
Nos recibe en su chalet de la playa un hombre que lleva cuatro décadas en el epicentro social, empresarial y cultural de Cartagena. Tomás Martínez Pagán, nacido en Los López, en La Aparecida, es de esos personajes que no dejan indiferente: se le quiere o se le critica, pero nadie duda de su entrega a la ciudad. Este cartagenero hecho a sí mismo, embajador de Cartagena, divulgador gastronómico y gestor incansable, ha rechazado propuestas políticas de todos los colores. La última propuesta que le han hecho ha sido del PSOE de Cartagena que le ha propuesto para Hijo Predilecto de la ciudad. Antes, Francisco Celdrán, en los años 90, intentó situarle como número dos en las listas del PP en una comida en el restaurante Emilio Marín. Y hubo más ofrecimientos, siempre con la misma respuesta: “No”.
Lo explica con franqueza: "Si alguna vez estuviese en política, la aplicaría como un plan de empresa, y un plan de empresa en política es muy difícil aplicarlo y después ejercerlo dentro de un funcionario que está acostumbrado a unos sistemas productivos distintos a los de la empresa, pues harían inviable que yo tuviera éxito en ese envite de dirigir un ayuntamiento y convertirlo en una empresa rentable. Porque, entre otras cosas, la administración no está para ganar dinero; yo entiendo que la administración está para dar un extraordinario servicio, gestionar de maravilla los recursos, atender a todos los ciudadanos y, sobre todo, al mundo de la empresa, que es la que genera puestos de trabajo. Si eso se aplicase al sistema empresarial, ningún empresario dejaría pasar una oportunidad de desarrollar negocio, ganar dinero y ampliar su capacidad productiva. Eso significaría que yo tendría que aplicarlo en el ayuntamiento con un plan director de cómo funcionar a nivel empresarial… y creo que no me dejarían hacer eso".
Para él, la clave es rodearse de un equipo pleno de confianza: "Tienes que elegir a los 14 o 15 miembros que formen tu equipo de dirección". Recuerda que incluso Vox le hizo una propuesta similar en las últimas elecciones: "Tuve una muy buena oferta de ser número uno y liderar un equipo importante, pero como todos los partidos, ellos también tienen sus nombres y su organización. No es posible imponer a todos los integrantes". Lo tiene claro: "Con Vox, con PSOE, con Movimiento Ciudadano o con PP, el partido que saque a 27 extraordinarios cartageneros y cartageneras en sus listas gana las elecciones. El mejor médico para Sanidad, el mejor policía para Interior, el mejor arquitecto para Urbanismo, el mejor maestro para Educación, el mejor economista para Hacienda… y así sucesivamente. Rodeándote de los 27 mejores, cada uno en su especialidad, para abordar un ayuntamiento, el éxito es seguro".
En el ámbito empresarial y social, su currículum es inabarcable. Ha presidido colectivos festivos, asociaciones turísticas, entidades benéficas y ha sido designado embajador de la marca Ejército y de la marca Cartagena. Además, fue el primer cartagenero nombrado miembro de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia, algo que considera "un honor inmenso" para alguien sin estudios universitarios, rodeado de médicos, abogados, catedráticos y gastrónomos de prestigio. Lleva más de tres décadas escribiendo y hablando sobre gastronomía, siempre con un objetivo: "No alabarme yo, sino alabar a las empresas hosteleras de Cartagena. Vender la marca gastronómica cartagenera y dar a conocer las singularidades de infinidad de restaurantes y locales que, por uno u otro motivo, muchos no conocen". No se limita a la alta cocina: para él, unas buenas sardinas en un kiosco o unas chuletas bien hechas merecen tanto reconocimiento como un plato de autor.
En verano, dice, el encanto de la ciudad se multiplica con sus playas y su oferta gastronómica. Recomienda a los visitantes probar seis paradas imprescindibles: La Malvasía (Playa Honda), El Camarote de a Martinique, Pablo Guardiola (Los Belones), El Pez Rojo (Cabo de Palos) y La Cangreja, un chiringuito con vistas al Mediterráneo.
