La catedral que no quieren levantar: Cartagena exige justicia histórica
Paco Morales
Cartagena, ciudad milenaria, crisol de culturas y cuna de la primacía eclesiástica en Hispania, sigue siendo testigo silente del abandono de uno de sus símbolos más significativos: la Catedral de Santa María la Vieja, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1931. Hoy, convertida en ruina, este templo no solo clama por su restauración arquitectónica, sino también por la recuperación de su dignidad histórica y eclesiástica.
“Aunque ya en ruinas, la Catedral de Cartagena sigue siendo símbolo de la persistencia cristiana y de la memoria histórica de la ciudad desde la Reconquista.”
— Pedro San Martín Moro, arquitecto y cronista, 1945
Muchos ignoran —o prefieren ignorar— que en Cartagena se fundó la primera catedral primada de España (título que podemos reclamar sin que nadie nos lo pueda negar), antes de que la sede se trasladara a Toledo. Santa María la Vieja encarna ese origen glorioso, pero también incómodo, quizás causa del prolongado olvido institucional.
Conviene recordar que una catedral es la sede del obispo, templo madre de una diócesis. Cartagena fue una diócesis clave desde la Antigüedad; su presbítero Eutiques participó en el Concilio de Elvira. En el cristianismo primitivo, los sucesores de los apóstoles eran presbíteros, no obispos. Así, Santa María simboliza la sede original hasta que, en 1291, fue trasladada a Murcia sin bula papal que lo legitimara. Esta irregularidad, ignorada durante siglos, fue probada por el historiador Iván Negueruela: el Vaticano nunca aprobó oficialmente el cambio.
Desde entonces, los obispos de la Diócesis de Cartagena —aunque llevan más de siete siglos residiendo en Murcia, tras ese traslado irregular— han pasado por alto esta anomalía. Aun así, Roma reconoció parte de la historia original de la diócesis, atribuyéndole una fundación apostólica por Santiago, también ajena al rito romano. Lo más doloroso es la indiferencia hacia la catedral original de la diócesis, Santa María la Vieja, situada en Cartagena, que sigue en ruinas desde la Guerra Civil. Es la única catedral en España que jamás ha sido restaurada, pese a que los daños comenzaron mucho antes, durante la Guerra Cantonal.
“La reapertura de Notre-Dame [...] sirve como un símbolo profético de la renovación de la Iglesia en Francia.”
— Papa Francisco, 7 de diciembre de 2024
“Este monumento del arte gótico está ahora de vuelta en su lugar legítimo dentro del sitio ‘París, orillas del Sena’, protegido por la UNESCO como Patrimonio Mundial desde 1991.”
— Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, 7 de diciembre de 2024
Pese a esta dimensión espiritual y simbólica, ninguna institución, ni civil ni eclesiástica, ha mostrado hasta hoy una voluntad firme de devolverle su dignidad. El reciente anuncio de una intervención parcial, con una cúpula moderna, no ha convencido a los expertos locales.
“Las catedrales no solo son testimonios de la destreza arquitectónica de sus constructores, sino también representan un profundo compromiso espiritual y cultural.”
— Estudio Eurisco, 19 de octubre de 2023
Por lo general, en esta sección que llamamos Turisteando, compartimos propuestas para impulsar el turismo en Cartagena, pero esta vez el propósito es otro. Este artículo nace del desánimo y la frustración compartida por miles de cartageneros que, durante décadas, hemos visto cómo las instituciones —tanto civiles como eclesiásticas— han relegado a la Catedral de Santa María la Vieja al olvido más indignante.
“Cartagena posee un enorme potencial turístico anclado en su patrimonio histórico. La restauración de la Catedral abriría una nueva dimensión en las rutas patrimoniales de la ciudad.”
