Turismo de cruceros, el único salvavidas de Cartagena | 1ª Parte

Paco Morales
Mientras la Autoridad Portuaria de Cartagena (APC) conmemora en 2025 el 150.º aniversario de su creación, es hora de hablar sin tapujos: el turismo de cruceros no es solo uno de los éxitos de nuestra ciudad, es el único que funciona de verdad actualmente. Precisamente por eso, merece nuestra defensa y un análisis constructivo, no críticas fáciles.
En el sector turístico de Cartagena, solo los cruceros funcionan. Mientras otros destinos debaten sobre la diversificación de su oferta, nosotros carecemos de una oferta que diversificar. La ciudad lleva casi dos décadas sin construir grandes hoteles. Los datos lo confirman: de 2.402 cruceristas en 1997, esperamos 265.000 en 2025. Esto no es casualidad; es el único modelo que hemos sabido desarrollar
No decimos que sea el mejor modelo de turismo posible, sino el único que funciona. Ciudades como Valencia, Málaga, Ibiza o Alicante han creado ecosistemas turísticos complejos —con hoteles, eventos, gastronomía y una oferta diversificada—. Cartagena, en cambio, sigue siendo esa ciudad de "mucho potencial" que llevamos décadas sin convertir en realidad.
La realidad es clara: gran parte de los visitantes en nuestras estadísticas ni siquiera duermen en Cartagena. Vienen desde hoteles de Murcia (ciudad), La Manga o la Comunidad Valenciana. Llegan por la mañana, visitan el Teatro Romano, compran un recuerdo, comen rápido y se van. Los cruceristas, al menos, son honestos en sus intenciones: vienen por unas horas, consumen y disfrutan lo que pueden ver. Es turismo sin engaños ni promesas incumplidas.
Para entender la magnitud y las limitaciones de la industria de cruceros en Cartagena, debemos partir de su base. Un crucero es, ante todo, un resort flotante de gran escala. La Organización Mundial del Turismo (OMT) lo define como "viajes por el mar realizados por viajeros en grandes embarcaciones de recreo, con rutas regulares y definidas, haciendo escala en diferentes ciudades y consumiendo servicios tanto dentro como en cada destino".
La magnitud de este sector es innegable. El Caribe sigue siendo la primera región del mundo en turismo de cruceros, con cerca del 34% del mercado. La cuenca del Mediterráneo, a la que pertenece Cartagena, le sigue con un sólido 17%. Estamos, geográficamente, en la ruta correcta, pero la rentabilidad que obtenemos está limitada por un factor estructural: somos un puerto de escala.
En Cartagena, según Pedro Pablo Hernández, presidente de la Autoridad Portuaria (APC), "la ciudad refuerza su liderazgo esperando que un 57 % de los buques sean de categoría premium o de lujo este año, consolidando el puerto como destino de alta calidad".
Antes de hablar de cifras, conviene aclarar los tres tipos de puertos que definen la industria. El puerto base es aquel donde los pasajeros inician y finalizan su viaje; requiere una amplia infraestructura hotelera, un aeropuerto con conexiones internacionales, trenes y una logística compleja. El puerto de escala, como es hoy Cartagena, recibe los barcos por unas horas: los pasajeros desembarcan, realizan excursiones y regresan el mismo día. Finalmente, el puerto Interport —modelo intermedio adoptado por ciudades como Alicante— permite embarques o desembarques parciales en varios puertos (semejante a un bus urbano) dentro del mismo itinerario. Cada categoría implica un impacto económico distinto, proporcional al nivel de infraestructura y gasto turístico asociado.
DIFERENCIAS ECONÓMICAS FUNDAMENTALES
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La aspiración de Cartagena de ser un puerto base es inviable sin resolver los tres grandes déficits estructurales: conectividad (aeropuerto internacional, AVE o Velocidad Alta Cartagena-Chinchilla-Madrid en 3 h), capacidad hotelera (necesidad de 400 habitaciones más para Interport, o 10.000 plazas de calidad para Puerto Base) y una oferta turística que justifique estancias de varios días. Mientras el patrimonio se visite en cuatro o cinco horas, el puerto base será una quimera.
Cartagena debería ser un Toledo de arquitectura modernista, visitada por su patrimonio y singularidad, no solo como escala. Sin embargo, la actitud de los gobernantes de la Región, e incluso locales, es la contraria, arrasando el Conjunto Histórico (BIC 1981). Se han demolido grandes zonas y se otorgan licencias para fachadas incompatibles con el BIC modernista. Dos tercios del conjunto están abandonados: solares, ruinas y patrimonio que se desmorona. Los visitantes ven en calles como Jara, Mayor o San Francisco edificios modernistas excepcionales junto a solares vacíos y nuevas construcciones que rompen la armonía. El resultado es que seguimos siendo una ciudad que se visita en cuatro horas: Teatro Romano, Museo Naval y la Calle Mayor.
