El alcalde de Blanca, Pablo Cano, en su despacho del Ayuntamiento durante la entrevistaEn Blanca no solo brotan limoneros. También brota talento, amor por el pueblo y ganas de hacerlo crecer. Pablo Cano lo sabe bien. Doctor en Comunicación, profesor universitario y con experiencia en asesoría política a nivel nacional, este joven alcalde ha cambiado los pasillos del Congreso por las calles de su pueblo, donde cada acera, cada aula y cada encierro tienen un valor único. Hablamos con él sobre los retos de gobernar en casa, la libertad como brújula política y el arte de conjugar grandes proyectos con pequeñas urgencias.
Volver a Blanca fue, para Pablo Cano, un acto de amor. “Una de las cosas más hermosas que se pueden hacer en la vida es servir a tus vecinos”, afirma con rotundidad. Y se nota que lo siente. Su visión de la política nace del afecto: hacer del problema del otro una tarea propia. Lo que aprendió fuera, en Madrid, en la Universidad, lo ha traído de vuelta al municipio para aplicarlo en lo concreto: desde levantar un polígono industrial hasta escuchar a una vecina preocupada por el escalón de su puerta.
Porque gobernar, dice, es saber que no hay problema pequeño. “La calidad de vida de los vecinos está compuesta por mil detalles”. De ahí que su gestión haya puesto en marcha reformas como la ampliación del colegio Antonio Molina, por fin licitada, que es uno de los grandes hitos. El proyecto, de más de 2,7 millones de euros, llevaba años olvidado en un cajón. “Ha sido muy complejo, pero no hemos dejado de trabajar ni una semana con la Consejería”, asegura Cano, que recuerda cómo su primera reunión como alcalde fue precisamente con el consejero de Educación. “Ahora podremos ofrecer un centro accesible, moderno, con aulas nuevas, comedor, gimnasio… sin perder el alma de un colegio que es símbolo del municipio”.
La apuesta por la educación no se queda ahí. El instituto ya imparte un ciclo de Formación Profesional, y en el colegio Virgen del Pilar se han iniciado reformas que llevaban años pendientes. “La educación, junto a la vivienda y el empleo, son nuestras tres grandes prioridades. Porque sin esas tres cosas, no hay libertad”, sentencia.
Porque “la libertad empieza por poder elegir vivir en tu pueblo”, repite como mantra. Y para que Blanca sea un lugar donde quedarse, hace falta suelo, demanda y planificación. El Ayuntamiento ha sorteado trabas legales y económicas para impulsar la construcción de viviendas asequibles para jóvenes, un proyecto de legislatura que se ha enfrentado a un mercado donde construir era más caro que vender. “Nos hemos dejado la piel para que salga adelante”, confiesa.
El impulso económico llega de la mano de los tres polígonos industriales: rehabilitación del antiguo San Roque, activación del San Roque 2.1 y planificación de San Roque 2.2 y el futuro Casa Don Juan, que juntos suman cerca de dos millones de metros cuadrados de suelo industrial. “Queremos que quien quiera trabajar en Blanca, pueda hacerlo sin tener que marcharse”.
En paralelo, la apuesta por la cultura ha hecho de Blanca un ejemplo a seguir. El Ayuntamiento no solo impulsa grandes eventos como Río de Letras o ADA, sino que apoya la iniciativa de sus vecinos, desde las catas poéticas hasta la zarzuela 'Blanca', creada por artistas del propio municipio, ambientada en su valle y que será estrenada en octubre con la Agrupación Musical de Blanca y el intenso trabajo de su director, Víctor Cano. La cultura, para el alcalde, no es un mero escaparate: “respaldar a quien trabaja por amor al arte es una inversión de futuro”, asegura.
Hablar de cultura en Blanca es, inevitablemente, hablar de Pedro Cano. El artista, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, es no solo un referente internacional, sino una figura profundamente enraizada en la vida del municipio. “No todos los pueblos tienen la suerte de contar con alguien así, y nosotros no solo lo tenemos, sino que lo valoramos como se merece”, subraya el alcalde. El museo que lleva su nombre, la fundación que impulsa y su implicación directa en proyectos como la zarzuela antes mencionada, cuyo escenario ha sido pintado por artistas locales bajo su dirección, son parte esencial del ecosistema cultural blanqueño.
Aunque reconoce que aún no tienen las herramientas para medir el retorno económico del ecosistema cultural, sí perciben su impacto. Blanca es conocida por sus encierros, su museo, sus fiestas, su tradición… “Y todo eso genera una marca que trasciende”.
Las fiestas de San Roque refuerzan ese vínculo emocional. Este año habrá cinco encierros, incluido un encierro nocturno por el casco antiguo. “Es una forma de honrar nuestras raíces. Las fiestas son memoria, reencuentro y comunidad”.
El deporte también es un pilar de cohesión. Desde el piragüismo, pasando por el fútbol sala y el senderismo, el tejido deportivo blanqueño funciona “porque la gente se lo cree”. Cano destaca el papel de clubes como el Blanca Fútbol Sala, con Miguel Ángel Mellado como padrino, o el Club de Piragüismo, que ha devuelto el Descenso Nacional del Segura al municipio.
El entorno natural, con el río como columna vertebral, se está convirtiendo en un activo económico gracias al turismo activo. Pero Cano cree que Blanca no debe caminar sola, sino en red, bajo el paraguas del Valle de Ricote. “Es como cuando visitas Asturias: no importa la ciudad, importan las conexiones”.
La conversación se torna más política. Cano no esquiva los datos: la infrafinanciación ahoga a los municipios. Pone un ejemplo claro: Blanca debería haber recibido un 13,7% más de financiación estatal este año, pero no llegará hasta septiembre. “Eso altera el ritmo de pago, de ejecución, de todo”. A nivel regional, denuncia que los ciudadanos murcianos reciben casi la mitad de recursos que los de otras comunidades. “¿Dónde dice la Constitución que un blanqueño vale menos?”.
La comunicación es su campo y su brújula. No desde el púlpito, sino desde la escucha. “El político no debe centrarse en el emisor, sino en el receptor. Hay que escuchar lo que de verdad necesita el pueblo, no lo que uno cree que es lo mejor con fuegos de artificio”.
Y si tuviera que dibujar su pueblo dentro de diez años, lo haría con trazos de progreso real: colegios reformados, viviendas accesibles, un polígono que da trabajo y vecinos que no han tenido que irse. No haría falta firmarlo. Quien lo viera sabría que es Blanca. “Y yo, si eso se cumple, me puedo ir feliz”, dice.









