La Manga del Mar Menor (Imagen de archivo).
En San Javier hay más casas vacías que personas viviendo durante todo el año. De los inmuebles que hay levantados, solo el 29,9% están categorizados como residencia habitual, ya sea en propiedad o en alquiler. En Los Alcázares, solo tres de cada diez hogares está ocupado permanentemente. Y en San Pedro del Pinatar y Mazarrón, el 55% de las viviendas son segundas residencias o apartamentos turísticos. Son cifras que dibujan un paisaje artificial, donde el bullicio del verano contrasta con la calma que se impone el resto del año.
Las cifras las ofrece el Consejo General de Economistas en sus fichas socioeconómicas, actualizadas con datos del INE. El instituto estadístico considera como vivienda principal aquella que está ocupada permanentemente, mientras que en el apartado de no principales incluye un maremágnum de posibilidades. Son 45 municipios distribuidos por toda la geografía regional. De ellos, 5 tienen una mayor proporción de viviendas no principales que habituales. En municipios como Águilas, el porcentaje de viviendas no principales apenas supera el 50%, pero lo habitual es sobrepasar el 70%.
La costa de la Región de Murcia suele tener pocos habitantes en proporción con el número de viviendas inscritas. Esto genera una contradicción entre quienes residen todo el año y quienes lo hacen de manera eventual, principalmente en verano. El impacto se multiplica allí donde la mayoría de inmuebles está dedicada a usos distintos al residencial. El carácter intermitente de la ocupación contribuye a generar entornos fragmentados, sin tejido vecinal estable ni dinámicas comunitarias.
Papel de los ayuntamientos
Los ayuntamientos son conscientes de la situación e intentan dar un vuelco a sus políticas durante la época estival. Para encarar el fenómeno, añaden, los contratos varían en función de la temporada. Otros servicios, como la policía local, están sobredimensionados durante el resto del año, ya que la plantilla está adecuada a la temporada alta.
En localidades como La Manga, San Pedro del Pinatar o Los Alcázares, mantener los servicios durante los picos estivales supone un esfuerzo económico y logístico desproporcionado respecto a los recursos de los que disponen los consistorios. Aunque cuentan con recursos extras gracias a segundas residencias y hoteles a través del IBI O el ICIO, buena parte del dinero generado por el turismo no repercture en las arcas municipales.