— Informe de Turismo Cultural de la Región de Murcia, 2023
Hace apenas unos días, el Pleno del Ayuntamiento (que no ha sabido defender la demanda histórica de los ciudadanos) aprobó un proyecto que, en teoría, busca rehabilitar la catedral. Pero la realidad es muy distinta. Lo que se ha aprobado no es una restauración del templo, sino una simple cubrición del “solar”, como lo denomina ahora el propio Obispado, negándole incluso su identidad como lugar sagrado. Se habla de una cubierta y de unos cerramientos, pero no de devolverle a la Catedral su integridad arquitectónica, histórica y espiritual.
Lo grave no es solo la pobreza del proyecto aprobado, sino sus consecuencias a largo plazo. Porque, una vez que se construya esa cubierta, será prácticamente imposible retomar una rehabilitación integral del templo tal como fue concebido y edificado. Se creará la falsa apariencia de “algo hecho” y, con ello, el pretexto perfecto para cerrar la puerta —quizás por varias décadas, si no siglos— a cualquier iniciativa seria de recuperación completa.
Basta mirar a Francia para entender que cuando existe voluntad institucional, los monumentos renacen. Tras el incendio de Notre-Dame en 2019, su restauración integral se completó en apenas cinco años y ocho meses, reabriendo oficialmente el 7 de diciembre de 2024 con el respaldo del Estado y el entusiasmo de toda la nación. “Este logro ha devuelto a París el alma de su patrimonio histórico”, declaró el presidente Emmanuel Macron ese mismo día. ¿Por qué Cartagena no puede aspirar a lo mismo?
Tememos, con razón, que una vez inaugurado este parche, las administraciones y el propio Obispado nos digan que ya se ha invertido lo suficiente, que el asunto está cerrado, que no hay recursos, que toca esperar. Y mientras tanto, Santa María la Vieja —la primera catedral primada de España— seguirá siendo tratada como un solar, cuando debería ser símbolo de la dignidad histórica de Cartagena.
En la Antigüedad y la Edad Media, contar con una catedral no solo otorgaba prestigio religioso, sino también proyección política, económica y cultural a una ciudad. La sede episcopal atraía poder, recursos y decisiones que influían en la vida pública y social del entorno. Al perder Cartagena esa condición —tras el traslado irregular de su obispado a Murcia en 1291—, la ciudad fue progresivamente relegada del protagonismo eclesiástico y, con ello, de muchas dinámicas de influencia institucional que habrían reforzado su desarrollo y reconocimiento en los siglos posteriores. Esta pérdida contribuyó, sin duda, al largo periodo de marginación que aún hoy se percibe en torno a su legado histórico.
Cartagena no puede seguir consintiendo esta humillación. Debe recuperar el espíritu solidario que, en otras épocas, permitió levantar joyas como el Hospital de Caridad y otros edificios sufragados, en gran medida, por la propia ciudadanía. Hoy contamos con los medios técnicos, la documentación y el conocimiento necesarios: se conservan los planos originales anteriores a 1900, lo que hace perfectamente viable una reconstrucción fiel al estado del templo en 1850, aunque requiera dos décadas. Incluso se ha descifrado ya la fórmula del hormigón utilizado por los romanos, cuya durabilidad milenaria puede inspirar soluciones constructivas sólidas y sostenibles.
Proponemos que el Ayuntamiento de Cartagena apruebe por unanimidad la rehabilitación completa de la Catedral según sus planos originales; que se cree una cuenta bancaria específica para este fin, con al menos dos millones de euros al año, y se soliciten fondos al Estado y a la Unión Europea; que la Comunidad Autónoma aporte una cantidad proporcional dentro de sus presupuestos culturales; que el Obispado respalde formalmente el proyecto y lo impulse activamente; que las empresas cartageneras colaboren como mecenas del patrimonio y, por último, que se anime a la ciudadanía a participar desde solo un euro al año, para que cualquier cartagenero pueda sentirse parte de este renacimiento colectivo.
Cartagena tiene una deuda con su historia, pero sobre todo con su dignidad. No se trata solo de piedra y mortero. Se trata de identidad, justicia y memoria. Y ya es hora de levantarla.



















