España en aguas asiáticas

En el actual contexto geopolítico, donde el continente asiático cada vez tiene más fuerza económica y política, no podía faltar una carrera armamentística entre las tres grandes potencias de la zona: China, Japón e India.
Las tres han redoblado sus esfuerzos para aumentar su presencia en la región a través de sus armadas. Detrás de este incremento titánico en la construcción de nuevos buques de guerra se encuentra la creciente demanda del transporte marítimo de contenedores, y el control de las rutas comerciales.
India, que siempre ha sido la hermana pobre de los tres países, quiere especialmente hacer valer haberse convertido en el más poblado del mundo. El gobierno de Nueva Delhi se está posicionando como un actor que quiere ser reconocido: un socio atractivo para otros países y, al mismo tiempo, una potencia emergente que exige un asiento más visible en la mesa del poder global.
Por eso busca proyectar su poder naval no solo como respuesta a la expansión china en el Océano Índico y el Mar de China Meridional, sino también para blindar sus cadenas de suministro y proteger sus zonas económicas exclusivas. La modernización de su flota submarina y la incorporación de nuevos portaaeronaves reflejan esa ambición.
España tampoco ha sido ajena a esta carrera naval. Nuestro país, a través de Navantia, participó en el programa de submarinos oceánicos de la Marina de la India y llegó a la fase final, compitiendo codo con codo con Alemania por un contrato valorado en 7.900 millones de euros para la construcción de seis submarinos. Sin embargo, la balanza terminó inclinándose hacia el Tipo 214 de la alemana Thyssenkrupp Marine Systems (TKMS). Una derrota que afecto directamente a línea de flotación del programa S80.
Cuando parecía que las aguas se habían calmado, y que todo parecía indicar que España no tendría presencia en Asia, la semana pasada todo cambió cuando, de nuevo, la India anunció un megacontrato valorado en unos 9.600 millones de dólares para la construcción de cuatro buques de guerra anfibios, en lo que supondrá uno de las apuestas militares más ambiciosos de la historia del país. Donde aquí sí España puede hacer valer sus cartas.
¿Por qué España puede posicionarse como ganador?
Navantia pertenece al selecto grupo de empresas de construcción naval capaz de diseñar y fabricar portaaviones con capacidades anfibias, lo que demuestra las altas posibilidades de éxito de nuestro país en este programa.
Un ejemplo destacado es el buque insignia Juan Carlos I, construido en los astilleros de El Ferrol. Navantia no solo es capaz de fabricar este tipo de naves, sino que también ha logrado exportarlos en varias ocasiones, como en los casos de Australia y Turquía. Actualmente solo Francia ha logrado vender buques de prestaciones similares, como los dos buques Clase Mistral destinada a Egipto. Por tanto, España podría surcar las aguas asiáticas en breve.




















