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Opinión | Turisteando
Paco Morales
Lunes, 19 de Mayo de 2025
Paco Morales

Chiringuitos todo el año: una propuesta estratégica para el litoral de Cartagena

Paco Morales

El término chiringuito, hoy sinónimo de verano, cócteles y ocio frente al mar, tiene un origen sorprendente y lejano. Nació en las plantaciones cubanas, donde los trabajadores preparaban café colado gota a gota —chiringo— en rudimentarios filtros de tela. Aquel lugar improvisado donde se servía pasó a llamarse chiringuito. Décadas más tarde, la palabra cruzó el Atlántico con emigrantes y militares españoles y echó raíces en las costas del Mediterráneo.

 

“La expansión del turismo de masas en los años 60 favoreció la proliferación de pequeños puestos improvisados a pie de playa, que adoptaron el nombre de chiringuitos”. — López Palomeque, Universidad de Barcelona, 2001

 

Hoy, según la RAE, un chiringuito es un “puesto de bebidas al aire libre, situado normalmente en la playa”. Pero esa definición se queda corta. Actualmente, los mejores chiringuitos compiten en la élite de la gastronomía, ofrecen música en vivo, dinamizan la economía local y se integran en el diseño urbano con visión medioambiental.

 

“España lidera el modelo de chiringuito moderno: gastronómico, musical, elegante y perfectamente integrado en el entorno". — El Viajero (El País), julio 2022

 

En España conviven dos realidades: el chiringuito de playa, (situados directamente sobre la arena, dentro del dominio público marítimo-terrestre) desmontable y estacional, frente al chiringuito de costa. En este país montar un chiringuito de playa  es más difícil que poner en órbita un satélite”, me decía hace poco, entre resignación y sorna, el dueño de un pequeño bar en La Azohía. Y no le falta razón. Mientras Europa promueve usos sostenibles y razonables del litoral, en España —y particularmente en Cartagena— seguimos atados por una telaraña de restricciones, informes y negativas que ahogan cualquier intento de dar vida a nuestras playas durante más de tres meses al año.

 

Los chiringuitos de playa son una de las expresiones más auténticas de nuestra identidad costera: gastronomía local, empleo estacional, encuentro social y atractivo turístico. “Son la oficina más feliz del país”, decía un camarero de Cabo de Palos. Pero esa oficina está en peligro, no por falta de clientes, sino por los muros invisibles de la administración. Las competencias de Costas —bajo el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO)— han convertido la concesión de licencias en un laberinto burocrático. En Cartagena, basta con intentar abrir un chiringuito fuera del verano para comprobarlo.

 

Mientras en Marbella o Cádiz los chiringuitos funcionan como motores económicos todo el año, en Cartagena muchos siguen siendo estructuras efímeras, desmontables y fugaces. No por falta de demanda, sino por falta de voluntad política y administrativa. “Cada vez que quiero ampliar el horario o cambiar una viga, tengo que pedir tres permisos, contratar a un ingeniero y esperar seis meses”, afirma la dueña de un chiringuito en Los Urrutias. Y eso si hay suerte.

 

Resulta paradójico que se frenen negocios que generan empleo, impulsan el comercio local y, además, contribuyen al cuidado del entorno. Porque sí, muchos chiringuitos modernos apuestan por la sostenibilidad: placas solares, separación de residuos, baños accesibles y estructuras integradas en el paisaje. “No pedimos construir hoteles, solo servir sardinas sin miedo a la multa”, resume con humor un empresario de Playa Honda.

 

Cartagena tiene una de las líneas de costa más valiosas del sureste español. No aprovecharla, no permitir que exista vida más allá del verano, es un desperdicio. La gastronomía del Campo de Cartagena —con sus arroces y pescados,  sus salazones y su pan de pueblo— podría estar presente en las playas durante todo el año. Pero para Costas, la arena parece sagrada solo para dejarla vacía. Como decía Manuel Vicent: “España es un país que vive de espaldas al mar… salvo para ponerle trabas”.

 

Es hora de una revisión profunda de la Ley de Costas. Una que no confunda protección con parálisis, ni litoral con intocable. Los chiringuitos no son una amenaza: son una oportunidad. Y si no se les da espacio, el silencio de las playas se llenará de frustración. La nuestra.

