Imagen de archivoLa entrada masiva de agua dulce al Mar Menor tras el paso de la DANA Alice ha provocado un repunte “particularmente preocupante” de la clorofila, según revela el último Informe de Seguimiento sobre los efectos de la DANA Alice en el Mar Menor, elaborado por los equipos del proyecto BELICH del CSIC, el Instituto Español de Oceanografía (IEO), el CEBAS y Tragsa.
Los sensores del sistema de monitorización han registrado “muy fielmente” los episodios de entrada de agua ocurridos durante los días más intensos de la tormenta, lo que ha permitido a los científicos analizar con precisión la respuesta inmediata de la laguna. Los datos, validados mediante muestreos in situ y análisis espectrofotométricos, reflejan que el flujo masivo de agua dulce, procedente en su mayor parte de la gola del Estacio, causó una estratificación de la columna de agua. Este fenómeno, aunque breve y reversible, alteró de forma significativa la dinámica interna del ecosistema.
El episodio más crítico se produjo en la zona sur del Mar Menor, donde las concentraciones de oxígeno disuelto descendieron hasta niveles de hipoxia. Afortunadamente, los investigadores confirman que la situación se ha normalizado en los últimos días y que las aguas presentan valores de oxígeno homogéneos en toda la laguna.
En cuanto a la turbidez, los picos detectados tras la DANA han sido transitorios. Aunque persisten algunas áreas con aguas más turbias, principalmente en el litoral oeste y sur, los parámetros de transparencia se están restableciendo progresivamente.
Sin embargo, la mayor preocupación se centra en la evolución de la clorofila, indicador directo de la proliferación de fitoplancton. En algunas zonas del sur y del centro de la laguna se han alcanzado concentraciones de hasta 12 mg/l, valores que solo se habían registrado durante episodios de “bloom fitoplanctónico” o sopa verde en el pasado.
“El incremento de clorofila es muy elevado y podría tener consecuencias negativas si se mantienen las condiciones actuales”, advierte el informe, que recalca la necesidad de observar de cerca la evolución meteorológica de los próximos días.
Según las estimaciones de los científicos, la DANA Alice vertió al Mar Menor entre 6,9 y 11,5 hectómetros cúbicos de agua dulce, siendo esta última cifra la más probable. Esa entrada masiva arrastró además más de 40.000 toneladas de sedimentos, junto con altas concentraciones de nitrógeno (76,8 toneladas), fósforo (36,2) y carbono orgánico (564,5), así como una gran carga de nutrientes disueltos.
Ante estos datos, los equipos del CSIC, el IEO, el CEBAS y Tragsa mantienen un seguimiento diario de la situación en “modo gabinete de crisis”. En estos días continúan los muestreos en distintos puntos de la cuenca y de la laguna para determinar el balance real de agua y nutrientes, un factor clave para evaluar la magnitud del impacto y definir las medidas más eficaces para la recuperación del ecosistema.
El informe concluye con un mensaje de cautela: “La evolución dependerá en gran medida de las condiciones climatológicas. Si el tiempo acompaña, el sistema podría recuperarse sin mayores consecuencias; si no, el riesgo de un nuevo episodio de eutrofización sigue sobre la mesa.”





