Concierto de La Mar de Músicas | Foto: Ayto de CartagenaCartagena volvió a latir al ritmo del mundo este fin de semana con una nueva muestra de la potencia cultural de La Mar de Músicas, que en su 30ª edición sigue demostrando porqué es uno de los festivales más singulares e influyentes del panorama internacional. La ciudad portuaria, que este año pone el foco en Corea del Sur como país invitado, vivió tres jornadas intensivas marcadas por la diversidad sonora, el mestizaje escénico y una programación tan arriesgada como coherente.
Viernes 18| Natalia Lafourcade: una ceremonia de sutileza
El cierre del fin de semana fue una ceremonia emocional a cargo de Natalia Lafourcade, quien ofreció un concierto íntimo, casi confesional, en el que se fundieron tradición, nostalgia y una sensibilidad que atravesó el alma del público. Con una puesta en escena delicada y una ejecución impecable, la artista mexicana repasó algunos de sus temas más emblemáticos y rindió homenaje a las raíces latinoamericanas que han marcado su carrera. Su conexión con Cartagena fue palpable: supo leer el espíritu del festival y entregar una actuación serena, madura y profundamente emotiva.
Viernes 18 | Chudahye: trance coreano en clave de funk
La apertura del fin de semana corrió a cargo de Chudahye, una de las propuestas más sorprendentes del cartel. Liderada por la vocalista y sorikkun Chu Dahye, la banda desplegó en el Parque Torres un espectáculo de alto voltaje en el que el canto chamánico coreano se fundió con el groove del funk psicodélico, la energía ritual y una visión contemporánea del trance. Su presencia escénica hipnótica y su capacidad para conectar con lo ancestral y lo moderno dejaron una profunda impresión en el público. Fue una clara declaración de intenciones sobre la apuesta de La Mar por la innovación sin perder la raíz.
Sábado 19 | Seun Kuti: el afrobeat como manifiesto
La noche del sábado tuvo nombre propio: Seun Kuti, hijo menor del icónico Fela Kuti, tomó el escenario con la firmeza de quien no hereda, sino revienta. Acompañado por la poderosa Egypt 80, ofreció un concierto enérgico, combativo y lleno de matices. Percusiones incendiarias, vientos contagiosos y letras cargadas de contenido político dieron forma a una de las actuaciones más contundentes del festival. Kuti no solo mantuvo viva la llama del afrobeat, sino que la alimentó con nuevas llamas, recordando que la música, cuando se convierte en vehículo de conciencia, trasciende la escena.
Una cartografía musical del presente
Lo que se vivió en Cartagena este fin de semana fue algo más que una sucesión de conciertos: fue un mapa sonoro del presente global, un cruce de caminos en el que los ritmos coreanos dialogaron con la tradición afrobeat y las melodías latinoamericanas. La Mar de Músicas volvió a cumplir su promesa de ser un festival que no solo programa música, sino que diseña experiencias culturales profundas, reflexivas y transformadoras.








