La Unión, Semana Santa minera
Cristo de los mineros. López de Alarcón, obra digital.
Nuestra obra de hoy es un homenaje de la artista a los desfiles pasionales de La Unión, al pueblo que desfila y siente cada año la Semana Santa en clave minera. La ya célebre cofradía del Cristo de los Mineros, cuyo hermano mayor es José Cortado, nos transporta cada Jueves Santo a una atmósfera donde se mezcla el fervor con la pasión; lo religioso con lo majestuoso; y las imágenes con la tradición minera.
Las procesiones de La Unión se remontan a los años de la independencia del municipio, que se llamaba todavía Herrerías, concretamente a 1867, momento en el que el joven cartagenero Adolfo Bilbao Jiménez y un grupo de amigos pusieron en marcha unos desfiles en clave cartagenera que salían solo el miércoles y el viernes. En 1913 un grupo de empresarios fundó la cofradía del llamado entonces Cristo de los bomberos, que ya merecía a su paso por las calles (en pleno auge del trovo y los cantes) saetas como ésta:
Sangraban los pies de Cristo
Camino del Calvario,
El dolor de la saeta
Quedó en el aire temblando…
Tras unos años de bonanza económica, La Unión vivió unos momentos de despoblación y crisis, desapareciendo las procesiones (no así el fervor religioso) en 1927. Tras la Guerra Civil, en los años 40, de la mano de las familias Barrionuevo y Bernabé, se repusieron las imágenes destruidas y se compraron las de San Juan, Jesús Nazareno y la Soledad. Desde 1958 los desfiles pasionales adquieren su personalidad definitiva, saliendo en la noche del Jueves Santo la primera procesión en solitario del ya Cristo de los Mineros, con los elementos que definen la personalidad y la cultura de la Sierra Minera.
Tras otra importante crisis, la Cofradía se renueva en 1992, de forma que hoy en día está compuesta de siete agrupaciones y tiene un gran tirón popular, pues son unas procesiones que destacan por su singularidad, incluyendo la fuerza de sus saetas y su identidad minera. Así las calificaba el inolvidable Pascual García Mateos:
El Jueves Santo es el día de más emoción y dolor en nuestra ciudad, los Oficios divinos que se celebran a las siete de la tarde son seguidos por una numerosísima asistencia de fieles… Después, en aquella misma noche la ciudad en sus sombras encierra un misterio. Y del corazón de todos sus hijos se escapa un sollozo; es al ver a los héroes del trabajo, a esos mineros que durante todo el año trabajan en las oscuras galerías.
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