Financiación para subsistir
Las ingenierías pensábamos que la Ley de Morosidad obligaría a nuestros clientes privados y públicos, y que con los plazos de pago fijados en la misma recuperaríamos nuestra maltrecha capacidad financiera. Maltrecha, no ya por nuestros excelentes cuadros profesionales, reconocidos como tal y abanderando la marca España en todos los rincones del mundo, sino por cuatro hechos simultáneos:
* La desaparición de la promoción privada de infraestructuras y los constantes impagos motivados por la suspensión de pagos de numerosas empresas.
* El brusco descenso de la inversión pública de infraestructuras y la demora en el pago de los trabajos facturados.
* La reconversión del sector de las ingenierías para acometer la internacionalización como única fuente alternativa de cartera de trabajos.
* La falta de apoyo de las entidades financieras a las empresas privadas, mientras las AAPP eran las adjudicatarias de los préstamos a pesar de contar con el discutible mérito de una gestión desastrosa.
Y esto ha venido ocurriendo al menos durante los dos últimos años y en todo el territorio nacional.
Y ahora, ¿qué podemos hacer para subsistir?
Ahora debemos recuperar -y a la mayor brevedad- esa capacidad financiera que cualquier empresa necesita para realizar su actividad, máxime en nuestro caso, donde el concepto básico de nuestros costes corresponde al trabajo y a los gastos de gestión y viajes de nuestro personal, de forma que el devengo de los gastos se produce siempre -en mayor o menor grado- antes de la facturación, con lo que el problema está servido.
La austeridad -o paralización de la actividad pública de infraestructuras, eufemismos aparte- implantada de forma general en los presupuestos de las AAPP no nos aportará la financiación que necesitamos, aunque indirectamente dará lugar a otros efectos positivos sobre la financiación, pero será a medio y largo plazo.
Ante la atonía del mercado nacional, el proceso de internacionalización y apertura hacia los mercados exteriores es obligado para toda ingeniería que intente subsistir, lo que implica inversiones a realizar para adaptarse y competir en los nuevos entornos, inversiones para las que se necesita financiación adicional.
Así pues, las ingenierías no podemos subsistir sin financiación, y necesitamos con urgencia la aplicación de al menos cuatro actuaciones:
* Cumplimiento estricto de la Ley de Morosidad y del Plan de Pago a Proveedores, primer punto de partida indispensable -aunque no suficiente- para nuestra continuidad.
* Reconocimiento de la deuda controvertida de las AAPP, como facturas en los cajones, trabajos pendientes de contrato, importes controvertidos de modificaciones de contratos y otros.
* Financiación clara y efectiva por parte de las entidades financieras para las empresas de ingeniería, no para las AAPP.
* Incorporación en los contratos de servicios de ingeniería de cláusulas de anticipo de honorarios previo a la entrega de trabajos, al igual que ya es norma de buena práctica en otros países, caso de Latinoamérica y Oriente Medio.
Las empresas españolas de ingeniería, a pesar de representar una de las mejores vías para la dinamización económica y la inversión productiva, y de contar con un reconocimiento unánime en el exterior acerca de nuestra capacidad y valía, nos encontramos en una situación de asfixia económica y financiera en la que necesitamos financiación urgente para subsistir.
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* La reconversión del sector de las ingenierías para acometer la internacionalización como única fuente alternativa de cartera de trabajos.
* La falta de apoyo de las entidades financieras a las empresas privadas, mientras las AAPP eran las adjudicatarias de los préstamos a pesar de contar con el discutible mérito de una gestión desastrosa.
Y esto ha venido ocurriendo al menos durante los dos últimos años y en todo el territorio nacional.
Y ahora, ¿qué podemos hacer para subsistir?
Ahora debemos recuperar -y a la mayor brevedad- esa capacidad financiera que cualquier empresa necesita para realizar su actividad, máxime en nuestro caso, donde el concepto básico de nuestros costes corresponde al trabajo y a los gastos de gestión y viajes de nuestro personal, de forma que el devengo de los gastos se produce siempre -en mayor o menor grado- antes de la facturación, con lo que el problema está servido.
La austeridad -o paralización de la actividad pública de infraestructuras, eufemismos aparte- implantada de forma general en los presupuestos de las AAPP no nos aportará la financiación que necesitamos, aunque indirectamente dará lugar a otros efectos positivos sobre la financiación, pero será a medio y largo plazo.
Ante la atonía del mercado nacional, el proceso de internacionalización y apertura hacia los mercados exteriores es obligado para toda ingeniería que intente subsistir, lo que implica inversiones a realizar para adaptarse y competir en los nuevos entornos, inversiones para las que se necesita financiación adicional.
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* Cumplimiento estricto de la Ley de Morosidad y del Plan de Pago a Proveedores, primer punto de partida indispensable -aunque no suficiente- para nuestra continuidad.
* Reconocimiento de la deuda controvertida de las AAPP, como facturas en los cajones, trabajos pendientes de contrato, importes controvertidos de modificaciones de contratos y otros.
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* Incorporación en los contratos de servicios de ingeniería de cláusulas de anticipo de honorarios previo a la entrega de trabajos, al igual que ya es norma de buena práctica en otros países, caso de Latinoamérica y Oriente Medio.
Las empresas españolas de ingeniería, a pesar de representar una de las mejores vías para la dinamización económica y la inversión productiva, y de contar con un reconocimiento unánime en el exterior acerca de nuestra capacidad y valía, nos encontramos en una situación de asfixia económica y financiera en la que necesitamos financiación urgente para subsistir.
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