Si Toledo hubiera deteriorado su conjunto histórico o renunciado a una oferta hotelera digna, sería hoy lo que es Cartagena: una ciudad de gran potencial que se visita solo de paso. El ejemplo de Ibiza (Dalt Vila, Patrimonio de la Humanidad) demuestra que el patrimonio puede crear una oferta integral de primer nivel (gastronomía, comercio, turismo). Este es el potencial que Cartagena ha dejado morir por negligencia.
El crucerista merece respeto y reconocimiento. Son principalmente estadounidenses, británicos y alemanes, mayores de 55 años, con alto poder de gasto y que viajan en pareja. Más del 57% de los buques son de categoría premium o de lujo. Estos visitantes buscan experiencias culturales auténticas y llegan con expectativas claras: conocer nuestra historia, patrimonio y cultura. Vienen preparados y no buscan playa ni fiesta, sino autenticidad cultural.
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¿No es este precisamente el turismo que deberíamos fomentar? Mientras otros luchan contra la masificación, tenemos la ventaja de ofrecer calidad cultural sin saturación física.
Las excursiones son la clave. Son la razón económica por la que una naviera mantiene un puerto en su ruta. Los datos de la CLIA indican que más del 55% de los pasajeros las realiza y la gran mayoría las compra directamente a la naviera.
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Solo si Cartagena diseña una excursión de pago atractiva, rentable y completa, la compañía verá beneficios y los cruceristas preferirán quedarse. A pesar de esto, la ciudad sigue sin explotar a fondo su historia naval —desde Aníbal hasta la cuna del submarino Peral—, que es probablemente el relato turístico más poderoso que aún no forma parte del gran producto ciudad.
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Por eso la prioridad debe ser doble: mejorar Cartagena como destino de excursión rentable y de calidad, y mantener la oferta regional como complemento hasta que el casco histórico esté a la altura de su potencial.
Mientras tanto, no es negativo que una parte del pasaje elija conocer otros puntos de la Región. Al contrario, la oferta turística regional existe (Murcia, Caravaca, Lorca, Jumilla, Mazarrón), pero mientras el Conjunto Histórico de Cartagena no esté plenamente acondicionado para recorrerse de principio a fin, estas excursiones siguen siendo una forma útil de extender el beneficio económico del crucero al conjunto del territorio.
¿Creían que gestionar cruceros es solo cosa del puerto? Error. El turismo de cruceros exitoso no es solo responsabilidad de la APC. Intervienen simultáneamente diversos actores cuya coordinación es esencial: navieras internacionales (Royal Caribbean, P&O, Carnival, AIDA, Cunard, Viking, entre otras), empresas de manejo portuario, operadores de excursiones, transporte, Aduanas, Policía, servicios de avituallamiento, Cámara de Comercio, Ayuntamiento, Comunidad Autónoma y comerciantes/restauradores. Esta coordinación es lo que permite que la operación sea fluida incluso con cinco cruceros (hasta 12.000 pasajeros) arribando simultáneamente. El éxito de Cartagena radica en que, pese a las carencias estructurales, esta coordinación funciona de manera ejemplar.
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El crecimiento de la APC en la recepción de cruceros es un logro extraordinario, un milagro logístico y comercial. Detrás de esta operativa impecable, destaca la trayectoria de más de 20 años del director comercial de la APC, Fernando Muñoz, quien comenzó esta labor bajo la presidencia de Adrián Ángel Viudes. Su trabajo ha sido fundamental para construir y mantener esta compleja red de relaciones con navieras y operadores, posibilitando un crecimiento del 11.000%. Es un reconocimiento necesario a una gestión comercial de largo recorrido y visión estratégica.
España bate récords históricos en cruceros durante 2025, con crecimiento del 18% hasta junio. Los datos confirman que Cartagena cerrará 2025 con 199 escalas y 265.000 cruceristas, superando incluso el récord de 2019.
La comparativa de puertos españoles evidencia dos modelos de éxito. Cartagena destaca por su gestión inteligente y especializada frente a competidores que priorizan volumen. Mientras Barcelona y Palma mantienen su hegemonía, Cartagena demuestra un modelo equilibrado y de alta rentabilidad con su estrategia de especialización en cruceros de lujo y premium.
La gestión cartagenera resulta ejemplar al convertir parte de sus escalas en buques de categoría superior, atrayendo turistas de alto poder adquisitivo que difícilmente visitarían la ciudad por otros medios. Con 144-150 escalas confirmadas en 2024, Cartagena incorporó nuevas navieras y numerosas primeras escalas, consolidando su posición sin ser puerto base.
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