Las caras, graba las caras
El pasado día 9 de abril tuve el honor de asistir a la 47 Asamblea General de CROEM en la que pude comprobar, in situ, algunas verdades que me vienen rondando por la cabeza desde hace algún tiempo.
En primer lugar, la excelencia del tejido productivo de la Región de Murcia. Excelencia que no sólo se traduce en unas cifras de negocio dignas de reconocimiento, sino también por el empleo que generan y la difusión del nombre de la Región de Murcia por todo el mundo.
Además, todos mostraban preocupación por factores macro que, potencialmente, podían llegar a perjudicar el crecimiento agregado de la economía, tanto nacional como regional y, cada uno a su manera, me mostraban su punto de vista sobre la situación, pero siempre basando sus análisis en el largo plazo. Y eso es de agradecer.
En política ocurre justo lo contrario, lejos de plantear acciones que beneficien a toda la economía en el largo plazo, planteando soluciones y planes que nos lleven a mejorar la posición tanto individual como agregada, siempre pensando en disponer de mayores cotas de bienestar, en política se tiende al cortoplacismo. La búsqueda del rédito político inmediato es un lastre que perjudica gravemente nuestro bienestar. Y es que, cuando se omite el análisis de los efectos a largo plazo de las medidas económicas se toman decisiones equivocadas.
Estas resoluciones tienen, lógicamente, efectos no deseados y para justificar esas malas decisiones se tienen que hacer auténticos juegos malabares discursivos que, con frecuencia, suelen, incluso, tener peores consecuencias si cabe. Es la pescadilla que se muerde la cola.
En dicho evento López Miras sacó pecho por la evolución de los índices de la industria regional. Ahora bien, el hecho de contar con empresas de las que podemos estar orgullosos es perfectamente compatible con reconocer que el sector industrial no va bien en la Región de Murcia, y no va bien porque no están haciendo nada adecuado para ayudar al sector a largo plazo. Y todos los presentes lo sabían.
La Región de Murcia cerró el año 2024 con un crecimiento negativo de la producción industrial. Además, como ocurre en todos los indicadores que nos muestran “cosas buenas”, la Región de Murcia está por debajo de la media nacional. Es decir, que no sólo vamos peor que antes, sino que vamos peor que los demás y encima de todo, cada vez peor. El año 2025 no ha empezado mucho mejor. Se ha anunciado la elaboración de un nuevo Plan Industrial, que ha empezado a hacerse porque VOX lo reclamó hace ya aproximadamente un año.
El gobierno regional no cumple ninguno de los planes que anuncia. Además de no cumplirlos es que ni los ejecuta, caracterizándose por continuos retrasos en la puesta en marcha de las acciones contenidas. Si tenemos en cuenta que las competencias de industria, en vez de estar depositadas en la Consejería competente en materia de empresa, se encuentran en una consejería cuyo titular ha tenido que asumir las competencias que nadie quiere (Mar Menor, Medio Ambiente, etc.) permítanme que no sea muy optimista por cuanto al futuro industrial.
En definitiva, la Región de Murcia está perdiendo peso industrial. La industria genera empleos estables y de calidad y es por esta razón que ya se tenía que haber puesto en marcha un plan para reducir burocracia en esas empresas, para agilizar trámites administrativos, para reducir costes laborales y, todo, pensando en ayudar a que estas empresas mejoren su productividad.
Todo indica a que más pronto que tarde la economía se va a estancar. La deuda de los países está desorbitada, los precios suben de forma imparable por decisión de los Bancos Centrales y están haciendo que cada vez nos cueste más llegar a final de mes. Ante este panorama, tenemos dos opciones: o tomarnos esto en serio y emprender las políticas de largo plazo que la Región necesita, o seguir mintiendo sobre los indicadores adelantados y ser cómplices de la que se nos viene encima. El rey está desnudo y el traje le queda pequeño.






















