Cristo de la Flagelación

Francisco José Franco
Llega de nuevo la Semana Santa. Unos días previos a la procesión California me encuentro por la calle a Natalio Ruiz, presidente de la Agrupación del Cristo de la Flagelación, del que soy Hermano de Honor, y me invita a acompañarlo en la noche del Miércoles Santo una vez más. Unos metros más allá veo al Hermano Mayor Californio, Pedro Ayala, que me cuenta los pormenores de la Semana de Pasión de este año.
Son las 9 de la noche. En la Plaza de San Francisco, junto a la estatua del insigne actor Isidoro Máiquez, decenas de hermanos del Cristo de la Flagelación se concentran nerviosos esperando el ansiado momento que solamente una vez al año se vive. Nadie está tranquilo: unos porque debutan, otros porque se despiden, y todos por la posibilidad de que algo a última hora les impida salir. Natalio controla la situación: sabe que ha llegado la banda de música de Totana, y que todo está en su sitio: aún así, mira a derecha e izquierda y de vez en cuando consulta su reloj.
Las 9:35. Llega el antiguo árbitro Alonso Gómez, actual Presidente de la Hospitalidad de Santa Teresa, y otros amigos de la Agrupación para presidir con nosotros la marcha del Cristo por las calles de Cartagena. Abriéndonos paso entre la marea multicolor nos adentramos por la calle Jara y pronto nos dan acceso a la iglesia. Nos acomodamos como podemos bajo el trono, donde los portapasos aguardan concentrados y expectantes nuestro turno de salida. El tiempo pasa rápido, nos colocamos delante del Cristo y comenzamos a desfilar. Salimos de Santa María con orden y buen ritmo, la procesión está en la calle. Llegamos a la calle del Aire con paso alegre y comenzamos a entrar en calor, saludando con naturalidad a unos y a otros, dando postales con la imagen del Trono a todo el mundo y caminando al ritmo que marca la serpiente multicolor. Disfrutamos del momento, mientras vemos que todo está en su sitio, que marchamos en orden y concierto.
2:45 horas. Según marca la hora es ya Jueves Santo. Entramos de nuevo a la iglesia, donde suena con estruendo la música, y somos conscientes de que todo ha terminado cuando nos retiran con prontitud la vara procesional y seguimos una fila continua que nos lleva, sin más despedida, sin mayor protocolo, hasta la calle. Tras nosotros vendrán otros tronos, y tras estos otras procesiones, y otras Semana Santa…y va pasando la vida mientras esperamos salir de nuevo el año que viene.
Francisco José Franco




















