foto de archivo
“Mato por pilas, una radio o lo que sea que me permite enterarme de lo que pasa si se va todo al garete". Esa frase, soltada entre empujones en la cola de un supermercado, resume el caos vivido ayer en decenas de establecimientos de la ciudad. Supermercados, tiendas de conveniencia y, sobre todo, comercios chinos fueron tomados por asalto por una avalancha de ciudadanos desesperados por abastecerse de artículos básicos ante la creciente alarma social por un posible apagón masivo.
Desde primeras horas de la tarde, las estanterías comenzaron a vaciarse a una velocidad inusitada. Las pilas AA y AAA fueron las primeras en desaparecer. A continuación, las radios portátiles, linternas, garrafas de agua embotellada, papel higiénico y alimentos enlatados se convirtieron en tesoros de primera necesidad. Algunos comerciantes, visiblemente abrumados, apenas podían reponer lo que salía.
Lo que comenzó como una compra por si acaso se transformó en cuestión de horas en un frenesí colectivo, con escenas de tensión en las cajas y discusiones por los últimos rollos de papel. “Esto parece la pandemia otra vez”, comentaba una clienta con el carrito lleno hasta el borde.
Aunque las autoridades han llamado a la calma y desmentido que exista una amenaza inminente, el miedo —como ya ha demostrado otras veces— es capaz de vaciar estanterías mucho más rápido que cualquier comunicado oficial.
En este escenario de nerviosismo creciente, la pregunta que queda en el aire es: ¿estamos reaccionando con previsión o dejándonos llevar por el pánico?













