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Reforzar la defensa antiaérea y antimisil, mejorar los sistemas antidrón o suministrar servicios satelitales. Estas son algunas de las capacidades militares que España se ha comrpometido a facilitar a la OTAN y que, según el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, requerirán de una inversión equivalente al 3,5% del PIB anual.
Pese a las discrepancias en el objetivo de inversión, en lo que Pedro Sánchez y Rutte estaban de acuerdo es en que España debe cumplir con el Objetivo de Capacidades Militares de la OTAN. Este documento fue aprobado el pasado 5 de junio por los ministros de Defensa de los países aliados y se revisará dentro de cuatro años, en 2029, a la luz de la situación geoestratégica de ese momento.
El Objetivo de Capacidades incluye un catálogo de los medios de los que debe dotarse la OTAN para hacer frente a las amenazas previsibles, según los planes de contingencia. Recoge tanto objetivos en materia de personal como de equipos e infraestructuras. Este listado se distribuye entre los distintos países para que cada uno contribuya a la seguridad común con aquellas capacidades que se le asignan, aunque lo habitual es que sean varios países los que deben atender cada una de las carencias detectadas. .
Aunque el Objetivo de Capacidades está clasificado y su contenido es secreto, los deberes que la OTAN ha puesto a España se engloban en grandes capítulos tan sensibles como defensa antiaérea, antimisil y contra drones; capacitadores para el Ejército de Tierra; guerra electrónica y servicios de comunicación y observación por satélite, entre otros, según fuentes aliadas.
El Ministerio de Defensa ha puesto en marcha una serie de programas para reforzar esta capacidad, como la modernización de las cuatro baterías antiaéreas Nasams del Ejército de Tierra y la adquisición de al menos una para el Éjercito del Aire, con un presupuesto superior a los 400 millones, o la modernización del sistema Patriot por 2.382 millones.
España también está desarrollando sistemas anti drones (C-UAS) y tiene previsto adquirir aviones y barcos para misiones de inteligencia y guerra electrónica, nuevos satélites como el Paz II y los llamados capacitadores (sistemas de artillería, ingenieros, transmisiones o apoyo logístico) que doten a las grandes unidades del Ejército de Tierra de capacidad de combate.
El principal problema para adquirir todos estos sistemas no estriba ya en el presupuesto (el cálculo del 2,1% del PIB esgrimido por Sánchez se basa en las estimaciones de los expertos de Defensa), sino en la capacidad de producción.







