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Opinión | El mirador
Miguel Galindo
Sábado, 09 de Agosto de 2025
Miguel Galindo

PASE LO QUE (NOS) PASE

Miguel Galindo

No sé si se acordarán de Jean-Claude Trénchef, aquél francés que fue uno de los padres de la U.E., y que, entre 2003 y 2011, presidió el Banco Central Europeo… Todo un referente en economía, y toda una autoridad en materia política… Pues, en una entrevista concedida al diario El País, publicada el 21/06, dice sin dudarlo un momento que su “visión de una España realmente próspera sería gracias, en una gran parte, a la aportación de la inmigración”, y eso, a pesar de que “Donald Trump es un elemento añadido de incertidumbre monumental”.

 

Sin embargo, esta halagüeña visión con respecto a nuestro país no tiene en cuenta algo importantísimo: nuestros políticos… El riesgo de hacer saltar la estabilidad social por los aires es mayor que la influencia arancelaria de Trump en lo que respecta a España, que es de las menores afectadas de Europa. El cariz de nuestra clase política es verdaderamente bochornoso, a la par que peligroso. Un gobierno socavado por sus propias lacras de corrupción, envuelta encima en el celofán de una prostitución organizada por personajes de la cúpula, en la que las profesionales de ello son mucho más honradas y fiables que quienes las manejan y propician.

 

Y una oposición en manos de una no menos corrupta Díaz Ayuso, que cada vez tiene más comido el tarro a un Feijóo errático, cuyos bandazos tienen refugio en el extremismo más ultrafanático, el de Vox, que ya no disimula su Mein Kampf de catecismo que sacan a relucir sus camisas pardas en sus manifestaciones; al igual que aquellos Libros Rojosque se imponían en la China de Mao-Tse-Tung… Un panorama pavoroso del que, si salimos, será porque Dios existe y nos asiste. Quizá sea por eso mismo que nuestra Conferencia Episcopal Española ande procesionando pidiendo también elecciones generales.

 

Sabido es que nuestros obispos siempre han sido muy de Franco, al que llevaban bajo palio cada vez que salía del Pardo, por si llovía que no se mojara… Por eso me atrevo a aconsejarles, ¡cuán inaudita osadía la mía!, que hagan caso a aquel Caudillo en su conocido consejo de “hagan como yo, y no se metan en política”… Pero ni por esas. Concordato obliga. Eso lo hacen cuando el hedor pudre la derecha, no así cuando las ratas salen de la cloaca de la izquierda. Nunca será igual la santa basura que la demoníaca porquería. Sin embargo, la basura es basura venga de donde venga, y la porquería tiene la misma naturaleza vomitiva salga de donde salga… Eso no llega a metérselo en sus venerables y tonsuradas cabezas.

 

Y aquí, quiero dejar claro que no hago distingos entre ambas orillas de la ciénaga… No creo que la derecha sea más corrupta que la izquierda, pero sí creo que la disimula mejor, que sabe manejarla y taparla bajo las alfombras… Lo digo como un hecho constatado y palpable a lo largo de la Historia. A estas alturas, me paso por debajo del arco del triunfo el negocio de las ideologías, de las que ya solo existen etiquetas y esqueletos mondos y lirondos.

 

Solo queda la cáscara, que recuerda por sus siglas lo que un día fueron. En una comida, hablando de ese ahuecamiento actual de los partidos, surgió algo curioso: mientras los derechas lo reconocían con cierto retintín hacia los suyos; los izquierdas lo admitían sin disimulos, aceptando la pérdida de credibilidad con los propios. Todo patéticamente humano… Pero el socialismo que yo conocí no es el “sucialismo” de hoy.

 

…Y cada cual saque sus conclusiones, según el verdadero, auténtico y genuino Dios le dé a entender. Porque esa es otra: tampoco es el mismo Dios se mire por donde se mire; el dios de la derecha es menos verdadero y más severo, el de la izquierda más incierto y menos despierto. De ahí que los del gremio de la sotana sepan muy bien a qué cirio agarrarse, llegado el caso… Tampoco esto es una crítica, sino fruto de la observación.

 

Es posible que todos estemos equivocados… Lo único cierto es que lo exterior responde a nuestra propia valoración interior, y de ahí nos viene nuestro acierto o desacierto. No creo en las fes ni en las ideologías ciegas; mucho menos en las inamovibles… Los que así se califican se esclavizan a sus propias cadenas, incapaces de relativizar y mirar desde otros ángulos. Se empobrecen hasta la extenuación de sus propias ideas. Por eso el idealismo superará siempre a la ideología: el primero vive porque nunca logra su última meta; la segunda muere porque sus metas se enredan en lo corruptible. It est the question, que dijo aquel inglés.

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