéutica pone todo su empeño en mejorar cada vez más sus fórmulas, a día de hoy es algo imposible de conseguir, pues además del valor nutricional, la leche materna aporta, en un momento crucial de la vida del recién nacido, donde su sistema inmune aún es inmaduro, hasta 3 millones de células inmunes que ayudan a prevenir numerosas enfermedades, como el riesgo de leucemia linfoblástica aguda (el cáncer infantil más común), la muerte súbita, la obesidad, problemas de atopía o diabetes, y a disminuir la virulencia de determinados virus más cotidianos como pueden ser los causantes de gripes, resfriados o gastroenteritis. Incluso nuestro cuerpo es capaz de detectar que nuestro hijo está enfermo e ir cambiando su composición en función de las necesidades del amamantado, pues es un líquido vivo.

 

Aunque todos estos beneficios ya convierten a la leche materna en un súper alimento, no debemos subestimar la importancia que tiene para la madre. Y es que, aunque tradicionalmente sus beneficios se han asociado exclusivamente al recién nacido, desde el primer momento en el que comienza la succión se fomenta el vínculo entre la madre y su hijo, reduciendo así el riesgo de depresión posparto. Además, se libera oxitocina, una hormona que ayuda al útero a regresar a su tamaño normal más rápidamente, reduciendo así el riesgo de hemorragias posparto. También supone la quema de calorías (entre 500 y 600 kcal al día o incluso más en caso de embarazos múltiples), lo que ayuda a la madre a recuperar su peso de manera natural. A largo plazo reduce el riesgo de cáncer de mama y ovario, mejora la salud cardiovascular, y reduce el riesgo de osteoporosis, de desarrollar enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide y de diabetes.

 

Algunos mitos han acompañado a las mujeres a lo largo del tiempo, causando inseguridades a la hora de amamantar y llevando incluso al abandono, como son: el “tamaño del pecho”. Sin embargo, este no influye en la producción de leche; la producción es un proceso hormonal controlado principalmente por la oxitocina y la prolactina, estimuladas a su vez por la succión del recién nacido. Solo en casos muy puntuales, como la insuficiencia glandular mamaria o senos hipoplásicos, la producción puede verse afectada. El hecho de “dar a luz por cesárea” tampoco imposibilita la lactancia. Lo que puede producirse es un retraso en la liberación de estas hormonas con respecto a un parto vaginal. En este caso, podemos facilitar el proceso manteniendo el contacto con el bebé, estimulando el pecho y ayudando a sobrellevar el dolor de la cesárea con posturas cómodas. La creencia de que en los “partos múltiples” no se produce suficiente leche es falsa; la producción está asociada a la ley de oferta y demanda. Por tanto, cuanto mayor sea la succión, mayor será la producción. Y, por último, la incansable frase de “tu leche no alimenta”, además de ser demoledora, es totalmente falsa. La leche materna siempre alimenta, desde el nacimiento como alimento principal en forma de calostro hasta pasados los dos años o más (que es el tiempo mínimo recomendado por la OMS), como complemento a su alimentación, aportando nutrientes y reforzando su sistema inmune.

 

Hay casos en los que, por enfermedad, motivos fisiológicos o simplemente por motivos personales, la lactancia no puede llevarse a cabo. En este caso, lo importante es hacer lo mejor posible dentro de nuestras posibilidades y de nuestra realidad, porque lo primero que necesita un bebé para crecer sano es una madre sana emocionalmente. La lactancia materna es el primer paso para mejorar nuestra salud y la de nuestros hijos, pero no es el único. El resto de la alimentación durante toda su vida desde el inicio de la alimentación complementaria, sumada a hábitos saludables, es indispensable para su correcto desarrollo y prevención de múltiples enfermedades.

 

Para recordarnos la importancia de la leche materna, hay una Semana Mundial de la Lactancia Materna en la que se rinde homenaje a las madres que dan el pecho y se explica el modo en que las familias, la sociedad y el personal de salud pueden prestarles apoyo, empezando por el seno del hogar. Y es que uno de los motivos más comunes, y que a menudo se pasa por alto, que hace que la lactancia no pueda llevarse a cabo, es el estrés y la fatiga en la madre. Por lo tanto, debemos brindarles todo el bienestar, confort y ayuda que necesiten, pues están haciendo algo único: seguir dando vida después de dar a luz. Por tanto, cuidar de las madres debería ser un imperativo en una sociedad en la que la cultura del biberón se ha impuesto con la excusa de una igualdad que, en este caso, es imposible de conseguir.

 

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