La puerta discreta del comercio mundial

Los estrechos, las grandes puertas del comercio mundial. No hace mucho tiempo atrás uno de mis profesores de la facultad preguntó en clase que dijéramos cuáles eran los estrechos y pasos de comercio mundiales que más conocíamos. Inequívocamente, como respuestas principales entre todas las que había salieron Gibraltar, Ormuz, Suez y Panamá. Sin embargo, nadie, incluido yo, se refirió al Estrecho de Malaca.
Nuestra posición eurocentrista quizás o la gran influencia que han tenido en los últimos años los nombrados anteriormente, quiero pensar que son las razones que subyacen para que algo tan crucial sea tan desconocido, al menos por nosotros. Si Malaca fuese un deporte sería el fútbol. Es la puerta del 25 % de todo el comercio mundial, y diariamente se convierte en el enclave estratégico de muchos países de Asia-Pacífico (alrededor del 85% del petróleo importado por China hace escala en Malaca). Es como si el sistema económico mundial dependiera de un hilo invisible que cualquiera, en un arrebato de poder o descuido, podría tensar hasta romper.
Este estrecho, situado entre Malasia e Indonesia, ha pasado de ser en tiempos pasados un tímido paso de comercio de especias a estar en el ojo de la geoestrategia comercial de las grandes potencias. El hecho más curioso de Malaca es que siempre está a buen recaudo. Sabemos que los estrechos del resto del mundo se han visto envueltos en polémicas constantes, ya sea por su cierre temporal, por supuesto espionaje en la zona o porque un hombre con melena rubia reclama su soberanía.
Sin embargo, en Malaca los problemas no son tan llamativos, siempre típicos y discretos. Su mayor preocupación es la piratería y el asalto a buques, algo que pasa en todos los puntos del océano con rutas comerciales más o menos importantes. Es entonces donde curiosamente aparece imperante la presencia del gigante asiático, siempre típico y discreto. Como un padre primerizo observa muy de cerca a su hijo, para que nada le dañe ni le perturbe el desarrollo de sus facultades. Todo está pensado, y en este hijo en concreto, de entre los muchos que tiene China, raramente le pasará algo que interrumpa su educación.
Aun así China lo sabe y lo teme, tanto que bautizó esta dependencia como el “dilema de Malaca”. Una especie de talón de Aquiles marítimo que podría asfixiarla si alguna potencia intentase cerrar el grifo del estrecho. De ahí su obsesión por multiplicar rutas alternativas con oleoductos por Birmania, inversiones en Pakistán, o por supuesto la Nueva Ruta de la Seda, todo con tal de no quedar a merced de un cuello de botella. Pero por ahora, mientras el mundo mira hacia otros puntos de fricción, Malaca sigue allí trabajando en silencio





















