Papa Francisco.
"Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos". Así recoge San Mateo la doctrina del papado en la Iglesia Católica, una institución que afronta estos días uno de los periodos más decisivos de su longeva historia, tras la muerte del Papa Francisco.
Los orígenes del papado remontan a los tiempos del apóstol San Pedro hace casi dos mil años, cuando la mano derecha de Jesucristo se convirtió en el primer papa de la historia. La elección papal es un proceso complejo, estricto y diseñado hasta el mínimo detalle que ha sufrido modificaciones a lo largo de su historia. Desde el anuncio de su muerte, la votación del nuevo Pontífice hasta el entierro del difunto papa, todos los pasos a tomar están claramente delineados.
El Cónclave papal formado por el Colegio Cardenalicio de la Iglesia Católica tiene lugar en la Capilla Sixtina en la Ciudad del Vaticano. En 1970, el papa Pablo VI alteró las normas para restringir el derecho a voto a los cardenales mayores de 80 años. El Cónclave no puede comenzar antes de quince días después de la muerte del Papa ni después del vigésimo día. La deliberación puede durar varios días, a lo largo de los cuales se plantean distintos candidatos, y cuya votación requiere una mayoría de dos tercios para proclamar al nuevo papa.
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La elección del papa tiene lugar mediante un proceso democrático en el que todos los cardenales electores emiten el sentido de su voto de manera anónima. De hecho, los votantes deben de escribir el nombre del elegido en la papeleta con una caligrafía distorsionada, evitando cualquier signo que pueda revelar su identidad. La papeleta se debe doblar dos veces y, uno a uno, se acercarán al altar para depositar el voto.
En la primera jornada, el Cónclave solo puede llevar a cabo una votación y luego, en los días sucesivos, puede haber dos votaciones por la mañana y dos por la tarde hasta que quede elegido un nuevo papa. Si a la decimotercera votación aún nadie ha obtenido los dos tercios de los votos, hay una "jornada de reflexión" y "clérigos de gran sabiduría" predican a los cardenales para que se esfuercen. Si llegase el decimoquinto día sin que se eligiese nuevo Papa, los cardenales tendrían que decidir por mayoría simple como votar. Pero es prácticamente seguro que el Cónclave no durará más de dos o tres días.
Delegación española
Cuatro cardenales representarán a la Iglesia de España en el cónclave encargado de elegir a un nuevo pontífice: el arzobispo de Madrid, José Cobo; el emérito Carlos Osoro; el expresidente de la Conferencia Episcopal Antonio Cañizares; y Ángel Fernández Artime, con responsabilidades en la curia vaticana.
Todos ellos son menores de ochenta años o están a punto de cumplirlos en los próximos meses, requisito para participar en un cónclave que comenzará después de nueve días de las exequias por Francisco y de las subsiguientes Congregaciones Generales, una especie de diálogos entre papables previos a esa reunión de la alta curia.
¿Un papa asiático o africano?
Francisco fue el primer papa no europeo. Durante su pontificado ha cambiado la composición del Colegio Cardenalicio, con una mayor presencia de cardenales de África, Asia y América. Esto podría abrir la puerta a un sucesor de estos continentes. Actualmente, hay 252 cardenales, de los cuales 138 son electores, es decir, que pueden participar en el conclave para elegir al nuevo papa.
No todos los expertos creen que un papa africano sea la opción más inmediata. Julio Martínez Martínez, doctor en Teología,ha señalado en la Cadena SER que "por la misma situación de la iglesia en África, en este momento no es tan fácil. Pero que pueda ser asiático, perfectamente, o que vuelva a ser americano".
La elección del próximo papa será crucial para definir el rumbo de la iglesia. Si bien la mayoría de los cardenales han sido nombrados por Francisco, lo que sugiere una línea continuista, la historia muestra que los cónclaves pueden ser impredecibles.













