Antonio Illescas, Desarrollo de Negocio y Operaciones de Biometano de Enagás Renovables. | Foto: Enagás RenovablesEn tiempos en los que los residuos buscan segunda vida y el territorio exige respeto, Antonio Illescas camina sobre esa delgada línea que separa el desarrollo del conflicto. Director de Desarrollo de Negocio y Operaciones de Biometano en Enagás Renovable, ha pasado el último año mirando de frente una palabra compleja: biometano. Para unos, una oportunidad energética sostenible; para otros, una amenaza encubierta que invade sus pueblos sin permiso.
En Las Torres de Cotillas, donde la tierra aún huele a campo y los vecinos pelean por su paisaje, se proyecta la planta más avanzada de las tres que Enagás planea en la Región de Murcia. Las otras dos plantas, en Santomera y San Javier, se encuentran aún en fases iniciales. Aunque comparten el modelo técnico de Las Torres, cada una se adapta a su entorno y sigue su propio calendario de tramitación.
Illescas no evita el barro. Lo pisa. Y lo defiende. Habla con datos, pero también con cierta delicadeza: la de quien sabe que, para quedarse, hay que escuchar.
Antonio Illescas defiende con convicción la filosofía con la que su empresa quiere impulsar tres plantas de biometano en la Región de Murcia. La más avanzada es la de Las Torres de Cotillas, mientras que las de Santomera y San Javier avanzan a un ritmo más lento, pendientes aún de desarrollo técnico y tramitación. Según afirma, el proyecto no solo busca generar energía renovable a partir de residuos locales, sino también dejar un impacto social y económico positivo. "La ubicación no se ha elegido al azar. El 90% de los residuos que usará la planta de Las Torres proceden de un radio de diez kilómetros", explica Illescas.
Uno de los pilares del proyecto, insiste, es su inserción en el territorio. Por eso, la planta se sitúa a más de cinco kilómetros del casco urbano y los accesos están diseñados para evitar que los camiones crucen zonas residenciales. "Además, el diseño es cerrado, sin residuos al aire libre, con sistemas de aspiración y biofiltros para evitar olores", asegura.
Ante las protestas vecinales, Illescas subraya que el proceso de escucha ciudadana comenzó antes de octubre de 2024. "Hemos creado puntos de información, encuentros presenciales y habilitado canales digitales. Estamos abiertos al diálogo, pero también necesitamos que ese diálogo se dé", lamenta, aludiendo a la falta de interlocución con la plataforma contraria al proyecto.
Uno de los elementos más destacados es el Programa de Desarrollo Local Sostenible, que pretende que parte del valor económico generado por la planta se reinvierta en el municipio: empleo, formación, apoyo a pymes y asociaciones locales. "Nuestra prioridad es que el empleo se quede en el territorio, y por eso trabajamos con el servicio de empleo regional para favorecer la contratación local. Además, ofreceremos formación en competencias verdes".
La previsión es que la planta genere 120 empleos durante su construcción y 25 de carácter estable cuando entre en funcionamiento.
En cuanto al digestato, un tema que genera preocupación, Illescas aclara que será tratado dentro de instalaciones cerradas y se convertirá en biofertilizante con trazabilidad y control ambiental, con el objetivo de reducir el uso de fertilizantes químicos. Además, la planta contará con sistemas de aspiración y biofiltros para evitar la emisión de olores, y se garantizará en todo momento el cumplimiento de la normativa ambiental vigente.
Respecto a Santomera y San Javier, Illescas explica que comparten la misma base técnica que Las Torres de Cotillas, pero subraya que cada planta se adapta a las características del entorno y al tipo de residuo disponible en su zona. "No se trata de replicar un diseño idéntico, sino de ajustarlo a la realidad de cada municipio", matiza.
Por ahora, no está previsto que formen una red interconectada, ya que están concebidas como plantas autónomas, pero sí comparten sinergias en el proceso de diseño, tramitación y ejecución, lo que permite avanzar con mayor eficiencia en el desarrollo conjunto de los tres proyectos.
Sobre la posibilidad de que se construyan hasta 40 plantas de biometano en la Región de Murcia, Illescas aclara que se trata de un cálculo estimado por Sedigas, en función del potencial regional de producción (3,5 TWh anuales). En ese contexto, Enagás Renovable ve sus proyectos como "iniciativas tractoras", que pueden servir como modelo de referencia por su componente técnico, social y ambiental.
Además, el diseño contempla la posibilidad de incorporar nuevas tecnologías en el futuro, como la captura de CO₂, la digitalización avanzada o soluciones de valorización ambiental, si el contexto regulatorio y operativo lo permite. "Nuestro modelo no busca imponerse, sino ser útil, eficiente y beneficioso para el entorno que lo acoge", concluye.
Quizá el futuro energético no se escriba solo en cifras o licencias, sino en la forma en que una comunidad decide convivir con lo que aún no entiende del todo. En Las Torres de Cotillas, donde las voces aún se cruzan entre el escepticismo y la esperanza, el biometano no es solo una infraestructura: es una conversación pendiente entre progreso y paisaje, entre lo que se quiere construir y lo que no se quiere perder.
Y ahí, en ese equilibrio delicado, Antonio Illescas sigue caminando.





