La ministra de Defensa, Margarita Robles, durante su comparecencia en el Senado.
Un avión para instruir a pilotos de caza, un helicóptero, una radio táctica, un satélite de observación, dos buques, un obús autopropulsado, modernizar seis fragatas... Estos son algunos de los 31 nuevos programas militares incluidos en el plan de defensa que el Gobierno anunció el pasado 22 de abril y que está dotado con 10.471 millones de euros para cumplir el compromiso con la OTAN de aumentar la inversión en seguridad del 1,43 % del PIB en el 2024 al 2 % en el 2025, alcanzando así un total de 33.123 millones. Los primeros quince programas ya tienen autorizado el techo de gasto para iniciar las contrataciones, y el de los dieciséis restantes será aprobado el próximo martes por el Consejo de Ministros, según anunció Margarita Robles.
"Los nuevos programas de armamento y material no contarán con sistemas, equipos o componentes procedentes del Estado de Israel", sino que serán fabricados por empresas españolas —el 89 %— y del resto de Europa, aseguró la también exmagistrada, quien reconoció que "excepcionalmente" algún repuesto podría proceder del país que gobierna Benjamin Netanyahu y que bombardea desde el 7 de octubre del 2023 la Franja de Gaza, donde los civiles asesinados ya superaban los 56.300 este viernes.
Robles insistió en que este gasto militar no supondrá "grandes reformas ni comprometer la inversión en el estado del bienestar", pese a no tener aprobados los Presupuestos para este año, y apuntó como vías de financiación la reasignación de otras partidas no ejecutadas y de fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.
"En el 2035, dios dirá"
Con la mayoría de los socios de investidura criticando esta "escalada armamentística" y la oposición exigiendo que esta se vote en el Congreso, la ministra defendió la postura de Pedro Sánchez, en la cumbre de la OTAN celebrada esta semana en La Haya, de no refrendar una inversión del 5 % del PIB ya que su cumplimiento es "absolutamente imposible" porque no hay industria capaz de absorberlo ni personal cualificado, valoró.
En su opinión, solo hay dos posturas posibles: la de los países que se comprometieron, pero piensan "en el 2035, dios dirá"; y la "más sincera y honesta" del socialista, que se desmarcó de ese porcentaje consensuado por el resto a través de una carta remitida al secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, en la que solo aceptaba el 2,1 % del PIB, y que fue anexada al texto del acuerdo, junto a la respuesta del neerlandés aceptando la propuesta.






