La jugada astuta

Dos conocidos demasiado conocidos. En el siglo V a. C., Esparta y Atenas eran las dos potencias dominantes de Grecia, pero rivales. Esparta tenía la supremacía militar terrestre, mientras que Atenas controlaba el mar con su flota.
Esparta temía que Atenas se fortaleciera demasiado y, tras la invasión persa, trató de evitar que reconstruyeran sus murallas, argumentando que era más “seguro” para toda Grecia mantenerla indefensa frente a posibles ataques. En realidad, Esparta y Atenas se odiaban como tradicionales rivales, pero siempre mantenían la rivalidad como objetivo constante para mantener su dominio sobre el resto de pueblos de Grecia.
Israel y Arabia Saudí, no en el siglo V a. C., sino hoy. En los últimos meses hemos visto cómo los ataques entre Israel y numerosos países de Oriente Medio se han intensificado, primero Palestina, luego Jordania, Líbano, Siria, Irán, Yemen, y ahora Catar. Sin embargo, ¿qué hay de Arabia Saudí?, ¿por qué este vecino nos es tan interesante?
El enemigo de mi enemigo, es mi amigo. A pesar de sus fuertes y contrarias posiciones ideológicas, estos dos países conocen muy bien quién es el otro. Si algo está claro es la fuerte rivalidad que Israel mantiene durante últimos años con Irán, llamativa y conocida por todos, tanto en lo comercial como en su postura en materia nuclear y disuasoria, que genera tantos enfrentamientos hoy en día.
Sin embargo, Arabia Saudí es un rival de Irán en el plano oculto y silencioso. Su batalla, además de comercial y puramente de mercado, toma mucha importancia en materia religiosa. Ambos luchan por ser el centro de referencia del mundo islámico, lo cual les lleva a disputas que sobrepasan lo religioso para meterse en lo político, y de ahí su gran vecindad con Israel. No siempre, por supuesto.
Qué hay tensiones está claro, y que sus intereses son dispares en muchos frentes es lógico, son potencias y deben enfrentarse. Sin embargo, tienen un nexo común muy fuerte que los aleja de las disputas: Estados Unidos. Ya conocemos las grandes relaciones que Washington ha mantenido con Tel Aviv desde su creación en 1948, armas, comercio y banqueros son lazos que se han hecho fuertes desde entonces hasta nuestros días.
Sin embargo, Estados Unidos no hace nada que no sea bidireccional, y con Arabia Saudí no iba a ser diferente. Hace apenas tres meses, desde Riad se acordó un negocio billonario en materia de defensa e inversión con los Estados Unidos con más de 600 mil millones de dólares de por medio y contratos firmados bajo llave que incluyen mucho pero mucho petróleo.
Con todo esto de por medio, podríamos decir que un ataque de Israel sobre Arabia Saudí y viceversa sería literalmente dispararse en el pie y quedar cojo durante al menos una década. Sería un acto demasiado caro que no podría pagar el precio del ego del que dispara. Ante todo esto, como europeos, solo nos queda esperar ver qué ocurre en los próximos años y esperar las represalias comerciales que vienen siendo ya costumbre.





















