Pasacalle de los "judíos" 2025.
En ese goteo incesante, pero pausado, de señales inequívocas que nos indican la cercanía cada vez más cálida de la Semana Santa encontramos varias tipologías: visuales, olfativas, fisicas… Y, por supuesto, sonoras. Hay ciertos personajes que forman parte indispensable de la cultura cofrade de Cartagena. ¡Que corazón no ha brincado con el redoble soldadesco y familiar de los judíos en la procesión del Santo Entierro!¡Cómo no sonreír, con el espíritu henchido de platas y de plumas, cuando los vemos perderse camino de donde todos sabemos!
Pero para alcanzar ese cénit de la semana grande de Cartagena, esa hora en punto que solo marca el reloj de cada uno, todo necesita su preparación, su tiempo, la humanidad que antecede a la magia. Uno de los símbolos de la Cuaresma cartagenera es el pasacalle de los Soldados Romanos de la Cofradía Marraja.
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Los conocidos, popularmente, como “judíos” han estado estas semanas recorriendo las calles de la ciudad preparando y marcando sus pasos antes de anudarse las sandalias y ceñirse las golas. Como quien sacude en el ático de la memoria una fotografía antigua, con cada pisada se despiertan los cimientos de la trimilenaria y, en los ánimos y en los ojos de los cartageneros despuntan brillos de ilusión.
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Una alegría que despierta el soniquete que pone a mil el corazón de los cartageneros, el 'Perico Pelao'. Una marcha lenta con la que los soldados romanos acompañan al Jesús Nazareno desde la Lonja de Santa Lucía hasta su encuentro con la Pequeñica. Precisamente, el poder escuchar este emblema musical de la Semana Santa de Cartagena es uno de los motivos por los que Salvador Paredes García continua al frente de la agrupación.
Una agrupación que "ha evolucionado de la mano de todos y cada uno de los que hemos pasado por aquí", ha afirmado a MurciaEconomía Salvador Paredes. Uno de los testigos de esa trasformación es José Álamo Conesa, 'El Tuercas', defensor y colaborador de la Semana Santa de la ciudad. "Es nuestra semana grande, ojalá todos los días pudieran ser Semana Santa", ha afirmado Álamo Conesa.
Por su parte, Miguel Fernández, ha destacado "la diferencia" que existe entre los cortejos actuales y los de hace treinta años. "A pesar del avance del laicismo en la sociedad actual, la Semana Santa de Cartagena es ejemplo de devoción y creencia en las calles. Una catequesis andante", ha añadido.
El histórico Leonardo Bódalo, comisario general vitalicio de la Cofradía Marraja, ha afirmado que "le gustaría que la agenda cofrade se repartiera durante los 365 días del año para poder disfrutar de todos los actos propios de las distintas agrupaciones".
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En eso coincide también Paredes García. Un amante de los cortejos pasionarios de la urbe y, por supuesto, de los desfiles marrajos. "La posiblidad de salir vestido de judío, tanto en el Encuentro como en la procesión del Santo Entierro es un privilegio que no puede tener todo el mundo", ha concluido el presidente de los Soldados Romanos de la Cofradía Marraja.
Un legado que se remonta al siglo XVI
La Cofradía Marraja, cuyo origen se sitúa en el siglo XVI, ha mantenido una de las tradiciones más arraigadas de la Semana Santa cartagenera. Como hemos dicho, fue en 1752 cuando la cofradía incorporó en sus filas a los Soldados Romanos y desde entonces, su presencia en las procesiones se ha convertido en un sello distintivo de la ciudad portuaria. Precisamente, en la Iglesia de Santo Domingo poseen una capilla con un retablo barroco único en Cartagena.
Estos "judíos" no son penitentes, sino figuras que aportan un componente histórico a las procesiones. Con sus armaduras relucientes, cascos con plumas de marabú y lanzas en alto, su paso firme y sincronizado evoca la imagen de una legión romana desfilando.
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El paso del tiempo no ha sido ajeno a los Soldados Romanos de la Cofradía Marraja, ni en sus trajes ni en sus pasos. Como bien recoge Francisco Mínguez Lasheras en su libro Armados del Nazareno, momentos de esplendor y crisis han marcado su evolución. La procesión de Viernes Santo de 1982 es un claro ejemplo de cambio, con la incorporación del trono y tercio del Expolio de Jesús, perteneciente a la Agrupación del Sepulcro, presidida entonces por Pedro Ferrández Flores. Dos años más tarde, en 1984, este pasó a desfilar en la madrugada del Viernes Santo, destacando la figura de un judío ataviado con el mismo traje que los de la agrupación, obra del escultor Juan Abascal Fuentes.
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Ese mismo año, los Marrajos sumaron una nueva incorporación a su desfile de madrugada: el tercio y trono de la Condena de Jesús, de la Agrupación de la Agonía, con José Ramón Ballesta como presidente. En 1984 también se recuperó la figura de Pilato y se estrenaron nuevas túnicas para los judíos.
Finalmente, en 1988, la Agrupación de Judíos restauró su estilo tradicional y su indumentaria, marcando así el regreso definitivo a su identidad histórica. Sólo queda decir ¡Viva a los judíos!





