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Opinión | El Periscopio
Sebastián Hidalgo
Jueves, 16 de Octubre de 2025
Sebastián Hidalgo

La huella de España en la innovación militar

 

A lo largo de la historia, España, como potencia hegemónica durante los  siglos XV y XVI, ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de estrategias, tecnologías y estructura militar, aportación histórica cuya digna heredera en la actual participación en proyectos europeos de defensa.

 

En un contexto global donde la innovación tecnológica se ha convertido en un factor determinante de poder, la contribución española cobra una relevancia que hoy intentare resumir con los que a mi juicio son las tres mayores aportaciones militares de nuestro país.

 

Analizar esta trayectoria nos permite comprender no solo el peso histórico de España en la evolución militar, sino también su papel actual en la configuración del futuro de la seguridad y la defensa.

 

España ha sido precursora de innumerables avances militares a lo largo de su historia. Sin muchos de ellos, resultaría difícil entender el funcionamiento de los ejércitos actuales.

 

El primero de esas innovaciones en el arte de la guerra viene muy a cuento esta semana, con nuestro Capitán Alatriste a punto de tener una estatua en Cartagena. Don Diego Alatriste y Tenorio era soldado de los Tercios Viejos.

 

Los legendarios Tercios españoles, temidos en toda Europa durante los siglos XVI y XVII, perfeccionaron la táctica combinada, la movilidad y la cohesión en combate, rasgos que siglos más tarde inspirarían a unidades de élite modernas como los NAVY SEALS” (Fuerzas de operaciones especiales de la marina de los Estados Unidos.

 

Es que pocos recuerdan que España fue la cuna de la Infantería de Marina, la más antigua del mundo, fundada en 1537 bajo el reinado de Carlos I. Aquel cuerpo no solo representó una revolución militar, sino que sentó las bases de lo que hoy entendemos como fuerzas de asalto anfibio: soldados capaces de combatir en mar y tierra con disciplina, valor y estrategia, de los que también los Marines USA son sus más conocidos sucesores.

 

En cuanto armas de combate, uno de los ejemplos más destacados es el galeón, considerado el primer buque oceánico de la historia. Esta innovadora embarcación permitió a España proyectar su poder a escala global, facilitando el transporte de tesoros, tropas y suministros en una red logística sin precedentes.


El galeón fue, en su tiempo, una auténtica revolución tecnológica: combinó ingeniería naval, capacidad logística y tácticas marítimas que sostuvieron la expansión y la defensa de los grandes imperios.

 

Por supuesto, escribiendo desde Cartago Nova, no podemos pasar por alto al que a mi juicio es el máximo exponente del arma submarina, Isaac Peral. Nacido en Cartagena en 1851 fue él quien inventó el primer sumergible torpedero a propulsión eléctrica de la historia, una creación que cambió radicalmente la estrategia naval de su tiempo.

 

Gracias a su ingenio, España abrió la puerta a un tipo de guerra que hasta entonces solo existía en la imaginación de gente como Julio Verne. Aunque su proyecto no recibió el apoyo que merecía en su época, cambio para siempre la forma de guerra naval. Ahora cualquier Armada que se precie dispone de los submarinos, siendo estos fundamentales en la guerra moderna para proyectar disuasión y poder.

 

España no solo exportó cultura y ciencia, también exportó doctrina militar: un modelo de profesionalidad y eficacia que, aunque muchas veces olvidado, fue la semilla de las fuerzas especiales contemporáneas.  

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