La huelga indefinida que mantienen los trabajadores de las empresas auxiliares de Navantia en Cartagena entra en su sexta semana sin vistas, de momento, de resolución. El conflicto, que gira en torno a la exigencia del denominado “plus de astillero” y la garantía de subrogación para los empleados, se ha intensificado tras el rechazo a la última propuesta de la patronal, que condiciona la negociación a la desconvocatoria del paro.
Las tensiones no han hecho más que aumentar después de la primera reunión entre sindicatos y empresarios. La patronal planteó la creación de un calendario de encuentros para abordar el incremento salarial, proponiendo reuniones los días 11, 15, 22 y 29 de julio.
Un trabajador en huelga, en declaraciones hechas a MurciaEconomía, lo resume con claridad: “Lo de ayer no es ningún preacuerdo, es lo que ellos nos quisieron transmitir: hacer un calendario para negociar. Pero eso al final se va para agosto, agosto hay vacaciones, en septiembre siguen las negociaciones y llegamos a octubre sin nada claro."
Los trabajadores desconfían abiertamente de las intenciones de la patronal y recuerdan que el conflicto no es nuevo: las reivindicaciones llevan sobre la mesa desde 2022. "No nos fiamos. Queremos negociar, pero con la huelga en marcha. Que se llegue a un acuerdo justo, se firme un preacuerdo real y nos ponemos a trabajar", añaden.
Tras conocer los términos del preacuerdo alcanzado este martes, 8 de julio, entre CCOO, UGT-FICA y la patronal regional del metal FREMM, la asamblea de trabajadores ha votado en contra y ha decidido mantener el paro. El rechazo fue inmediato. A las puertas de la sede de la Confederación Comarcal de Organizaciones Empresariales de Cartagena (COEC), donde se celebró la reunión de la Mesa Técnica de Astilleros, un grupo de trabajadores inició una huelga de hambre como muestra de rechazo y de hartazgo. “No hay nada en firme. Desde 2022 estamos esperando soluciones”, denuncian.
La reunión, que se prolongó durante siete horas, contó con la presencia de representantes de CCOO, UGT-FICA —acompañados por miembros del comité de huelga— y el secretario general de FREMM, Andrés Sánchez. El resultado fue un preacuerdo plasmado en acta que contempla un calendario de reuniones para negociar el Plus de Astilleros y estudiar la regulación de la subrogación.
El malestar no solo tiene raíces económicas, sino también estructurales. Los trabajadores denuncian la falta de seguridad laboral y recuerdan experiencias pasadas en las que se modificaron contratas sin respetar los criterios de subrogación que ahora reclaman. “No queremos llegar al punto de hacer daño a la ciudad, por eso hemos optado por la huelga de hambre”, explican.
Una veintena de empleados inició este martes esa huelga de hambre como medida de presión, instalándose en pleno centro de Cartagena. Reclaman el apoyo ciudadano y político, y aseguran que no están solos. “Casi todos los partidos están con nosotros, especialmente Movimiento Ciudadano y Podemos, que están aquí, a pie de calle”, afirman.
Desde la patronal FREMM, por su parte, insisten en que el proceso de negociación “requiere confianza y tiempos razonables”, y aseguran que se han dado pasos hacia el diálogo. No obstante, el sindicato mantiene su postura firme: solo un compromiso escrito y claro pondrá fin a las movilizaciones.
El conflicto amenaza ya con tener consecuencias sobre la producción del astillero, especialmente en programas estratégicos como el del submarino S-82, cuya entrega prevista para este verano podría verse comprometida si la huelga se prolonga. Además, el actual convenio del metal expira en diciembre, y el temor a que la negociación se eternice genera incertidumbre entre los más de 1.500 trabajadores afectados en Cartagena.
Con más de 30 días de huelga, el conflicto se ha convertido en uno de los más largos y significativos del sector naval en la última década. Y lo que está en juego va más allá del salario: para los trabajadores, es una cuestión de dignidad.