Entre los alcaldes que ha conocido, guarda un recuerdo especial para José Antonio Alonso: "Generó una estrategia de ciudad importantísima. Se equivocó el día que no estuvo con su pueblo en una manifestación. Si hubiera estado, creo que todavía seguiría siendo alcalde. Tenía ideas muy claras de lo que era un modelo de ciudad: escuchaba a todo el mundo, vinculó Cartagena con el Gobierno central y creó un proyecto de integración de la ciudad con la cesión de edificios militares, la universidad y un desarrollo urbanístico que aún sigue vigente". Conserva incluso el grueso libro que recogía aquel proyecto para la Cartagena futura. "En las fiestas nos apoyó a hasta el final. Yo era presidente y tenía un equipo extraordinario, pero José Antonio estaba detrás diciendo: “Vamos a hacer las mejores fiestas del Mediterráneo”. Cuando tienes a alguien que te avala y te apoya, te comes el mundo. Y si, además, tienes una junta directiva de grandes profesionales, el éxito está asegurado llueva o truene". Para Tomás, la clave de un buen alcalde está en escuchar: "Tú puedes saber de 20 temas, pero en un municipio hay 20.000. Los otros 18.000 debes escucharlos de quienes saben, y con ese conocimiento tu carrera será más larga e importante, y la ciudad lo notará".
No olvida reconocer a empresarios que, como Miguel Ángel Jiménez Bosque, han apostado fuerte por el deporte y han llevado la marca Cartagena a competiciones internacionales. También menciona a David Ayala, "un luchador nato" que está devolviendo al baloncesto cartagenero a sus tiempos de gloria y que, según él, "está haciendo un trabajo extraordinario no solo en lo deportivo, sino también en la captación de socios para mantener al equipo". Y en ese mismo reconocimiento, incluye a Salvador Bernal, CEO de Talasur, "un empresario de enorme proyección que ha sabido situar a su compañía como referente nacional en diseño y construcción de interiores, y que además mantiene un compromiso firme con Cartagena y su desarrollo".
También es crítico con la falta de implicación de parte del tejido empresarial: "Muchas grandes compañías han ganado todo su patrimonio aquí y han aportado poco a la ciudad. Falta responsabilidad social corporativa". Sin embargo, reconoce la labor de quienes sí invierten en deporte, cultura y eventos, llevando el nombre de Cartagena al mapa nacional e internacional. Y, aunque rehúye etiquetas políticas, lo tiene claro: "En la gestión municipal no hay ideología, hay gestión. Si un alcalde es bueno y su ciudad funciona, le votará gente de todas las tendencias".
Como vicepresidente de la Federación Regional de Empresarios del Metal (FREMM), ve en la falta de mano de obra cualificada el gran reto industrial de Cartagena: "La empresa auxiliar está al 100% de trabajo. Lo fundamental es aumentar la plantilla con profesionales formados, y ahí será clave el nuevo Centro de Formación". Valoro, y mucho, la implicación de la alcaldesa Noelia Arroyo con su gran apoyo al centro de formación que vamos a construir en Los Camachos y del que pronto se colocará la primera piedra. Defiende que el sector de defensa es un motor económico de primer nivel: "Navantia y sus auxiliares dan trabajo a miles de personas. Si el astillero estornuda, se resfría media Cartagena. Hay que garantizar carga de trabajo y nuevos pedidos para mantener esa estabilidad durante décadas".
No esquiva hablar de los medios de comunicación: "Los periódicos clásicos son un pilar para estar al día, aunque cada uno tenga su tendencia. Lo que no se puede es amordazar a quien tiene un punto de vista distinto al del gobierno". Cree que, en política, la clave no es la ideología sino la gestión: "Si un alcalde es bueno y su ciudad funciona, le votará gente de todas las tendencias".
A Tomás no le hacen falta redes sociales para medir el cariño de la gente: "He recibido tanto de Cartagena… y no lo digo flojo, lo digo fuerte. Es la mayor recompensa que puede tener un cartagenero". Agradece cuando alguien se le acerca en una cafetería para felicitarle por sus escritos o su labor: "Para mí no es un trabajo, es una diversión. Disfruto ayudando, escuchando y haciendo por los demás".
Al despedirse, lo hace sin grandilocuencia pero con la certeza de quien cree en lo que dice. Mira la ciudad con la calma del que la conoce esquina a esquina, puerto a puerto, y le duele ver oportunidades desperdiciadas. Sabe que el cambio no es cuestión de milagros, sino de voluntad, trabajo y un amor por Cartagena que, como él mismo confiesa, le mantiene en deuda permanente con su tierra.






