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Opinión | El Periscopio
Sebastián Hidalgo
Jueves, 09 de Octubre de 2025
Sebastián Hidalgo

La vulnerabilidad de la Armada

Una nueva amenaza sacude a las armadas del mundo. Se trata de los misiles hipersónicos de largo alcance, un avance tecnológico que pone en jaque la capacidad de defensa aérea de los buques de guerra modernos. Estos proyectiles pueden alcanzar velocidades superiores a cinco veces la del sonido (Mach 5) y tienen la capacidad de maniobrar en pleno vuelo, modificando su trayectoria para dificultar su detección e interceptación por los sistemas defensivos tradicionales.

 

A diferencia de los misiles balísticos, que siguen trayectorias predecibles, o de los misiles de crucero tradicionales, los hipersónicos mantienen su propulsión durante gran parte del recorrido y operan dentro de la atmósfera, lo que complica enormemente su detección y neutralización.

 

Esta nueva amenaza sorprende a la Armada española con los deberes sin hacer. A día de hoy, son pocos los buques que disponen de un verdadero sistema de defensa aérea. Algunas fragatas de la “Clase Santa María” F-80 aún operan el “Meroka”, un sistema de defensa de punto desarrollado en los años setenta, concebido originalmente para neutralizar misiles subsónicos. Un arma que, aunque en su momento supuso un avance, hoy resulta claramente obsoleta frente a las amenazas modernas.

 

En contraste, las fragatas de la “Clase Álvaro de Bazán” F-100 son, sin duda, las mejor preparadas dentro de la flota. Estas unidades cuentan con el sistema de combate AEGIS y el radar multifunción (AN/SPY-1D), una combinación que les permite detectar, seguir y enfrentarse de manera simultánea a múltiples objetivos aéreos.

 

Sin embargo, si hay un ejemplo en el que la realidad supera a la ficción, ese es el del Juan Carlos I, buque insignia de la Armada. Sorprendentemente, este buque carece de un sistema de defensa aérea propio. No dispone de protección específica contra drones o misiles modernos, más allá de contramedidas electrónicas y lanzadores de señuelos. Un vacío preocupante que ha quedado especialmente en evidencia ante los recientes escenarios internacionales.

 

Un ejemplo práctico sucedió hace tan solo una semana, cuando el Gobierno de España decidió enviar al P-46 “Furor”, un buque de Acción Marítima con base en Cartagena, para “escoltar y asistir” a la flotilla Sumud, cuyo objetivo era llegar a la Franja de Gaza con la intención de abrir un corredor humanitario.

 

Sin embargo, esta decisión ha despertado una gran controversia por la imprudencia que supone enviar un buque de estas características a una zona de conflicto. El Furor carece de sistemas de defensa aérea, así como de capacidades efectivas para protegerse contra amenazas modernas, como drones armados o misiles guiados.

 

De haberse producido un enfrentamiento con la armada israelí, la situación podría haber sido fatal. No solo por el evidente desequilibrio militar entre ambas fuerzas, sino porque se habría puesto en riesgo innecesario la vida de la tripulación.

 

Con el aumento del gasto en defensa y la incorporación de nuevos buques, todo indica que la Armada comenzará a dar respuesta a esta problemática y que exige una solución lo antes posible.

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