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Opinión |
Alejandro Izquierdo Monterde
Lunes, 18 de Agosto de 2025
Alejandro Izquierdo Monterde

Agua y desgaste, dominio que se prolonga

Alejandro Izquierdo Monterde
Economía y Relaciones Internacionales en Universidad Complutense de Madrid

Hay mares que no terminan donde rompen las olas. Continúan bajo el agua, invisibles, como si quisieran recordarnos que la tierra también se prolonga sumergida. La plataforma continental es esa vía sumergida, un tren que rueda poniendo raíles a medida que avanza para hacer del territorio una especie de milagro que se hunde y se estira, que se hace ego de Estado reclamando pertenencia más allá de lo que el ojo ve.

 

Los países atienden como quien observa un mapa no acabado. Hasta 200 millas náuticas marca la regla, pero la ambición humana nunca ha sabido detenerse en líneas rectas. Si la ciencia logra probar que la geología acompaña, entonces siempre se puede pedir más.

 

Esta lección ya hay más de ochenta naciones que se la saben muy bien, y las reclamaciones llevan llegando a la ONU desde hace mucho. Argentina lo buscó en el Atlántico Sur, y se le concedió parte del deseo. Rusia, con un ushanka puesto en la cabeza, estira su mano hacia el Polo Norte. Brasil quiere expandir el carnaval bastante más allá de Río.

 

Ahora “Plus Ultra” no es poético, sino material: más allá…hay petróleo dormido, gas oculto, minerales preciosos y aún más necesarios que laten bajo el océano. Lo que realmente asusta de todo este asunto, es que si la experiencia del relieve no permite saciar la ambición, siempre quedará la mano humana para llevar al culmen este deseo. ¿Cómo se hace esto? Si no hay tierra, se crea. Hasta para jugar a ser dioses hay quien se atreve. China, ya hace todo esto a través del vertido de millones de toneladas de arena en lugares clave. Todo es una buena excusa.

 

Allí donde se amplía la plataforma, se estrechan las distancias entre países y se acentúa el “y yo más”. El Ártico, el Atlántico Sur, el Mar de China Meridional: escenario distinto pero dilema idéntico. Sin embargo, recrear el Génesis es complejo, nosotros tardamos más de siete días.

 

La expansión siempre ha sido un objetivo latente de todas las naciones, esto o bien puede satisfacer necesidades materiales de las mismas o en otras ocasiones significa un por si acaso lleno de intenciones, nunca azaroso. Es necesario también reconocer que conseguir hacer nuestro un nuevo territorio, sea de la forma que sea, nos dará una soberanía cuestionablemente impoluta, que nos permitirá por un lado aprovecharnos de las características del propio territorio y, aún más importante, hacer que otros no lo hagan.

 

Desde el Imperio Romano hasta el Tercer Reich, pasando por los mayas y los incas, esta vez la prosa se queda corta para describir el baile que se da debajo del agua, y cerca de ser bello y armonioso, es una lucha de dragas, contratos y relojes que, como describe Ratzel, acaban en el gen característico de todo Estado: nacer, crecer, expandirse y morir.

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