La Iruela y el Arsenal de Cartagena

Vuelvo a Jaén, provincia que recorrí de norte a sur en mis tiempos de profesor debutante e investigador histórico. Comparto unos días de asueto y recorridos culturales y turísticos por la Sierra de Cazorla: desde La Iruela salimos cada mañana un numeroso grupo de veteranos caminantes a recorrer esos territorios tan llenos de historia y tan relacionados con nuestra tierra.
De la mano de David, guía turístico de La Iruela, ascendemos hasta las atalayas que defendieron otrora la comarca de los muchos enemigos que la asediaron. Mientras subimos con él hasta las alturas de la localidad vamos recordando la historia de la sierra, llena de vestigios del pasado prerromano. Pronto la conversación deriva hacia el recuerdo de la batalla de Las Navas de Tolosa, allá por el año 1212, que fue la llave que abrió definitivamente la puerta de la conquista de los territorios defendidos por los almohades: fue desde estas sierras donde comenzó el avance de Fernando III hacia el sur, encomendando a su vástago, el entonces príncipe Alfonso, la singular tarea de ocupar la taifa de Murcia.
Pasaron los años y los siglos, y aquellas tierras jienenses se llenaron de castillos y atalayas, y el Reino de Murcia cobró un protagonismo especial en la toma de Granada y en el nacimiento de lo que luego sería un gran imperio, que basó su poderío en la construcción de grandes barcos en arsenales como el de Cartagena, que controló durante mucho tiempo la actividad maderera y comercial de todas estas sierras de Segura, Cazorla y las Villas, encuadradas territorialmente dentro del Reino y militarmente en el ámbito de la Capitanía General de Cartagena: aquellos ingenieros y marinos del XVIII, Jorge Juan, Vodopich y Feringan, soñaron con crear un gran eje de caminos y canales para el transporte de la madera y el trasvase de aguas entre nuestra costa y aquellas sierras por las que hoy nuestro guía nos conduce y que sentimos tan próximas a nuestra historia y a nuestros recuerdos.




















