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Vivir en Cartagena

Desde Zeneta. Óleo y acrílico sobre tabla. Obra de López de Alarcón.Desde Zeneta. Óleo y acrílico sobre tabla. Obra de López de Alarcón.

Desde la playa de Zeneta, en el Poniente de Cabo de Palos, al otro lado del puerto, nos asomamos a través de la obra de la artista a un rincón de nuestra geografía, a unos trozos de nuestra historia: allá en lo alto de las calas imaginamos el paisaje minero que nos acompaña si caminamos en dirección a Calblanque, pues antes de llegar hasta sus blancas arenas y sus espectaculares salinas de Rafal, hemos de sortear entre elevadas pendientes y viejas minas un camino lleno de sensaciones.

 

Desde Zeneta, desde aquella vieja casa ya centenaria, si nos asomamos hacia Cala Flores podemos ver en lo alto del monte una antigua propiedad que dicen perteneció al director de una de las explotaciones mineras, la primera seguramente de las mil que hubo en dirección Isla Plana, y cuentan que tenía y tiene un pasadizo directo que lleva por el interior de la roca hasta el mirador que apunta al horizonte, y sigue hasta acabar dentro del mar.

 

Si desde ese rincón de Zeneta miramos hacia Cala Avellana podemos ver al fondo el promontorio donde se eleva altivo el Faro, donde hubo en la Antigüedad un templo y luego, antes de la soberbia torre que hoy nos alumbra, una viejo albero mil veces asediado; y si dirigimos la mirada un poco más abajo, hacia el otro lado del puerto, podemos ver a pie de muro los restos de lo que fueron los antiguos saleros de la Compañía Catalana; y al lado, donde se asienta el turismo en los nuevos restaurantes está la casa donde plácidamente sesteaba Juan de la Cierva, presidente entonces del Gobierno, cuando aquella triste tragedia del vapor Sirio.

 

Desde Zeneta puedo ver la bocana del puerto, que se hizo en nuestra Transición y que cruzábamos los niños una y otra vez en los años 70 en la vieja barcaza de cuerdas y amarres, que sirvió durante un tiempo de consuelo a los habitantes de un pueblo demediado y en dos partido. Y si bajo hasta la misma playa, puedo recordar la historia de un pueblo musulman que pobló en el medievo aquel rincón hasta que vino el poder cristiano, y luego los pescadores y los mineros; y que con el tiempo poblaron los veraneantes y los poetas, que trajeron una nueva modernidad, cargada de leyendas y viejas historias surgidas en los alrededores de aquella vieja morada que se atisba al fondo del cuadro y que algún día contaremos.

 

 

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