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La nueva herramienta anticrisis que ha ideado la Comisión Europea se presenta como una nueva alternativa a la austeridad del MEDE, el fondo de rescate que se ahogó a Grecia, Chipre y a la banca española en los años de la "gran crisis". El nuevo fondo de rescate se presenta con varias condiciones para convencer a los escépticos, como la necesidad de unanimidad a la hora de desembolsarlo, pero a diferencia del MEDE, las exigencias de compromisos fiscales o reformas estructurales quedarían fuera de la mesa.
Este nuevo fondo, dotado de 400.000 millones, tiene que ser aprobado todavía por los países comunitarios, y la Comisión quiere unanimidad, algo que, probablemente, va a causar conflictos a la hora de aprobar el nuevo paquete de rescate anticrisis. De hecho, en las primeras discusiones ya hay algunos estados que quieren evitar a toda costa aumentar la deuda conjunta de la Unión, por considerar que se "protege" a los países menos responsables fiscalmente. Sin embargo, el planteamiento que presenta la Comisión no es de subvención, sino de préstamo, un argumento que probablemente utilizarán para tratar de convencer a los miembros más escépticos.
La comisaria europea, Ursula Von Der Leyen, explicó que el mecanismo dotado de 400.000 millones permitirá que la Unión utilice "un atajo" en tiempos de crisis, y advierte de que la situación ha cambiado frente al pasado, y que Europa se debe preparar para un contexto más complicado. "La crisis ya no es la excepción, sino la norma", señaló la Comisaria.
Curar traumas pasados
Desde la crisis del euro de 2012, el euro y la UE han fraguado su identidad política en salir de atolladeros existenciales. El Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) fue una institución financiera intergubernamental creada en ese episodio con el objetivo de que las ayudas a países con problemas no supusieran un trauma y un estigma, como fueron los rescates a Grecia, Portugal, Irlanda y España. Frente a la austeridad de la década anterior, la respuesta a la pandemia se articuló a través de instrumentos como el Next Generation EU, financiado por primera vez deuda común europea y el papel del MEDE quedó relegado a un segundo plano con el mismo sambenito.















