Cateto a babor

Ramón Galindo
En los años sesenta, en una España aún con una población muy rural, era muy frecuente la llegada al servicio militar obligatorio de algunos labriegos de tierra adentro, cuya cultura era bastante escasa. Y no menos fácil era enseñarles a marcar el paso y a pronunciar algunas palabras del argot militar, entre ellas “cartucho”; muchos no salían del “carchuto” hasta la tercera imaginaria.
El cartucho de munición está compuesto principalmente por la bala y la vaina, con su correspondiente fulminante y carga de pólvora, nada que ningún cazador o aficionado al tiro no pueda fabricarse en su casa con una rudimentaria prensa. Y así continuamos, con una jarka de catetos que no distinguen una bala de un cartucho, que en plural serían municiones.
Pero esta historia de las municiones de la Guardia Civil no es la primera vez que sucede; ya hubo otro “cateto y a la sazón también putero” que, habiendo sido intocable Director General de la Guardia Civil —y, como no podía ser de otra forma, del PSOE—, creó una constante en el asunto de las municiones de la Benemérita. Luis Roldán, que así se llamaba el angelito y que, por cierto, mirándolo con cariño, físicamente tenía toda la cara de Ábalos, también se dedicó a comprar las municiones por ahí, concretamente en el recóndito sudeste asiático, en Laos. Donde casualmente apareció cuando posteriormente estuvo buscado por la Justicia española, y donde, ¿quién sabe?, si no tendrán que irse más de uno a esconderse.
Las municiones de armas cortas y subfusiles de la Guardia Civil son concretamente del calibre 9x19 mm, más conocidas como 9 Parabellum. Esta cartuchería es muy fácil de fabricar y la materia prima sencilla de obtener; prácticamente, es como hacer churros. De hecho, en España se fabrican de excelente calidad, y lo que parece ser por el concurso público de adquisición, también a precio muy competitivo.
Pero estos catetos de “las balas”, que posiblemente las únicas que habían visto antes eran las de paja y las que misteriosamente recibían por correo, a excepción de sus socios de Gobierno —que sí entienden mucho de las Parabellum, que eran precisamente las que usaban para asesinar, incluso a los propios del PSOE—, aunque entre ellos, como Patxi López, lo mismo porte el ataúd del asesinado que “se las tome” después con los del tiro en la nuca. Nada menos detestable que Marlaska, que antes debería de haberlos perseguido y ahora se sienta con ellos. Y que, en vez de buscar los recursos por aquí, se van por ahí y acaban por los cerros de Úbeda.
Y más catetos aún son los que piensan que anular un contrato —que, entre todos, aún sin efecto, vamos a tener que amokinar— es la solución al asunto.
Según los datos publicados en la Plataforma de Contratación del Estado, hay al menos otros 31 contratos de compra de armamento a empresas de Israel, por un valor de 1.041 millones de euros.
Y lo que les molesta a los catetos es que Israel fue atacada, invadida, y a sus hombres los arrastraron por las calles amarrados de los pies a los ganchos de remolque de sus 4x4 y los asesinaron; a sus mujeres las vejaron y se ensañaron con sus pechos y sus órganos sexuales; y a sus bebés los secuestraron. Y si bien es cierto que fueron a recuperar a los secuestrados con una respuesta contundente, la única que entiende el terrorismo, y que a pesar de ello, de las presiones internacionales y de la liberación de cientos de presos terroristas, los del Kalashnikov y la kufiya siguen teniendo en cuevas —o muertos— a muchos de sus rehenes.
Pero estos catetos de “las balas” siguen usando la kufiya a modo de pañuelo palestino para posar en las “manifas”, ya que la camiseta del Ché ya no mola, quizá porque alguien les haya leído sus memorias y lo que pensaba y hacía el comandante Ernesto Guevara, precisamente con una 9 mm respecto de los homosexuales.
Ramón Galindo




















