
Fran Alcoy, con más de 550 partidos a sus espaldas, es una voz autorizada en los banquillos del fútbol español. Tras una larga trayectoria en clubes como Cartagena, Talavera o los filiales de Atlético de Madrid y Villarreal, el actual técnico del Águilas FC repasa su evolución como entrenador, los retos de trabajar en categorías duras y su conexión especial con proyectos que marcaron su carrera. A las puertas de un partido decisivo frente a La Unión, su anterior equipo, Alcoy se muestra sincero sobre el sufrimiento y la pasión que acompañan a su profesión.
Fran, llevas muchos años en los banquillos del fútbol español. ¿Cómo definirías tu evolución como entrenador desde tus inicios hasta hoy?
La verdad es que ha sido un camino muy largo. Tengo 56 años y comencé a entrenar con 32, así que ya son muchos años en los banquillos, por lo que en mi carrera profesional de entrenador he tocado de todo. He pasado por filiales de clubes importantes como el Atlético de Madrid, tres años o el Villarreal dos años, cinco años en el Cartagena, además de equipos importantes como el Polideportivo El Ejido, el Talavera, donde estuve seis temporadas consecutivas, UD Alzira y ahora el Águilas. Más de 550 partidos dirigidos en total. He trabajado con perfiles muy distintos de jugadores, desde promesas de cantera hasta plantillas con experiencia. Ha sido un recorrido largo, costoso, pero muy enriquecedor.
Has pasado por clubes con filosofías muy distintas. ¿Cuál consideras que ha sido el proyecto más enriquecedor a nivel personal y profesional?
Sin duda, Talavera. Estuve seis años consecutivos, más de 270 partidos oficiales. Es muy difícil mantener esa continuidad en un mismo banquillo. Conseguimos ascensos, viví momentos buenos y malos, y maduré mucho tanto como persona como profesional. Lo considero mi segunda casa. También guardo muy buen recuerdo de Cartagena, donde estuve cinco temporadas y de los filiales, que me dieron otra perspectiva del fútbol. Pero si tengo que elegir un proyecto que me marcó, ese fue el Talavera.
¿Qué enseñanzas te ha dejado trabajar en categorías como Segunda o Tercera, alejadas del foco mediático pero llenas de competitividad?
Son categorías muy duras. A menudo tienes que enfrentarte a muchas adversidades fuera del propio juego, como campos que no están en buen estado, condiciones difíciles, situaciones imprevistas. Y, aun así, las exigencias son las mismas. En este trabajo mandan los resultados, aunque no siempre dependen de uno. Muchas veces haces bien las cosas y no salen, otras haces lo mismo y sí salen. Eso te endurece, te forma y te enseña a aceptar lo impredecible del fútbol. Es un mundo muy difícil donde la mayoría sufrimos más de lo que disfrutamos. El éxito es para muy pocos.
¿Influye tu conocimiento de La Unión y su entorno en la forma de plantear este partido a nivel táctico y estratégico?
Hoy en día todos los equipos nos conocemos perfectamente. Aunque no hubiera entrenado allí, habría estudiado a fondo al rival porque tenemos acceso a todos los partidos. Pero es cierto que haber estado en La Unión me da cierta ventaja porque conozco el campo, las dimensiones, el tipo de césped artificial, y eso te obliga a plantear el partido de una forma concreta. No es lo mismo jugar en El Rubial que en su campo. Ellos están muy adaptados a ese terreno, aunque también creo que les perjudica, porque tienen jugadores muy técnicos que rendirían aún mejor en césped natural.
¿Qué opinas sobre la situación extradeportiva y la posibilidad de que La Unión cambie de sede? Es algo que afectaría mucho a su afición.
Es un tema delicado y se me escapa. Yo siempre he creído que un club debe jugar en el sitio donde nació, porque eso crea identidad. No soy partidario de los equipos que se trasladan de ciudad, pero también entiendo que en estas categorías es muy difícil sostenerse sin apoyo económico. Los ingresos son mínimos y los gastos muy altos. Si eso obliga a buscar soluciones externas, lo entiendo, aunque repito que no sé si es viable o no porque son cuestiones federativas. Mi opinión es que un club debe estar arraigado a su lugar, pero respeto lo que se decida.
¿Cuáles son tus objetivos con el Águilas esta temporada? ¿Qué papel puede jugar el equipo en la categoría?
No lo tenemos fácil. La derrota ante el Villanovense nos hizo mucho daño, fue un partido que merecimos ganar claramente, pero el fútbol es caprichoso. Ahora hemos recuperado sensaciones y vamos a este partido con la idea de ganarlo, aunque sabemos que será muy difícil. La Unión juega por ser campeón, nosotros por mantener opciones hasta la última jornada. Es un grupo muy complicado, con equipos que aspiraban a ser campeones y ahora están luchando por no descender. Ojalá el fútbol nos devuelva ahora lo que nos ha quitado durante la temporada.
¿Qué mensaje mandas a la afición del Águilas y a quienes han seguido tu trayectoria desde otros clubes?
Vamos con todo. Sabemos lo difícil que es el partido, pero estamos convencidos de que podemos ganarlo. La Unión ha hecho una temporada impresionante, de los últimos 39 puntos, han sumado 35. Eso no lo consigue casi ningún equipo en el fútbol nacional. Me alegro mucho por ellos, dejé allí muchos amigos, desde el presidente al cuerpo técnico. Ojalá ganemos nosotros y ellos sean campeones. Se puede dar. Entre ellos y el Torremolinos está el campeón, yo quiero que sean ellos, pero el domingo nosotros tenemos que darlo todo porque solo nos vale la victoria.
¿Qué opinas de que la situación del FC Cartagena haya trascendido al ámbito político?
Llegué a Cartagena con Paco Gómez y estuve cinco temporadas. Vivimos un proceso de transformación, desde cambiar el escudo y el nombre del club que antes era Cartagonova, hasta pelear por ascensos. Le debo mucho al Cartagena, me abrió muchas puertas y me enseñó mucho. Es un club con una afición enorme y con mucha historia. Estoy convencido de que volverá pronto al fútbol profesional. Ahora han perdido la categoría, pero tienen que rearmarse y preparar un nuevo proyecto. Es un club que tiene mucha historia.
¿Qué sueños o retos te quedan por cumplir como entrenador?
En este mundo simplemente seguir trabajando ya es mucho. Cada vez hay más entrenadores y acceder a un banquillo es muy difícil. Yo valoro mucho estar en un sitio donde me sienta a gusto, no solo el nombre del equipo. Que el entorno y el proyecto me encajen es clave. Mientras pueda seguir en esto y compitiendo cada año por lo máximo, estaré contento.








