Fachada del Ministerio del Interior.
En cada país de la UE, Europa significa algo distinto. Hay una leyenda que cuenta que la entrada de España en la Unión Europea vino motivada por el evidente paso a la democracia, pero también por la cercanía que tenía el presidente del Gobierno, Felipe González, con el canciller alemán, Helmut Kohl. El 12 de junio de 1985, hace 40 años, la firma del Tratado de adhesión de España a las comunidades europeas confirmó un paso político clave, pero también la realidad de que los avances históricos se dan a partir de eventos personales y de amistades forjadas.
La UE es una montaña rusa, y esos vértigos los ha vivido España desde la firma que estampó González hasta ahora, en tiempos convulsos para el bloque comunitario. ¿Cómo ha sido esta historia y quiénes la han escrito?
El primer elemento clave que hay que ver son los datos: cómo ha cambiado España desde su entrada en lo que se conoce como Unión Europea. Pasó de ser una potencia en el sector primario a integrarse en un mercado común que ya no solo es comercial, sino que además trata de ser también una unión política cada vez más consolidada. Ahora la imagen es otra: el año pasado, el valor total de la producción agraria en España ha alcanzado los 68.340 millones de euros y la renta agraria los 37.759 millones. El país ha logrado un superávit histórico en el comercio agroalimentario, con unas exportaciones que han marcado récords, ascendiendo a más de 71.000 millones de euros. España se ha consolidado como la segunda mayor potencia exportadora del sector en la Unión Europea, solo por detrás de los Países Bajos.
Desde su entrada en la UE en 1986, España pasó de ser un país receptor neto de fondos europeos -llegando a recibir hasta el 0,8 % de su PIB en ayudas- a convertirse en contribuyente neto en años recientes, sobre todo por no usar todos los fondos europeos que le llegan o por el efecto del fondo de recuperación. En 2023, aportó más de 13.500 millones de euros al presupuesto comunitario y recibió unos 12.100 millones, aunque ha sido uno de los mayores beneficiarios del fondo Next Generation, con casi 48.000 millones hasta 2024. En paralelo, el PIB español ha crecido notablemente: de unos 346.000 millones de euros en 1986 a más de 1,5 billones en 2024, reflejando la modernización económica facilitada, en parte, por estos fondos.
Ese europeísmo también se traslada a la arena política. En la actualidad, pocos países de la UE tienen entre sus dos primeras fuerzas a dos partidos políticos claramente decantados por el europeísmo, especialmente entre los Estados más grandes. España, sí: PSOE y PP, dos formaciones cuyas familias europeas han sido clave en la construcción de la UE. España, por tanto, no es ajena al contexto que vive Europa. El populismo ultranacionalista no ha tenido su catalizador en el antieuropeísmo como sí que lo fue en el Reino Unido, ni siquiera en asuntos que provocan gran división en la arena de la Unión, como la migración.






