Desmontando mitos: hay abogados que sí comunican
El otro día fui a hablar con un abogado -un vicio que no tenía y que por lo visto voy adquiriendo, en un mes he repetido en dos ocasiones- y recordé la afirmación de Voltaire de que “Los prejuicios son la razón de los tontos”.
En este artículo no voy a enumerar la lista, que reconozco amplia, de prejuicios que tenía (y algunos quedan) hacia estos profesionales del Derecho. Lo que pretendo es compartir una experiencia muy positiva de la que tomo nota para aplicármela a mí y que comparto con quien pueda estar interesado. Y es que hablando con este abogado volví a darme cuenta de la importancia de saber hablar para quien tienes delante y no para ti. La importancia de comunicar, que no es lo mismo que hablar ni que hablar mucho.
Manolo Martínez –así se llama el protagonista de esta historia- fue capaz de explicarme con un bolígrafo y un papel, dibujando siete círculos y un cuadrado, todo un proceso de protección de datos aplicado a nuevas tecnologías. Y lo más sorprendente para mí es que solo usó una palabra que yo desconocía, cuando viendo los escritos que presentan los del gremio tenía la firme convicción de que sí que había vida en otro planeta y eran los abogados quienes vivían en él.
Salí de aquella reunión con la capacidad de explicar perfectamente lo que él había conseguido transmitirme. Ideas claras y lógicas. Casualmente, lo único que he intentado recordar y no he conseguido es aquella palabra que no entendí. Porque lo que no se entiende no permanece.
Para saber comunicar es fundamental asumir nuestra responsabilidad a la hora de hacernos entender. Dejemos de pensar que “la gente es tonta” para plantearnos que quizás los tontos somos nosotros por perder tantas oportunidades de conectar con quienes nos rodean. Manolo podría perfectamente haber reforzado el abismo que separa, en ese campo específico, sus conocimientos de los míos con el fin de generarme una mayor necesidad de sus servicios. (Creo que esto todos lo hemos visto en muchos ámbitos profesionales; yo al menos sí). En este caso fue al contrario, siendo capaz de adaptarse a mis conocimientos y a mis necesidades para ser de utilidad. Y por eso comunicó.
Si llegados a este punto del artículo algún lector ha sentido la apetencia de intentar hablar menos y comunicar más, le propongo un ejercicio: piense en titulares. En las preguntas que le hagan en su día a día, fíjese en todo el desarrollo que le da a la respuesta; probablemente las ideas no estén bien definidas y su interlocutor deberá permanecer atento para sacar una conclusión. ¿Podría reducir la clave de su respuesta a una frase, a un titular como los que leemos en la prensa? Pruébelo: primero dé el titular y luego cuente el desarrollo. Si el cuarto poder utiliza esta fórmula, será por algo.
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Manolo Martínez –así se llama el protagonista de esta historia- fue capaz de explicarme con un bolígrafo y un papel, dibujando siete círculos y un cuadrado, todo un proceso de protección de datos aplicado a nuevas tecnologías. Y lo más sorprendente para mí es que solo usó una palabra que yo desconocía, cuando viendo los escritos que presentan los del gremio tenía la firme convicción de que sí que había vida en otro planeta y eran los abogados quienes vivían en él.
Salí de aquella reunión con la capacidad de explicar perfectamente lo que él había conseguido transmitirme. Ideas claras y lógicas. Casualmente, lo único que he intentado recordar y no he conseguido es aquella palabra que no entendí. Porque lo que no se entiende no permanece.
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