 

“En septiembre recogemos todo. Es una pena, porque el clima aguanta hasta noviembre y la gente sigue viniendo”, lamenta María del Mar Cánovas, responsable de un chiringuito en El Portús.

 

En cambio, los chiringuitos de costa funcionan durante todo el año, cuentan con concesiones administrativas de medio o largo plazo (5, 10 o 15 años), ofrecen empleo estable y actúan como verdaderos motores de desarrollo económico, turístico y social.

 

“Con concesiones largas, puedes montar algo serio: invertir, innovar, comprometerte con el entorno y contratar personal fijo”, señala Javier Reina, gerente de la Asociación de Empresarios de Playa de Andalucía.

 

Cartagena cuenta con más de 40 kilómetros de costa y unas condiciones climáticas excepcionales: más de 300 días de sol al año, inviernos suaves y una temperatura media de 18,6 ºC. Sin embargo:

  • Las concesiones siguen aplicando criterios del norte de España.
  • Casi todos los chiringuitos son temporales y desmontables.
  • Las playas carecen de servicios durante ocho meses al año.
  • La inversión hostelera en el litoral es escasa fuera del verano.
  • El turismo crece, pero los servicios no acompañan su estacionalidad.

 

“En invierno, aquí solo hay bancos vacíos. No hay dónde sentarse a tomar algo mirando al mar”, denuncia Inés, jubilada cartagenera, habitual del paseo marítimo de Playa Paraiso.

 

Según datos de Hostecar, la hostelería costera pierde entre octubre y abril más de 20 millones de euros anuales solo en la comarca de Cartagena por falta de oferta estable en primera línea. A esto se suma la pérdida de más de 300 empleos estacionales que podrían convertirse en contratos anuales si existiera una red de chiringuitos de costa bien planificada.

 

La iniciativa que se plantea no consiste en urbanizar más playa, sino en dotar a Cartagena de una red selectiva de chiringuitos de costa en espacios donde no existen actualmente servicios de restauración junto al mar, priorizando el diseño sostenible, los productos locales y la experiencia del usuario.

 

  • La Manga (zonas urbanas con alta densidad turística)
  • El Portús, Isla Plana y La Azohía (playas semiurbanas con vocación gastronómica)
  • Playas del Mar Menor: (desde Punta Brava hasta Playa Paraíso).

 

Deberían cumplir ciertas características:

 

  • Concesiones de 15 a 25 años, según inversión.
  • Diseño arquitectónico adaptado al paisaje y la normativa ambiental
  • Programación cultural y social en temporada baja (conciertos, talleres, exposiciones)

 

“Con una buena normativa se puede hacer bien: respetar el paisaje, usar materiales naturales y ofrecer servicios todo el año”, propone Clara Llorente, arquitecta especializada en urbanismo costero.

 

La iniciativa exige voluntad política, coordinación entre administraciones y una actualización de los planes de ordenación litoral. Mientras municipios como Málaga, San Javier o Marbella ya han implantado modelos de chiringuito de costa con éxito, Cartagena sigue anclada en un sistema caduco y restrictivo.

 

“No se trata de llenar la costa de cemento, sino de crear espacios de calidad, integrados en el entorno y activos los doce meses del año”. — Colegio Oficial de Arquitectos de la Región de Murcia, 2024

 

La medida, además, encaja con los objetivos del Plan Estratégico de Turismo 2022-2026 de la Región de Murcia, que apuesta por desestacionalizar la oferta, diversificar el producto turístico y promover el desarrollo de zonas costeras con baja densidad urbanística.

 

El chiringuito ha dejado de ser un kiosco improvisado. Hoy puede ser un espacio gastronómico, cultural y económico con impacto real en la calidad de vida de los ciudadanos y la competitividad del destino. Cartagena tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de liderar un modelo innovador de desarrollo costero en la Región de Murcia.

 

Cartagena debe mirar al mar también en diciembre”, resume Luis Martínez, portavoz de la plataforma ciudadana por el desarrollo litoral. “Ya no basta con vivir del verano. Tenemos sol, historia, cultura… Solo falta dar el paso.

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