Gobiernico
Ramón Luis Valcárcel ha tardado menos, esta vez, en dar a luz su gobierno. En otras ocasiones demoraba más las decisiones, aunque siempre acababan con alguna improvisación. En esta ocasión, quizás forzada por la necesidad de reducir el número de Consejerías, la improvisación comienza desde el principio.Valcárcel ha nombrado gobiernos generalmente desparejos, con personalidades fuertes, competentes y preparadas que se sentaban en la mesa de los bajos de San Esteban junto a perfiles inexpertos, sin calado, como de usar y tirar. Hagan ustedes un repaso por los, qué les digo, tres o cuatro últimos y verán como identifican perfectamente a tirios y a troyanos.
Esta vez se ha parido un ratón, un gobiernico. Me explico: en la situación en que se encuentran las arcas públicas regionales, con el momento de crisis que se padece, el desplome de los ingresos y la deuda que se acumula y se va a tener que seguir acumulando, para mantener siquiera en funcionamiento básico la estructura pública (me refiero a escuelas, hospitales, centros asistenciales, etc.), hacen falta perfiles altos, serios, consolidados pero, sobre todo, sacrificados y comprometidos, para enfrentarse (lo subrayo) al vendaval con mano firme en el timón.
No veo ese perfil en el Gobierno de Valcárcel. Las personalidades que, pese a haber colisionado en ocasiones, lo han mantenido cohesionado, sobre todo en los momentos más difíciles, como Bascuñana y García, salen. Pero es que era García la que iba a San Esteban con las urgencias de las arcas murcianas bajo el brazo, y la tijera de recortar ínfulas y dispendios a sus compañeros de Gobierno, y exponía sin ambages a Ramón Luis cómo estaba la cosa y qué hacía falta para enderezarla. Y era Bascuñana quien, con el mayor de los sentidos de Estado que se podía encontrar en la sala, la apoyaba frente a la cólera de los responsables de las Consejerías gastadoras. Y no me hagan ponerles ejemplos.
Inmaculada García se echó a la espalda la responsabilidad de los recortes, la impopularidad de los ajustes, las críticas de sus compañeros que sólo constataban que no les permitía los gastos que creían necesitar, la soledad que acompaña a quien se enfrenta con propios y extraños, porque le vale más la lealtad, el compromiso, la abnegación y hacer lo que se debe hacer, en lugar de lo que proporciona el aplauso fácil, la foto, la popularidad. No hay de eso, y menos hoy, en el Palacio de Flomesta. Allí hay trabajo oscuro, poca inauguración, escasas buenas noticias, labor constante y ardua, incomprendida, sombría, difícil, ingrata.
Hay que desear, por la necesidad que de ello tiene la Región, que haya otra mano dura, otra conciencia clara, otro Mister NO en el Palacio regional; otro Pepito Grillo a la vera de Valcárcel en materia económica y financiera que, como Inmaculada, no tema hacerle ver la realidad por dura que sea y por exigentes, impopulares y perentorias que sean las medidas que precisen aplicarse.
Post Scriptum: Inmaculada García se va a su casa. He felicitado a su familia por recuperarla, después de ocho años en los que ella ha estado entregada a sus responsabilidades. Espero que algún día me explique las ofertas que sé que le hizo el presidente (tarde del jueves, 23 de junio, en San Esteban) y ella ha rechazado. Podría tener carrera en un próximo Gobierno del PP a nivel nacional. Gente de su valía, entrega y abnegación hacen más falta que pintones dicharacheros.




















